Especial - Hoy: Juana Moro

Espía, heroína y emparedada

El 11 de agosto de 2016, los concejales aprobaron la designación de nombres de calles de mujeres argentinas destacadas por su destreza y actitud transformadora en nuestra sociedad, preferentemente en el campo social, según lo establece la Carta Orgánica Municipal en su artículo Nº 107

Juana Gabriela Moro nació en San Salvador de Jujuy, el 26 de mayo de 1785.

Lideró la organización de mujeres que efectuó eficaces tareas de espionaje y sabotaje contra las fuerzas realistas que ocupaban el noroeste argentino durante la Guerra de Independencia.

Juana se casó con el coronel Jerónimo López y tuvo tres hijos: Serafina, Ramón  y Bernabé.

Al iniciarse la Guerra de la Independencia adhirió fervientemente a la causa patriota.

Durante la guerra, tras la ocupación por las fuerzas realistas en 1813, y ante el avance de los ejércitos patriotas al mando de Manuel Belgrano, en concurso con otras damas salteñas, intentó conquistar para la causa patriota a algunos oficiales realistas.

De esta manera, y en el marco de la Batalla de Salta, consiguió que Juan José Feliciano Fernández Campero, marqués de Yavi, y varios de sus compañeros, se comprometieran a abandonar las filas realistas el mismo día de la batalla y regresar a Perú para trabajar por la causa emancipadora.

Durante la batalla de Salta, el marqués comandaba un ala del ejército de Pío Tristán y, cumpliendo su compromiso, decidió retirarse sin atacar, huyendo y contribuyendo así al triunfo patriota.

Tras vencer en Vilcapugio y Ayohuma, el general realista Joaquín de la Pezuela ocupó la ciudad de Salta. Juana y María Loreto Sánchez Peón constituyeron una eficaz red de espionaje a la que contribuyeron mujeres de todos los rangos sociales, entre las cuales se encontraban: Gertrudis Medeiros, Celedonia Pacheco de Melo, Magdalena Güemes, Juana Torino, María Petrona Arias, Martina Silva de Gurruchaga y Andrea Zenarrusa.

 El mismo Pezuela informaría al virrey del Perú, en una comunicación interceptada por los patriotas, que “Los gauchos nos hacen casi con impunidad una guerra lenta, pero fatigosa y perjudicial. A todo esto se agrega que es la de ser avisados por horas de nuestros movimientos y proyectos por medio de los habitantes de estas estancias y principalmente por las mujeres, cada una de ellas es una espía vigilante y puntual para transmitir las ocurrencias más diminutas de este Ejército”.

En una oportunidad fue apresada y obligada a cargar pesadas cadenas que no consiguieron que confesara o delatara a sus compañeros.

Pezuela, conociendo la actividad de la espía criolla, resolvió castigarla con la muerte, para lo cual ordenó encerrarla en su casa y tapiar las aberturas.

Su vecina, aunque realista, se compadeció y efectuó un boquete en la pared y le proveyó agua y alimentos hasta que los realistas fueron expulsados, salvándola de morir de inanición. Desde ese momento le quedó el mote de la emparedada.

Durante las siguientes invasiones continuó actuando en apoyo de la Guerra Gaucha, pudiendo jactarse, después de la guerra, de la habilidad que supo emplear y de no haber sido jamás descubierta.

Finalizada la guerra y consolidada la Independencia argentina, continuó desempeñando un papel destacado en la sociedad salteña. Así, integró el grupo de damas salteñas que se dirigió al Gobierno, “lamentando la postergación a que se relega al sexo femenino al no permitírseles jurar la Constitución Nacional”.

Murió en Salta, el 17 de diciembre de 1874.

La Superagente 99 de la Independencia

El villamariense Caíto Onnainty dibujó con maestría a esta heroína, agente del espionaje criollo. Caíto es ilustrador, historietista, animador, a la vez ha publicado libros de historietas y ha realizado diversas muestras, tanto a nivel local como nacional. También ha ilustrado juegos didácticos y realiza animaciones a nivel familiar.

La batalla de Salta

Es el nombre de este óleo pintado por el artista italiano radicado en Salta, Aristene Papi, realizado en 1908, (1,90 x 2,94 metros), que recrea el enfrentamiento armado del 20 de febrero de 1813 entre el Ejército del Norte, al mando del general Manuel Belgrano, y las tropas leales al Rey de España, comandadas por el general Pío Tristán.

Zamba “La Juana Moro”

Giménez y Canqui Chazarreta escribieron una zamba en su nombre, que dice en dos de sus estrofas:

“Cuando fue sometida

la tierra gaucha

llevaba los mensajes

al paisanaje en batalla.

Llegando al río Arias

desde Quebrada del Toro

con un parte guerrero

la sorprendieron los godos,

pero guardó el secreto

a los nuestros, la Juana Moro.

Fue mujer y fue leona

entre todas, la Juana Moro.”