154 años - Villa María "de boliche en boliche"

Los bares nuestros de cada día

Después de haber dado varias vueltas al mundo y a la historia, Normand Argarate, como no podía ser de otra manera, volvió al pago y se acodó en la barra del mismo boliche que lo viera partir; pidió una lágrima (acaso para llorar, añorando, mejores días) y cerró su pormenorizado estudio. Argarate dixit:

“En las mesas de nuestros bares (los villamarienses, obviamente), algunas anécdotas merecen recordarse. En los años 90, un conocido poeta se había rapado la cabeza y recitaba por las calles canciones de rock. En uno de los bares céntricos, al caer la tarde, quizás uno de los horarios más concurridos, el poeta solía dar la bienvenida a viva voz a cualquier mujer rubia que ingresara al local con una letra de Sumo que decía: La rubia tarada, bronceada, aburrida /Me dice “¿por qué te pelaste?/ Y yo “por el asco que da tu sociedad”. Por supuesto, el poeta fue invitado a retirarse.

Entre las historias que se cuentan hay otra de un timador famoso que había empapelado la ciudad con cheques voladores. Sentado al mediodía en un bar, es interpelado por un sujeto que a los gritos expresaba su enojo por un cheque sin fondo. Nuestro personaje lo escuchaba impávido, sin mover un músculo ni dejar traslucir emoción alguna. Al final, cuando el hombre casi exhausto dejó de gritar, él simplemente hizo una pausa, se sacudió una pelusa del saco y con total tranquilidad le respondió: “¿Y vos? ¿Qué le dijiste?”.

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