Día de la Industria - ¿Qué ocurrió un 2 de septiembre?

Por iniciativa de un tucumano

Emilio Jesús Schleh, un investigador y periodista argentino, nacido en Monteros, provincia de Tucumán, fue el impulsor del Día de la Industria argentina. Su afinidad a la industria azucarera llevó a Schleh a fundar la revista La Industria, en la que defendía la actividad principal de la provincia, además, desarrolló rigurosas y documentadas investigaciones sobre su pasado y presente, y fue autor de un gran repertorio de normas sobre la industria del azúcar.

Luego se trasladó a Buenos Aires, donde ocupó diversos cargos, como secretario de la Dirección de Agricultura, miembro del Consejo Directivo de la Confederación de la Industria y de la Producción, del Congreso Internacional de Economía Social, y gerente del Centro Azucarero Argentino.

Siendo delegado de la Bolsa de Comercio de Tucumán, presentó en el Segundo Congreso de la Industria Argentina realizado en Buenos Aires en noviembre de 1925, un proyecto para declarar el Día de la Industria argentina el 12 de octubre, encargando a la UIA la celebración anual de la fecha. La iniciativa de dedicar un día a la industria argentina fue aprobada en el Congreso, pero encargó a la UIA la fijación de la fecha, además de la organización de la celebración anual.

La UIA, que de acuerdo con lo resuelto por el Segundo Congreso de la Industria debía establecer la fecha de la celebración, lo hizo 16 años después de haber sido aprobada la iniciativa. Para eso, fijó el 2 de septiembre, por sugerencia de la Confederación Argentina del Comercio, de la Industria y de la Producción.

De esa manera, quedó consagrada el Día de la Industria argentina, que desde 1941 se celebra en el país el 2 de septiembre, y no el 12 de octubre, como había propuesto originalmente Schleh.

 

Exportación… y algo más

El 2 de septiembre se conmemora en Argentina el Día de la Industria, en recuerdo de lo que se considera la primera exportación desde estas tierras, aunque en realidad, este hecho encubre un acto de contrabando y comercio ilegal. Es que, en un día como hoy, pero de 1587, desde el territorio que hoy conocemos como la República Argentina y que entonces pertenecía al Virreinato del Perú se envió al Brasil un cargamento de productos elaborados en Santiago del Estero, fletado por el obispo de Tucumán, fray Francisco de Vitoria. Para eso, zarpó desde el fondeadero del Riachuelo, que hacía las veces de puerto de Buenos Aires, la carabela San Antonio, al mando de Antonio Pereyra, llevando en sus bodegas cubrecamas, frazadas, otros tejidos, sombreros y bolsas de harina. Pero en su interior, camufladas, según denunció el gobernador de Tucumán, Ramírez de Velasco, también viajaban barras de plata provenientes de Potosí, cuya exportación estaba prohibida por real cédula.

El desarrollo industrial en estos territorios tardaría siglos en llegar. Recién hacia fines del siglo XVIII arribaron a Buenos Aires las primeras manufacturas inglesas, pero la masiva penetración de bienes importados imposibilitó el desarrollo industrial, que debió esperar largamente hasta entrado el siglo XX. El debate entre librecambistas y proteccionistas se extendió largamente durante los siglos XIX, XX y continúa en nuestros días.

 

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