DIA DEL ESCRIBANO - Una tarea que requiere escucha
“Encontré mi verdadera vocación”
Lo dijo la escribana pública Geraldine Seia, quien cumplirá pronto 25 años ejerciendo la profesión y que, por ello, será homenajeada por el Colegio. Además, entre otras cosas, ella habló sobre las transformaciones que registró su trabajo a lo largo de los añosCuando Geraldine Seia iba al secundario tenía facilidad para los números. Sin embargo, había otra cosa, quizás una corazonada: algo que le decía que se encontraría más cómoda tratando con gente, escuchándola, ayudándola a organizar sus negocios y papeles. Ella, una escribana pública villamariense de 55 años que trabaja en su estudio ubicado en calle José Ingenieros 72, comenzó como todos: estudió abogacía. La carrera la cursó en la Universidad Católica de Córdoba y, después, terminó escribanía. Luego, pensó en presentarse y rendir concurso para obtener el registro y, por fin, ejercer. Pasaron seis años: durante ese tiempo se desempeñó como abogada. En 1996 rindió, pero no le fue bien. Al año siguiente, intentó otra vez y ganó. “Para mí fue un logro, como tocar el cielo con las manos porque era a lo que aspiraba”, remarcó. Y agregó: “Es muy semejante estudiar abogacía y escribanía porque tienen como base común el derecho. Pero el ejercicio es muy diferente”.
En la abogacía uno litiga, defiende a una parte. La escribanía, sostuvo, es “un ámbito más bien tranquilo”. En este punto, señaló: “Los abogados siempre dicen que a quien le gusta litigar, la escribanía le parece sumamente aburrida”. En cambio, ella encontró su “verdadera vocación” y el día a día la hizo encariñarse cada vez más con su trabajo. En este sentido, también subrayó que le genera mucha satisfacción asesorar a personas en cuestiones “tan importantes” que hacen a la vida como puede ser, por ejemplo, proteger un hogar como bien de familia.
Los efectos de la pandemia en la profesión
En otro fragmento de la conversación, Seia indicó que con la pandemia “se aceleraron procesos que seguramente venían proyectándose” y que se vinculan con el manejo digital. “Estoy conforme con el sistema en cuanto a la agilidad”, apuntó. De todos modos, aclaró que extraña la presencialidad. “A veces tengo como el chip de ir a una repartición y encontrar a alguien que me atienda y hablar más allá de que tenga, o no, un resultado en el momento”.
En este plano, contó que trabaja con su hija Sofía, también escribana, y expresó: “Me genera mucho orgullo tenerla a ella como adscripta y que compartamos la actividad laboral, este amor por la profesión”. Al respecto, comentó que, a diferencia de ella, para su hija estas transformaciones en los modos de ejercer el trabajo no significaron un cambio: la digitalización estuvo desde un inicio. “A veces le digo: 'Mirá, yo antes, cuando necesitaba un dato de catastro, iba, buscaba la carpeta. Ahora es todo consulta a través de la página, esperar que respondan'. Pero estoy de acuerdo, es lo que se venía. Lo que pasa es que la pandemia aceleró el proceso y lo estableció obligatoriamente”.
Seguidamente, resaltó: “Los tiempos que vivimos nos imponen estar siempre atentas a estos cambios que se van avizorando en comunidad. Tenemos que adaptarnos y capacitarnos”.
Más cambios
Por otro lado, hizo referencia a más cambios que se han observado desde que se inició en la profesión. “Durante unos años ejercí con un fondo común que se llamaba de prorrateo: los escribanos depositaban un porcentaje de su trabajo y se distribuía entre todos los de la provincia”, describió. Y explicó que se hacía porque estaban aquellos que se encontraban en “zonas de menos actividad”, como los pueblos muy pequeños, y esta era una “forma de solidaridad” para que mantengan un mínimo de ingreso.
“Eso se terminó y se liberó el cobro de los honorarios”, dijo y aclaró que, igualmente, todos los años se hace una reunión en la que se habla de lo que sería “ético cobrar”. Sin embargo, más allá de lo que se converse, cada uno maneja los honorarios y lo que cobra ingresa a su patrimonio.
Por aquella época, además, al contar con un sistema de fondo común, lo contable era manejado por el mismo Colegio de Escribanos. Con el tiempo, cada uno tuvo que buscarse su propio contador.
Asimismo, destacó que su trabajo no se ciñe únicamente a la actividad privada y, en esta dirección, habló del sistema de escrituración de viviendas sociales. “Estamos conectados a nivel municipal o provincial con el sorteo de carpetas para hacer este apoyo. Es un trabajo que se abre a la comunidad en beneficio de toda la gente que lo necesita”, precisó. Y dijo que la mayoría de los profesionales están en ese listado, dispuestos a prestar sus servicios.
Un momento para pensar
Seia contó que antes de la pandemia se registró un “furor de la construcción” y se advirtió que las personas ahorraban o invertían “en ladrillos”. Al respecto, sostuvo: “Esto significaba tener mucho tipo de operaciones de boleta de compra-venta, que se llama venta en pozo”. Esto disminuyó “bastante”.
En contrapartida, mencionó que el período de Covid sirvió “para acomodar las cuestiones internas a nivel de familia”. Se han hecho, comentó, muchas divisiones de condominio, pero no por problemas entre los parientes, sino porque la pandemia evidenció que “somos finitos y en cualquier momento estamos y en otro momento no”. Entonces, señaló la escribana, “la gente vio que, si no acomodan sus cosas, el día de mañana quizá se le hace muy engorroso a sus hijos solucionarlas”. En este punto subrayó que, incluso, en ocasiones, estos temas se dirimen en instancias judiciales y es “más costoso”.
El anticipo de herencia y la constitución de usufructo, a la vez, fueron otros de los trámites que se hicieron significativamente. “Esa es una de las grandes satisfacciones: cuando uno ve que la gente ha tomado la decisión. No vienen a decir: 'Tengo ochenta años y me estoy por morir, dejo acomodadas las cosas'. Si no, vienen para que queden resueltas y no tener que hacerlas todas a último momento, apurados, apremiados”, describió.
Por último, ella, que pronto cumple 25 años y que será homenajeada con una medalla por el Colegio de Escribanos, remarcó que le gusta la atención personalizada y que ello se condice, en parte, con una de las características principales de su profesión: escuchar.
