Cordobazo
Todos Tosco
La gesta del 29 y 30 de mayo de 1969 no fue obra de una sola persona; fue de cientos, de miles. Conocidos dirigentes como Elpidio Torres del sindicato de los mecánicos del SMATA, Atilio López de los choferes de la UTA, Agustín Tosco de los electricistas de Luz y Fuerza, Carlos Scrimini de los estudiantes, la Federación Universitaria de Córdoba... y millares de ciudadanos anónimos que convergieron durante aquellas jornadas en el movimiento que golpeó a la dictadura de Onganía en plena calle, a la vista de todos, y le señaló el camino de salida.
La historia se fue encargando de encender la imagen del Gringo Tosco cada vez que uno piensa en el Cordobazo. Córdoba misma le erigió un monumento allí donde las piedras se cruzaban con las balas y se perdían en el humo de los gases lacrimógenos.
En las páginas conmemorativas de este año, intentaremos acercarnos a aquellos miles de protagonistas, a partir de las convicciones, los pensamientos que quedaron por escrito, del hombre sinónimo de Todos, Tosco.

“No solo lucha contra la injusticia quien la padece, sino también quien la comprende”.

“La única división que nosotros hacemos es entre los que luchan y los que se entregan”.
“El sindicalismo, por agrupar a compañeros de distintas ideologías, religiosas, filosóficas, etcétera, no debe embanderarse con determinado partidismo, credo o cualquier otra parcialidad que pueda dividir la lucha por objetivos que son comunes a todos”.
“Nosotros luchamos por nuestro digno lugar en esta sociedad. Luchamos para que se nos reconozca nuestro verdadero ser, que no es el de objetos de explotación sino de protagonismo en la construcción y desarrollo de una sociedad, de una civilización más humana y más justa”.
“El criterio de la clase obrera es que no haya analfabetismo, que todos puedan trabajar y tener su salario para atender las necesidades de su familia, que todos tengan una vivienda, que todos puedan acceder a la universidad; un nivel de vida digno, que haga al respeto de la persona humana. Ese es el ser nacional que nosotros defendemos”.
“Nos han dicho invocando a la Patria que somos todos argentinos. Sabemos que es así, formalmente. Pero hay una realidad esencial: la mayoría de los argentinos quieren y defienden a su Patria; pero una minoría privilegiada y reaccionaria reniega de la misma, la vende o la entrega”.
“En el balance de la lucha del hombre y de los pueblos por su dignificación, todo tiene valor: la alegría del triunfo y las contingencias de la derrota son condiciones inseparables que inevitablemente suceden cuando la causa es grande y trascendente. Así lo enseña la historia”.
“No soy más que cada uno de los que fueron, son y serán perseguidos y castigados; uno de tantos con nombre y sin nombre, que luchan, que ganan y pierden, pero que en definitiva triunfarán al final del largo camino que nos lleva a una vida sin explotadores ni explotados”.
