Suplemento especial - 70 veces gracias - Ingresaron al cuartel el mismo día de 1982 y hoy lo conducen: presidente y jefe repasaron la historia con El Diario

Una familia con cientos de apellidos

En el diálogo con quienes encabezan la institución surgen nítidamente pasajes de la historia y de la actualidad que explican cómo los Bomberos Voluntarios se fueron convirtiendo en auténtico orgullo de los villamarienses

Es verdad que la historia de esta gran familia que son los Bomberos Voluntarios de Villa María comenzó ligada a aquella determinación de don Bautista Gianinetto, don Enrique Masetti y un grupo de emprendedores que después de un incendio ocurrido a mediados del siglo pasado se preguntaron “¿cómo no vamos a tener un cuartel?”.

Pero también es cierto que a lo largo del tiempo, en el transcurrir de estas siete décadas, se sumaron otros muchos nombres y apellidos que mantuvieron ese espíritu de los fundadores.

Hoy, en la institución que sin dudas goza de mayor respeto en la ciudad y que ocupa un sitial relevante en la conducción nacional, se da una particularidad: las dos personas que encabezan el cuerpo, presidente y jefe, ingresaron el mismo día por el portón de la calle General Paz al 300. Están próximos a cumplir 40 años como servidores públicos y con ellos analizamos los puntos que trazaron una misma línea desde los inicios a la actualidad.

Se trata de José Verea y Gustavo Nicola.

 

Jefe y presidente, en una oficina y sala de reuniones. Ese mismo espacio fue parte de la vivienda de la familia Mulinetti, cuando Juan Carlos estaba al frente de la institución 

Gustavo Nicola, José Verea, jefe y presidente de esta prestigiosa entidad, ¿cuál creen que ha sido el secreto para mantener un mismo rumbo a lo largo nada menos que de 70 años?

-En la institución siempre tuvimos como norte brindarnos en pos de servir de la mejor manera a la sociedad y, bueno, no había otro camino que seguir el rumbo que nos legaron nuestros antecesores, empezando por Gianinetto, siguiendo por Mulinetti y todos los que pasaron en el medio. Siempre hablamos de dos: de Mulinetti, de Gianinetto, pero hubo un montón de jefes que siguieron en esa dirección, como Flores, Pidoux, Mateo, Vedelago... Ahora nos toca conducir a nosotros y miramos hacia el mismo norte que nos plantearon ellos.

-Pero, algún secreto debe haber para mantener esa misma línea en el tiempo...

-Lo que tiene Bomberos es que aquí somos unos inculcadores de conciencia. Nosotros, la mayoría que estamos conduciendo en la actualidad, entramos a esta casa cuando teníamos 13 años. Nosotros dos, por ejemplo, ingresamos el mismo día, el 23 de febrero de 1982, es decir que ya estamos para los 40 el año que viene. En aquel momento todavía estaba Gianinetto y estaba Juan Carlos Mulinetti, estaba Mateo... Entonces, ellos ya venían con su escuela y nos la pasaron a nosotros, y nosotros la vamos pasando a la gente que ingresa. Esto va de generación en generación.

-Suele ser difícil en entidades sociales, en empresas, trasmitir experiencias, valores...

-Puede que tengamos una especie de ventaja, porque generalmente el que se llega al cuartel con ánimo de servir a los demás, siempre da para pensar que es buen chico.

Arriesgar la propia vida para salvar la de los demás. “Ustedes seguro que me atienden”, explica una vecina en una de las anécdotas referidas por las autoridades

-¿Cómo está esa voluntad de servicio en la actualidad?

-Siempre hay demanda para entrar al cuartel. Y la mayoría que llega a oficial, suboficial, es gente que entra de chica, a los 13, 14, 15, 16 años. A esas edades los empezamos a formar. Y, bueno, eso es lo que nos está dando resultado 70 años a la vista.

-¿Ustedes sienten el afecto que les tiene la inmensa mayoría de los villamarienses?

- Sí, el afecto siempre está presente. Primero que en Villa María ante cualquier cosa que suceda llaman a los bomberos... Hay una anécdota al respecto: una señora a la que le estaban entrando a robar, nos llama. Cuando todo pasó, alguien le dijo que en casos así debía llamar a otra institución. “No, a Bomberos, primero porque ustedes seguro que me atienden, segundo porque si ustedes avisan a la Policía va a venir más rápido, y tercero porque si me golpean, ustedes ya saben que tienen que venir a buscarme”, dijo la mujer. O sea, ¡en unos segundos pensó todo eso! Así piensa la gente. Se corta la luz y pasa lo mismo, llaman acá porque no los atienden en otro lado, “y si llaman ustedes, los atienden”. Llama gente que se siente sola, pasamos la llamada a una línea interna y en la guardia le dan charla, la acompañan... Otra labor social. A eso no lo contamos en ningún lado y a veces el guardia pasa 15, 20 minutos, una hora charlando con la gente que se siente sola acá. Allí es cuando te das cuenta hasta qué punto Bomberos está insertado en la comunidad como para que no nos falten voluntarios. Cuando abrimos las inscripciones tenemos que poner cupos de 20 o 30. Después, no llegan los 20 o 30, sino 15, pero es un buen número de chicos. Hace dos años que no abrimos las inscripciones porque tenemos 34 aspirantes para ascender. Y esto es algo que no pasa en ningún cuartel de Córdoba y no sé si de la Argentina. Ninguno tiene 34 aspirantes para ascender a bombero. Con los que ascienden este año podemos armar dos cuarteles para una ciudad de 100 mil habitantes.

