Una anécdota desde Villa María
El diario Noticias y la guerra
El relato de un joven de entonces que sufrió la incertidumbre por el llamado a combatir y, sin embargo, disipó sus dudas y las de otros gracias al medio localEn abril de 1982, en la villa de entonces, solamente había tres medios de información local -el diario Noticias, LV28 Radio Villa María y el Canal 2- para que sus habitantes pudieran estar al tanto de lo que sucedía en su sociedad, en medio del conflicto bélico. Por entonces, trabajaba de dibujante para RadioPrensa TV, de Hector Cavagliato, junto a Ricardo Podestá, Edel Fissore, Marcelo Masciotta y Enzo Salera (qué equipo…), y colaboraba con el Noticias, tanto a nivel de la agencia como así también de manera particular (free-lance como se llamaría después).
Recuerdo que seguíamos los acontecimientos de la guerra desde una vieja radio que estaba en mi tablero de entonces, al lado de la caja de Rotring que tenía para dibujar.
Eramos muchas “camadas” que nos teníamos que incorporar a la Armada como CC63IM (Conscriptos Clase 63 de Infantería de Marina), nada más ni nada menos que en plena guerra y bajo esa Dictadura Cívico-Militar-Eclesiástica comandada por un ser desquiciado y perdido como lo era ese tal Galtieri. No nos había llegado la Cédula de Notificación, como se le llamaba al aviso que te convocaba para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio y presentarse inicialmente en la Unidad militar de Holmberg, antes de partir en tren a la base de la Armada en Pereira Iraola, cercana a La Plata.
Con Oscar “Cacho” Bernaus, que era el director del diario, decidimos llamar para ver qué hacíamos nosotros ante semejante incertidumbre.
Si viajábamos a Río Cuarto, la gran cantidad de chicos que nos teníamos que presentar en ese momento corríamos el riesgo de que nos llevaran a las islas, y si no lo hacíamos, nos transformaríamos automáticamente en desertores.
Ser desertor durante una guerra y bajo la dictadura que nos tocó sufrir, solo tenía un castigo y se decía que era la misma pena máxima, la pena capital.
Hablamos por teléfono desde la Redacción y nos dijeron que no nos debíamos presentar si no recibíamos la notificación; le pregunté a ese militar si lo que me estaba diciendo tenía carácter oficial y si así era, lo podíamos publicar en el diario, y me contestó rotundamente que sí.
Al otro día salió publicado una pequeña nota explicando la situación y muchos futuros inocentes “colimbas carne de cañón”, al leer la noticia o trasmitirse de boca en boca, porque lo decía el diario, no se presentaron y el miedo ante semejante situación se disipó y pudimos respirar mejor junto a nuestras familias, un poco más aliviados. Solo seguíamos por TV a las engañosas imágenes y relatos que nos intentaban hacer creer que íbamos ganando, mientras un montón de chicos de nuestra generación padecían y morían allá, injustamente, en una operación militar “secreta”, donde fueron notificados en el mismo barco antes del desembarco.
Cuando nos presentamos, cédula mediante, lo hicimos el 1 de julio de 1982 y la guerra había terminado 15 días antes.
