154 años - Villa María "de boliche en boliche"
Gastronómico de corazón
El mozo es, que a nadie le quepa duda, una parte insoslayable de la vida activa del boliche, bar, café, etcétera. Eso ya se dijo en este trabajo y si no, se va a decir dentro de unas páginas.
Daniel Sánchez, nuestro humorista estrella, es gastronómico de corazón. Aunque tenga siempre en la punta de su lápiz una lectura aguda, graciosa e irreverente de la vida en la ciudad, el país y el mundo, si le dan a elegir, él prefiere decir que es gastronómico. Y es que durante muchos años el hombre fue mozo. Primero, de Killén. Cuando cerró Killén, fue mozo de Kimao. Y cómo será su identificación con la gastronomía que habiendo cerrado Killén, Daniel dijo “¡yo de acá no me muevo!”, aferrado a su bandeja, tanto, que a Kimao tuvieron que construirlo en el mismo lugar. Y más tarde pasó a La Casona. Y solamente damos estos tres ejemplos para certificar su amor a la gastronomía.
Pensándolo bien, pocos lugares son mejor fuente de inspiración para un humorista que un boliche. Porque por sus mesas desfila la flor y nata de la fauna humana, con sus cuitas y sus chismes, con sus alegrías y sus desazones. Y allí está el mozo, el humorista, el sociólogo, el psicólogo de café, escuchando, consolando, atendiendo, distrayendo, ofreciendo un chiste como quien ofrece un pañuelo.
Porque en las mesas de los bares pasa de todo y el alma humana se desnuda.
Por ello, a lo largo de estas páginas, Daniel Sánchez opinará con su agudo lápiz sobre las cosas graves o esdrújulas de la vida. Experiencias que fue recogiendo en los largos años en que sus dos profesiones se retroalimentaron. Porque, a veces, los ocurrentes son los propios clientes. Como en aquel viejo chiste en que el comensal llama al mozo para quejarse:
-¡Mozo, este pollo está crudo!
Y el mozo, defendiendo al cocinero y al honor del restaurante, le retruca:
-¿Cómo lo sabe, si ni siquiera lo probó?
Y el cliente remató:
-¡Es que se está comiendo la ensalada!
