Día del Trabajador - Entrevista a Gabriel Farías, trabajador
“Uno no siempre hace lo que quiere, sino lo que puede”
Gabriel Farías tiene 47 años y trabaja desde que terminó el primario. Es electricista y sueña con dedicarse de lleno a su oficioEs uno de ocho hermanos. Gabriel Farías, oriundo de La Palestina, tiene 47 años y fue a trabajar al campo “apenas terminé el primario”.
Poco después, falleció su padre y los cuatro hermanos más grandes, entre los que él estaba, salieron a “sumar un peso” para la familia. “Así nos crió doña Ana: o trabajás o estudiás”, dice, hablando de su madre, Ana María.
“Antes en el campo se trabajaba mucho la tierra”, recordó. “Hombreábamos bolsa y andábamos en el tractor porque se hacía mucho laboreo”. Hoy, con la siembra directa se redujo al mínimo las tareas sobre la tierra.
En ese tiempo también iba con un contratista rural, viviendo en casillas con las máquinas en campos ubicados en distintos lugares de la región. “A mí siempre me gustó correr y aún en esos tiempos, que era más incómodo bañarte en la casilla, salía a correr”, relata el hombre que encontró en ese hobby “un cable a tierra”.

Después de esa etapa se casó y fue a vivir a Las Perdices. Ya en esa zona manisera estuvo desempeñándose en una planta de maní y en actividades relacionadas. “Fue por unos siete años, hasta que me vine a Villa María”, relató.
El primer trabajo que hizo en esta ciudad fue el que elige y seguiría eligiendo: electricista. “Yo soy electricista, estudié y tengo un diploma de la UTN”, dijo. “Cuando empecé, que fue cuando vine a Villa María, lo hacía con un amigo de La Palestina. Era Electricidad Industrial, nuestra especialidad”, señaló.
“Después, cuando cambió el gobierno, no sé si se acuerda cuando empezó (Mauricio) Macri, al principio anduvo mal y nos quedamos sin trabajo, así que salí a buscar changas”, relató.
En esa búsqueda, encontró un empleo seguro repartiendo pollos. Al hablar de su rutina actual dice: “Empezamos bien temprano, antes de la pandemia íbamos a las 5 o 5.30 a cargar y después empezábamos a llevar en el camión a los negocios de la ciudad, en una línea que ya estaba establecida”, señaló. Después de la pandemia, inician la tarea un ratito más tarde: entre 6 y 6.30. “Terminamos cuando entregamos el último cajón”, dijo.
Le gusta su trabajo actual, el que hace desde unos cinco años. “Pero si tuviera que elegir, lo que más quiero hacer es lo que soy: electricista”. “Eso sigue pendiente en mí, cuando se pueda, lo haré. Pero yo sé que uno no hace lo que quiere, sino lo que puede”.
En todos los trabajos en los que se desempeñó, no tuvo que anotarse ni pasar una selección: “Siempre fue por amigos o conocidos que me buscaron o porque fui a pedir”, dijo.
Una de las cosas que más valora de su trabajo actual es que tiene las tardes libres para hacer unos kilómetros con Braco, su perro fiel, corriendo. “Muchos me dicen que, si quiero ser electricista, por qué no lo hago por la tarde. Yo les digo que si fuera por necesidad, lo haría, pero ya no tengo 20 años y al otro día sé que tengo que madrugar. Además, como te dije, correr para mí es un cable a tierra”.
Gracias a ese estado físico, hace unos días, cuando estaba dejando unos cajones de pollo en un local de la costanera, cerca del monumento al Cristo, vio que desde el camión un ladrón se llevaba su campera y un bolso con algo de dinero y sus pertenencias. “Lo salí a correr y el dueño del negocio llamó a la Policía. Sabés que se metió al río para escaparse por Villa Nueva, pero lo enganchamos”, dijo.
“Por eso, hay algunas cosas como manejar, o cobrar, o cuando te pasa algo así, que te estresan. Así que para mí, aprovechar el tiempo libre corriendo, es indispensable”, concluyó.
