Día del Cooperativismo
El cooperativismo dignifica
Jesús Rubén Cardozo, grupo Cresca

Me es grato dirigirme a Ud/es., en este contexto mundial escabroso, en medio de esta pandemia que nos afecta a todos, en donde vemos el derrumbe de un sistema basado en la especulación financiera y con escasos fundamentos sustentados en la producción, en el éxito individual y en la economía ultra voraz, es en este escenario en donde veo con optimismo el resurgir de la economía social y colaborativa como opción real y tangible para transformar realidades.
“Recordar que el primer sábado de julio de cada año se conmemora en todo el mundo el Día Internacional de la Cooperación”.
Vivificar a los héroes cooperativos, que afirman los principios y valores, invitando a los gobiernos y organizaciones, a apoyar la doctrina de paz, solidaridad, fraternidad y realizaciones positivas que el cooperativismo significa, es lo que hacemos cada año para estas celebraciones.
Un poco de historia
En marzo de 1919, por iniciativa de El Hogar Obrero, se celebró en su propia sede de Buenos Aires la primera Conferencia de Cooperativas Argentinas, y allí la propuesta Argentina fue celebrar un día específico como Día Internacional de la Cooperación. Llevada al congreso de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), reunido en septiembre de 1921 en Basilea, ahí es aprobada la propuesta para celebrar el Día Internacional de la Cooperación, primeramente para el día 6 de septiembre de cada año y finalmente para el primer sábado de julio de cada año.
Así se instituyó y se celebró ese día “para que en una misma fecha, en todo el mundo, se demostrase la solidaridad de los cooperadores y la eficacia de su organización como medio de emancipación económica y garantía de paz universal y alternativa transformadora”.
El movimiento cooperativo, a partir de sus orígenes, aspira a una transformación total del mundo y el hombre.
Son preocupaciones morales las que animan a estos pioneros; todos ellos ven bien en la cooperación la solución de un problema momentáneo y parcial; hay una formula capaz de renovar el conjunto del sistema económico y social y de elevar a los hombres hasta un comportamiento moral hecho de nobleza y desinterés. * (P. LAMBER. La doctrine cooperative).
Creo, señor lector, que nuestros dirigentes deben empezar a conjugar el verbo “cooperar”, que es trabajar junto al prójimo, como norte del desarrollo sostenible de una comunidad que entiende a la política como calidad de vida, y no como una mejora en la calidad de vida individual.
El movimiento cooperativista es el pilar de la economía social y colaborativa, en la cual se considera al hombre como “sujeto” y no como “objeto” de la actividad económica, lo que supone que la actividad económica queda supeditada a las decisiones de las personas y que el resultado se dirige a satisfacer las necesidades de las mismas tomadas en su dimensión integral y no a la inversa.
Frente al predominio de las relaciones sociales y económicas, que cada vez más tienden a deshumanizar la vida de las personas exaltando antivalores como la violencia, el individualismo, el materialismo exacerbado y el poder excesivo, observo un escenario en donde los actores sociales construyen alternativas y nuevas formas de relaciones humanas en la que se halla el cooperativismo. Proponiendo a una renovación importante de las prácticas sociales y de las perspectivas de un movimiento democrático, que da vida a un proceso de transformación y democratización de las estructuras económicas, políticas y culturales. Posibilitando las condiciones para un individuo con ciudadanía plena, que se nutre en la permanente interrelación con el yo social, permitiendo que se sensibilice ante todas las injusticias, la miseria, el racismo y toda forma de segregacionismo, y logre comprender que la “justicia social” no es un eslogan vacío, sino una conquista que existe en el esfuerzo permanente de cada hombre.
Una auténtica economía social debe entenderse como una expresión de realidades microeconómicas segmentadas e insertas en macrorrealidades, que tienen potencialidades de expansión y ser parte de un sector de la economía que interactúe conjuntamente a otros sectores de la economía privada y de la economía pública estatal.
Y es allí en donde el tercer sector y el cooperativismo se vuelven una propuesta económica alternativa y humanizante.
Señor lector, “cuando el egoísmo sea una rareza entre los hombres, cuando la soledad y el aislamiento desaparezcan y los hombres aprendan definitivamente a ayudarse, la humanidad habrá alcanzado otra etapa de su desarrollo, tan importante como cuando los hombres primitivos se organizaron en hordas por primera vez”.
La cooperación debe dar respuesta frontal y revitalizadora al egoísmo de un sistema económico, basado en el mercado, la competencia y el individualismo, que tanto dolor ha causado a nuestros pueblos.
“La opción por la vida humana amenazada demanda una nueva solidaridad, aquella que reconoce que la opción por la vida del otro, es la opción por la vida de uno mismo. El otro está en mí, y yo estoy en el otro”. Franz Hinkelamert
En Estados Unidos, las cooperativas se han considerado servicios esenciales en rubros como alimentos, agricultura, servicios públicos y crédito. además, se está avizorando la posibilidad de convertir pequeñas empresas en cooperativas.
