Néstor “Pupi” Ranco - Bomberos Voluntarios de Ballesteros

Con la compañía de la familia

Así son las salidas de Pupi Ranco, porque cuando suena la sirena, en su hogar, cada integrante de la familia colabora con distintas tareas para que el bombero pueda responder lo más rápido posible al llamado

“Néstor Sebastián ‘Pupi’ Ranco, hace 27 años que forma parte del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Ballesteros, como profesional, siempre está dispuesto, suena la sirena y sale a la hora que sea; está disponible 100% para el Cuartel, cuando se rompe algún vehículo o hay que ordenar, le piden que vaya porque saben que es prolijo para trabajar; siempre está fijándose de cuidar la integridad de la persona que va a rescatar, es solidario, hace todo para ayudar a los demás, es colaborador y una gran persona”, dijo Jimena Arnoletto, su esposa, al describirlo.

“Vivir con un bombero no es nada fácil. A Pupi lo conozco hace 10 años y los dos compartimos esta misma pasión, la de ayudar a los demás, pero sé que para los familiares de un bombero, el estremecedor toque de sirena eriza la piel. Sin embargo, también hay que imaginarse lo que le pasa por el cuerpo a cada bombero cuando suena la sirena: adrenalina, incertidumbre y tristeza de no saber con qué se va a encontrar”, explica Jimena.

“Para los familiares de un bombero, el estremecedor toque de sirena eriza la piel. Sin embargo, también hay que imaginarse lo que le pasa por el cuerpo a cada bombero cuando suena la sirena: adrenalina, incertidumbre y tristeza de no saber con qué se va a encontrar”.

“Entonces, sin querer, la familia completa se termina haciendo parte de cada salida, porque cada toque de sirena nos llena a todos de angustia e incertidumbre. Por un lado, se vive cada segundo de esa salida, y los accidentes, sobre todo los que son en la ruta, con muchos nervios. Por el otro, quienes se quedan esperando en casa, no pueden dormir hasta que ese bombero o bombera de su familia no regresa, porque el corazón late fuerte y abunda el miedo de no saber qué va a pasar”, subraya.

“Pupi, como todos lo conocen, además de ser bombero, es camionero, y cada vez que llega de su trabajo está alerta a cada salida para poder cumplir con su misión de ayudar al prójimo. Nosotros, como familia, siempre colaboramos para que pueda responder de la forma más rápida posible a cada llamado. En casa, cada uno ayuda con una tarea, que puede ser abrir la puerta, alcanzar las llaves, pasarle algún abrigo, sin olvidarnos de decirle lo más importante: ‘Por favor, tené cuidado, volvé rápido, que acá te esperamos’. Después, al volver de cada salida, en casa no se habla de lo que pasó. Cada salida es distinta y única, y a veces, hay situaciones que quedan grabadas en el recuerdo y de las que es preferible no hablar”, sostuvo Jimena.

  • “El mensaje para él en este día es que su familia, la que siempre lo espera y la que siempre está, le agradece lo que hace por los demás y lo va a seguir apoyando en esto que tanto le gusta, porque si él es feliz, nosotras también. Sus hijas, Zoe y Agustina, su hija del corazón, valoran su lucha diaria por los demás. Además, le digo que siga luchando por sus metas, que lo queremos mucho y que no cambie nunca”.

“Durante sus 27 años de carrera, para Pupi hubo momentos muy difíciles. Nunca se olvida de su primera salida, a los 18 años, cuando hubo un accidente entre una moto y un camión en la ruta, cuando llegó al lugar se encontró con un cuerpo irreconocible, y luego supo que era un amigo suyo de 16 años. Eso lo marcó mucho y lo cuenta con mucho dolor. También le preocupan y lo ponen mal las salidas en las que vamos a la ruta y hay accidentes que involucran a camioneros, porque, al tener la misma actividad, se siente identificado con las personas que rescata que a veces sufren esas consecuencias por transitar cansados y con sueño. Si bien hubo situaciones que lo marcaron a lo largo de estos años, prefiere no revivirlas en su cabeza, y se quedó con los mejores recuerdos y la satisfacción de a quienes pudo ayudar”, asegura.

“Cada toque de sirena nos llena a todos de angustia e incertidumbre”.

“En cuanto al momento de mayor felicidad, creo que fue el día en que me convertí en su compañera de salidas, hace un año, ya que luchamos mucho por esto, porque yo venía de otro Cuartel y me costó mucho poder ingresar al Cuartel de Ballesteros, tuve que esperar ocho años porque no aceptaban mujeres. Compartir esa misma pasión nos une, pero lo que pasa en el Cuartel queda en el Cuartel, en casa no se habla de nada”, finalizó.