La Justicia desde adentro
Escribe Joaquín Raúl González (*)
A diferencia de la mayoría de mis colegas, el inicio del ejercicio de mi carrera profesional se dio en un marco nunca antes visto, en el medio de una pandemia mundial. Lo que para otros resultó nuevo al inicio de esta plaga, hoy en día para mi es lo habitual.
Diversas complicaciones que todos, como ciudadanos, vimos afectados en nuestras vidas, también se trasladó al Derecho obviamente; nada quedo exento del Covid. Turnos innecesarios, la imposibilidad de presentar documentación en papel, indagatorias por videollamadas o juicios por teleconferencia; en fin, cuestiones que no provocan modificaciones sustanciales, sino simples molestias que con el tiempo esperemos se repongan.
A solamente un año de ejercer esta profesión (el Derecho Penal más precisamente, rama jurídica que abrazo con pasión), no ha sido el coronavirus ni la cuarentena los que me ha marcado, sino conocer la Justicia… la Justicia desde adentro.
La Justicia que actúa ante la presión que ejerce la sociedad y los medios de comunicación, lejos de la imparcialidad que la tendría que caracterizar, utilizando la prisión preventiva (que es, en simples palabras, el encierro de una persona sin que haya sido declarada culpable por sentencia firme) como el método para calmar los constantes reclamos de justicia, haciendo de ésta una pena anticipada y no un medio para asegurar los fines del proceso, motivo para el cual fue creada.
Esta práctica, además de ser inconstitucional, resulta perjudicial para todos los ciudadanos, ya que no resuelve de ninguna manera el problema de la inseguridad, sino que genera mayor violencia, rencor y sensación de injusticia a quien se le ha aplicado semejante medida de privación de libertad.
¿Usted, lector, también se sintió encerrado desde que dictaron las medidas de aislamiento? Imagine lo que se debe sentir estar en un establecimiento penitenciario, acusado de algo que nunca cometió o que no le pudieron probar. Y sí, créame que adentro de las cárceles también hay gente inocente.
Retomando, la situación en la cual me encuentro desde que inicie este camino, es que la excepción, al parecer, se convirtió en regla; donde gran parte de los detenidos son personas a la espera de un juicio en lugar de condenados, donde como siempre los que más lo padecen son los que menos tienen; donde las cárceles, lejos de ser sanas y limpias para la reinserción social como reza nuestra Constitución, se convierten en un aguantadero de personas hacinadas que vuelven a recaer en el delito una vez en libertad.
Este abogado está lejos de justificar el accionar delictivo. Sostengo firmemente que una persona tiene que ser castigada por sus errores. Pero el punto no es ese, es reflexionar sobre si se respeta lo establecido en nuestra ley. Si lo que realizan en sus funciones las personas encargadas de investigar, acusar o impartir justicia en nuestra ciudad o país, provocan una solución ante tanta inseguridad en crecimiento, o simplemente se intenta tapar estos problemas deteniendo innecesariamente a una persona, haciendo de éstas un número que aporte a la estadística.
Encuentro absurdo pensar en que llenar las cárceles de gente sea algo positivo y mucho menos analizarlo en relación de costo-beneficio que esto puede generar, teniendo en cuenta que en uno de los extremos se encuentra la libertad, la dignidad y la vida de ciudadanos refugiados bajo el estado de inocencia.
Este planteo excede lo que puede contener una columna como ésta, ya que es propio de una discusión mucho más profunda y analizable. Lo que se intenta hacer con énfasis en este simple relato/opinión es que, aunque como ciudadanos siempre nos parece lejano, nadie queda exento de ser víctima de estas prácticas, de poder vernos encerrados injustamente en uno de los peores lugares donde puede vivir un ser humano: una cárcel.
Entienda que puede ser su primo, su amigo, su hijo o usted mismo; y si eso llega a pasar, va a querer que se le respeten los derechos que hoy a muchas personas se les vulneran.
(*) Abogado. Matrícula Profesional Nº 4-980
Buenos Aires 1070, 7° “B”
3535632174