-¿Es mucho?

-Días atrás estuvimos en San Isidro, donde los Bomberos tiene una jurisdicción de tres millones de personas y tienen menos bomberos que nosotros: ellos tienen 110 y nosotros, 120. Y tenemos la misma cantidad de vehículos. En Villa María tenemos un bombero cada mil habitantes, o sea que estamos bien cubiertos como ciudad.

-Ustedes son de la misma camada. ¿Algún recuerdo especial de aquel tiempo?

-Tantos desde aquel febrero del 82. Cuando pasa lo de Mulinetti (la tragedia en las compuertas del Balneario) estábamos los dos, y eso marca un montón. Acá, en este lugar del cuartel, donde estamos sentados ahora, vivía con Beba y con sus hijos Jorge, Nelson, Alejandra, Verónica y Laura. Vivían acá. Allá estaba la cocina... Acá había una separación donde era el comedor y arriba por una escalera caracol, estaba el dormitorio de ellos.

-¿Qué recuerdan de lo que les inculcaba?

-Juan Carlos era un hombre que siempre te llevaba para adelante, nunca ni siquiera para el costado. Para adelante, siempre para adelante, y eso es lo que marcaba.

-Nunca era suficiente lo que tenía el cuartel, había que ir por más...

-Eso es lo que estamos siguiendo; sin darnos cuenta, eso es lo que nos dejó él: queremos siempre más, siempre nos estamos metiendo en una nueva. Ahora nos hemos metido en el carrozado de un camión que habíamos comprado hace dos años y por esto de la pandemia se había parado. Ahora lo reflotamos y por esto días empezamos de nuevo. Ya lo llevaron y veremos cómo hacemos, pero lo vamos a conseguir. Tenemos camiones de última generación, pero no es suficiente. Salió uno nuevo, y en Villa María lo vamos a tener. Estamos atrás de eso, está toda la institución trabajando... Hacemos locro, hacemos prevención, vamos a las canchas de fútbol, hacemos las áreas protegidas, capacitaciones... No nos quedamos quietos, golpeamos las puertas de empresarios para que nos ayuden...

-¿Existen ayudas del Estado?

-Los subsidios de la Provincia de Córdoba y de la Nación suman tres millones de pesos y este cuartel tiene gastos fijos (seguros de personal, mantenimiento de vehículos, seguros de los vehículos, combustible...) del orden de los 700 mil pesos mensuales. Entonces, saquemos la cuenta, y hay seis o siete meses en los que no tendríamos más plata; mucho menos para hacer una inversión como la que vamos a hacer ahora, de 12 millones de pesos, para carrozar el camión.

-Empujan también los socios, los amigos solidarios...

-Totalmente. Entre siete mil y ocho mil amigos solidarios tenemos. Otra muestra de la confianza en la institución.

-¿Cómo hace un vecino que está leyendo el suplemento y quiere ser amigo solidario?

-Llama a Bomberos y da la dirección. Va el promotor y lo inscribe. Se puede aportar desde 200 pesos.

-Se consiguió finalmente la jubilación...

-Sí. Con eso el bombero retirado está tranquilo, tiene una buena jubilación que hoy en día son 42 mil pesos y ya le permiten una vejez y un retiro digno. Eso es bueno, igual siempre hay cosas por las que peleamos los bomberos.

-¿Como qué?

-Que haya dosis de las vacunas para todos los integrantes del cuerpo. Los chicos están todo el día en la calle y les hace falta. Llegaron algunas, pero no para todos, todavía. Esa es una gran preocupación.

-En este momento tan especial de los 70 años, ¿algún mensaje a la sociedad de Villa María?

-Nosotros somos agradecidos de la ciudad. Que los vecinos sepan que este cuartel no es de un grupo de gente, sino de la ciudad, porque está compuesto por vecinos y mantenido y crece gracias a los vecinos. Todo lo que tenemos acá es gracias a Villa María, a los empresarios que cuando fuimos a pedir una mano hubo casos que pusieron hasta un millón, en momentos en que estamos en una situación económica complicada en el país. Tiene valor, como las personas que a la noche te mandan 10 sándwiches y no sabés por qué te los traen. “Los manda tal rotisería”, te dicen. Hay una señora que manda tortas todo el tiempo... Son pequeñas cosas, pero que hacen tan bien... Es reconocimiento, y ni hablar de los 120 que dejan su vida y su familia para estar acá adentro. Siempre decimos que podemos tener los mejores vehículos, las mejores autobombas, pero si no está la gente, ¿qué hacemos?

 

El simulacro de un incendio dentro de un boliche, luego de los sucesos de Cromagnón. Este tipo de actividades de capacitación son permanentes 

“Llama gente que se siente sola, pasamos la llamada a una línea interna y en la guardia le dan charla, la acompañan…”.

 

“Con los que ascienden este año podemos armar dos cuarteles para una ciudad de 100 mil habitantes” .

 

“A la noche te mandan 10 sándwiches y no sabés por qué te los traen. ‘Los manda tal rotisería’, te dicen”. 

 

 

 

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