Cordobazo / 29 de mayo de 1969

­­­Epopeya del movimiento obrero, estudiantil y social de Córdoba

“Para que todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea el lobo del hombre, sino su compañero y hermano”. Agustín Tosco

¿Qué fue el Cordobazo y por qué? Muchos se formulan la pregunta y seguramente los jóvenes esperan una respuesta de aquellos que vivieron ese hecho y de aquellos que tienen la responsabilidad de continuar con ese acto libertario para que no sea una consigna más para los dirigentes, sino la esencia misma de la lucha por las reivindicaciones. El Cordobazo fue un movimiento sísmico que conmovió no sólo a la provincia, sino a todo el país y resquebrajó los cimientos de la dictadura del general Onganía.

El Cordobazo fue un hecho social, sindical y político, un acto insurgente pero democrático de todo aquel al que la palabra pueblo incluye, que se pronunció contra los militares usurpadores del poder republicano y colocó al movimiento obrero (con el apoyo estratégico del movimiento estudiantil) como vanguardia de los nuevos tiempos.

Fue la expresión de la militancia obrera y estudiantil que ayudó para que el pueblo tomara conciencia de su opresión y reivindicara la libertad y sus derechos legítimos para construir una vida digna.

Intentar interpretar el Cordobazo nos obliga a ubicarnos en la historia de ese tiempo; saber qué pasaba en el país y en Córdoba, para aspirar a comprender esa lanza liberadora que se soltó en una dirección en la que confluyeron distintas corrientes ideológicas de la sociedad cordobesa y del país.

Fue y es un tema para los políticos y para los estudiosos, que hoy, a 51 años de ese hecho, se siga intentando interpretar los porqué, los cómo y su influencia en el contexto histórico de Argentina.

El golpe de 1955 había negado el valor de la democracia como herramienta para solucionar las cuestiones políticas y sociales que se vivían en ese tiempo. Los militares tenían la hegemonía del poder y sólo les preocupaba garantizar la “seguridad nacional”, produciendo el espiral de violencia política que alcanzará su punto culminante, su máxima expresión, en el Estado genocida de 1976-1983.

En 1963, en elecciones “democráticas”, pero con la proscripción del peronismo, el radicalismo llegó al gobierno con el Dr. Arturo Illia. Entre las primeras medidas de su gestión se cuentan: una amplia amnistía para los detenidos del Plan Conintes, el indulto y la anulación de los contratos petroleros. Estas medidas agudizaron las tensiones políticas, tratando de frenar reformas laborales, que se expresaron en una masiva ocupación de fábricas.

Illia fue blanco de críticas generalizadas, muy especialmente de medios de prensa vinculados al poder real, que simultáneamente elogiaban a las Fuerzas Armadas y con fervor a Onganía, promoviendo la intervención militar, el golpe de Estado, “para salvar el país”.

El 28 de junio 1966 se produjo entonces el tercer “cuartelazo” de la historia argentina (contra Yrigoyen en 1929, contra Perón en 1955 y contra Illia, ahora). Un golpe con el apoyo implícito de los Estados Unidos que, en esa época y en el marco de la Guerra Fría contra el socialismo, impulsaba la Guerra Sucia en el continente; lo que se conocería más adelante como el Plan Cóndor.

¿Qué pretendieron el gobierno de Onganía y su ministro de Economía? Implementaron un duro recorte a los derechos de los trabajadores, la devaluación de la moneda nacional, la baja del salario, el control de las paritarias, el recorte de las jubilaciones, la pérdida del sábado inglés..., todo ello con medidas autoritarias que impedían la participación de los obreros en defensa de sus conquistas.

En ese clima de supresión de derechos y ansias contenidas comenzaron un día como hoy las marchas de obreros desde las distintas fábricas hacia el centro y las columnas se iban engrosando cuadra a cuadra, barrio a barrio; a pata. Se habían producido otras, con asambleas previas, clandestinas en este sindicato, en aquel partido, en un zaguán; de a cuatro, de a cinco, de a 20. Pero el día había llegado. El aire se cortaba con la mirada punzante de los dirigentes que habían lanzado el paro general más largo e iban a la cabeza. Y cuando a las 12.30 la noticia zumbó en los oídos: la represión asesinó al militante político y sindical Máximo Mena, matricero, perteneciente al sindicato de los mecánicos, nacido en Córdoba; cuando se confirmaba por todos lados que sí, que en la esquina de San Juan y Arturo M. Bas lo habían matado, ya no quedaba otra alternativa que seguir hacia adelante, que llevarse por delante la dictadura militar de la autodenominada Revolución Argentina que encabezaba Onganía.

Más gente en la calle, más represión, más movilización, más balazos y vastas zonas de la ciudad en manos de los ciudadanos, resistiendo las órdenes directas del des-gobierno nacional.

La violenta jornada conocida como el Cordobazo terminaría con un saldo, según cifras oficiales, de 34 personas fallecidas y más de 400 heridos y sería, junto a otros movimientos de protesta obrero-estudiantil como el Rosariazo y el Correntinazo, factor decisivo para el comienzo de la caída de Onganía y su remplazo en 1970 por Levingston.

Sí, la dictadura de Onganía, como toda expresión de violencia militar desbordada y sin acompañamiento popular suficiente, comenzó a sufrir el acoso desde adentro de sus propias filas y fue sustituida sin más por otros militares, que profundizaron la política dictatorial.

¿Qué experiencia política, gremial y social nos deja el Cordobazo? Corrieron ríos de tinta negra y de sangre roja en ensayos de respuestas. Y nació una suerte de certeza: el pueblo unido...

¿El Cordobazo fue un hecho que quedó petrificado en el tiempo o, por el contrario, sigue corriendo por las venas de algunos referentes gremiales, políticos, cooperativos, sociales, barriales...? A la luz de la resistencia militante ante las injusticias que todavía se practican, viendo a la solidaridad acudir por las calles de Argentina en auxilio del otro, se puede decir que aquella epopeya del movimiento obrero, estudiantil y social de Córdoba dejó no sólo una experiencia de lucha, sino también una filosofía y una práctica que según las circunstancias se pueden aplicar para detener decisiones autoritarias en sociedades “democráticas”.

Las iniquidades de los militares son aberrantes; las perversidades de los que se dicen demócratas que usurpan con impunidad “legal” los derechos de los trabajadores son humillantes. Más aún cuando éstas se aplican con lógicas inhumanas e instrumentando pasos “ilegales” dentro de la “legalidad” para dañar los derechos humanos, sociales y económicos logrados y consagrados en la Constitución Nacional y Provincial.

 

Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba, del Departamento General San Martín

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