Suplemento Día del Trabajador - El trabajo según pasan los años - Entrevista a Pedro Lisdero, sociólogo, docente de la UNVM

De las tejedoras de Manchester a los delivery

El trabajo, según pasan los años, analizado desde la óptica del sociólogo Pedro Lisdero, investigador adjunto del Conicet (CIECS/UNC) y docente del Instituto de Sociales de la UNVM

Los intelectuales vienen refiriéndose a la metamorfosis del trabajo, como una categoría de análisis que procura ver que ha cambiado con el paso del tiempo en el mundo laboral.

Algunos lo definen como el “fin del trabajo”, pero para el sociólogo francés Robert Castell “lo que pasa es el declive de la sociedad salarial”, explicó Pedro Lisdero (foto), docente de la Universidad Nacional de Villa María e investigador adjunto del Conicet (Cieps/UNC).

“Sobre todo en los países europeos o centrales, parece consolidarse un modelo de sociedad donde el trabajo garantizaba, no solamente el ingreso, es decir, el dinero que percibían; sino toda una serie de beneficios -educación, salud- que le permitía a los trabajadores cumplir con varias de sus necesidades”, comenzó diciendo Lisdero al referirse al trabajo tal como había quedado consolidado.

“Pero hay otro elemento a destacar: el hecho de ser trabajador te daba una identidad. Para decirlo en criollo, si te preguntaban que era tu abuelo y contestabas que era pocero, ya lo ubicabas en la sociedad de la época”, dijo.

Allí es cuando plantea la idea del sociólogo francés que más se acerca al pensamiento de Lisdero: “La idea de metamorfosis que dice Castell, es que si bien se siguen manteniendo las estructuras que daban sentido al rol del trabajo en la sociedad, en la construcción de las identidades y en quién va a obtener cuánto dinero. Esa estructura se mantiene, pero se han ido desmoronando una serie de prerrogativas. Por ejemplo, si hoy le preguntamos a un joven ¿qué sos vos?, la primera definición no va a venir por el lado del trabajo. Es más, nadie tiene la expectativa de tener un trabajo para toda la vida. Eso es lo que dice Castell”.

“¿Estamos frente a un mundo que se caracteriza por la mercantilización de las energías de las personas dispuestas en un mercado de trabajo? ¿Sigue siendo este un mundo capitalista y el trabajo sigue siendo un mecanismo central para organizar no solamente la producción sino todas las posiciones en la sociedad? Si, cada vez millones de personas tienen que poner su cuerpo en las cadenas de valor, ya sean en las tradicionales como en la producción primaria, o en las nuevas tecnologías”, dijo.

En definitiva, parece que cambió todo, pero en el fondo todo sigue igual.

“Entre los telares de Manchester que observaba (Karl) Marx y los clásicos de la sociología y los actuales deliverys de las aplicaciones; uno puede contar los cambios a través de las continuas reinvenciones de las vitalidades de los cuerpos convertidas en mercancías”, pero lo que hay de continuo son “los sujetos que ponen el cuerpo para el mercado laboral”.

En definitiva, “el trabajo sigue teniendo un valor central, no solo en la creación de valor, de mercancías; sino en la organización de la sociedad”

 

Sudor, lágrimas y después

Otra dimensión de análisis es la irrupción de la tecnología en el mundo del trabajo.

“Este abrumador fenómeno de la expansión de las Tic, del trabajo digital, del home work, que si bien ya existía la pandemia sacó más a flote, podría decirse que es una forma de liberar a los trabajadores del sufrimiento que implicaba la carga física del trabajo. Pero igual, en esos tipos de actividades laborales hay comprometido un cuerpo”.

Es decir, no hay sudor como elemento que representa el cansancio del esfuerzo físico. No hay lágrimas, como describían los teóricos, a esa tristeza de los trabajadores posrevolución industrial, que estaban condenados a una tarea repetitiva, a hacer siempre lo mismo en una fábrica, frente a una máquina. “Entonces me pregunto cuál será el siguiente paso”, dijo Lisdero. “Del sudor a la lágrima, explica gran parte del trabajo del siglo XX. Pero para pasar a explicar el trabajo del siglo XXI, tendríamos que explicar cómo pasamos de la lágrima al sufrimiento digital”.

“Imaginate que tenés un trabajo que hacés en tu casa, lo que parece liberador. Sin embargo, a las cuatro de la mañana te levantás para ir al baño, ves un mensaje de WhatsApp, lo lees y contestás. ¿Estás trabajando?”. Y la respuesta es sí, no en el espacio tradicional, pero también, fuera del tiempo acotado para poder diferenciar la labor que es un medio de vida con, precisamente, el resto de la vida.

“En definitiva, lo que no ha cambiado es que en esta sociedad el capital no puede reproducirse sino que explota los cuerpos de los trabajadores y lo que sí ha cambiado es el tiempo y los espacios que ocupa la tecnología. Entre el sudor y las lágrimas, hoy empieza el camino de pena digital que atravesamos los trabajadores”, concluyó.

2
3
50%
Satisfacción
0%
Esperanza
16%
Bronca
16%
Tristeza
0%
Incertidumbre
16%
Indiferencia