DíA DEL ESCRIBANO

Acostumbrarse a un mundo nuevo

En homenaje al Primer Congreso Internacional del Notariado Latino, que se realizó en Buenos Aires, donde nació la idea de fundar la Unión Internacional del Notariado Latino (UINL), se celebra hoy en la Argentina el Día del Escribano

En ese primer encuentro, que se llevó a cabo el 2 de octubre de 1948, se reunieron los notarios de distintos países de legislación similar y, por iniciativa del notario José Adrián Negri, se gestó la formación de una unión de notariados con principios comunes. Por eso, esa fecha quedó establecida estatutariamente para evocar la fundación de la UINL.

Posteriormente, en 1950, en Madrid, España, durante la celebración del Segundo Congreso Internacional del Notariado Latino, se fundó legalmente la UINL.

En esa ocasión, también fue aprobado su emblema, que tiene la forma de un óvalo con la denominación de la entidad, un águila latina, el libro de protocolo y una pluma de ganso, símbolos del notariado latino, y el lema "lex est quodcumque notamus".

La UINL es una organización no gubernamental internacional, constituida para promover, coordinar y desarrollar la función y la actividad notarial en el mundo, está integrada por 88 países y hasta 2022 está presidida por la escribana Cristina Noemí Armella, de la provincia de Buenos Aires.

En Argentina, al notario se lo conoce como escribano, tiene la misma función, que es dar fe pública. Esa actividad se remonta a épocas lejanas: la figura más antigua fue la del escriba egipcio, que redactaba los documentos del Estado y en ocasiones también los de particulares, estos escritos solo tenían validez si llevaban el sello de un sacerdote o de un magistrado de jerarquía similar.

Los escribanos hebreos del pueblo preparaban diversas transacciones y documentos privados.

En Grecia, el “singrapho” cumplía esa misma función, en Roma se los llamó tabelión, tabulario o notario. También se encuentran en las Sagradas Escrituras, como abogado de la ley; y ya con el desembarco de Cristóbal Colón en estas tierras, cuando toma posesión en nombre de los Reyes Católicos, se labra la primera acta notarial en el nuevo mundo, con el escribano Rodrigo de Escobedo.

En la historia de nuestro país, desde la época colonial hasta la independencia, y durante las jornadas revolucionarias de la gesta de mayo, se observa la participación activa del escribano, como fiel testigo de los hechos, observador de la realidad, quien plasmó en sus documentos la actividad pública del Ayuntamiento y la civil y negocial del pueblo.

En esta evolución a través de los siglos, el escribano ha tenido cambios en las condiciones de aptitud, en la forma de desarrollar la actividad y en su modo de ejercicio, pero hasta el día de hoy, mantiene la función fedataria que es delegada por el Estado.

A poco de iniciado el año 2020, como todos sabemos, la pandemia trastocó todo, y en todos los sentidos, lo social, lo cultural, lo laboral, las prácticas y costumbres.

En estos cambios abruptos que se impusieron por la situación de emergencia, la actividad notarial no fue la excepción, y así, de un trabajo netamente presencial, en el que todas las acciones debían realizarse frente al escribano, de golpe hubo que pasar al home office y a la virtualidad.

Con algunas oficinas cerradas desde el año pasado, como Catastro o Rentas, la labor se desarrolló por medios electrónicos, lo que, en algunos casos, ocasionó complicaciones antes impensadas, como no poder avanzar con el trabajo porque se caía el sistema o no funcionaba Internet.

Hoy, a pesar de que paulatinamente se flexibilizan las actividades y se regresa a la presencialidad, en esta profesión parece que hay cambios que llegaron para quedarse, y hay trámites que continúan presentándose de manera virtual.

Y aunque esta práctica lleve más de un año, en cierta forma sigue siendo nueva y no todos los escribanos están preparados para eso. Para algunos es más difícil y más lento, y deberán acostumbrarse a un mundo nuevo.

 

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