Isaías Lamarca - Trabajo en el campo
Se sintió “todo medio raro”
Perdió una mano, no dejó de laburar en la tierra y deja un mensaje: “Hay que darle para adelante”“Es todo medio raro. Me siento raro. Uno ve a algún camionero desde la máquina, con el barbijo puesto, y te preguntas qué está pasando... Yo estuve más de tres semanas sin poder venir a ver a mi familia, porque no pude, no tenía el permiso. Ahí tomás dimensión de las cosas y decís para tus adentros: se puso bravo”.
Isaías Patricio Lamarca, Nano, tiene 38 años y en este marco de la pandemia sigue trabajando en el campo. Es empleado en el ámbito rural y en las mismas tareas desde hace 20 años. Ahora pudo volver a su casa, en los días de lluvia, y compartió cómo es la actividad en el aislamiento social, preventivo y obligatorio: “Trabajar en el campo, en realidad no nos cambia nada, porque a la cosecha la tenemos que levantar lo mismo, porque no queda otra y si viene un temporal o un viento fuerte, se lleva todo. Levantar la cosecha hay que levantarla cuando está, y eso es así en el agro”.
“Sufrí mucho cuando no pude venir. Fue la Policía a avisar que no podríamos salir, que había controles, y así lo vimos más complicado”, dijo al repasar el impacto de la noticia.
De todas maneras, manifestó su optimismo como característica de su personalidad: “Desde que tuve el accidente y perdí la mano, aprendí que tengo que darle para adelante, ser positivo siempre, avanzar y apoyar a quien lo necesite”.
El comienzo
Nano, nacido en Alta Gracia e hincha de Belgrano (lo que lo lleva cada vez que puede al Gigante de Alberdi para alentar al Pirata cordobés), contó que “desde los 18” trabaja en el campo. “Fue cuando dejé el secundario, en el último año. Ahora estuve viendo la posibilidad de cómo terminarlo, en el CENMA de Cabral, donde estoy trabajando, pero en el campo a veces pasan semanas sin poder hacer y de pronto no tenés descanso. Son difíciles los tiempos del trabajo”, compartió.
Isaías recordó que “la primera tarea fue manejar una tolva para maní, después la cosecha de trigo, maíz y soja. Ahí manejé por primera vez una máquina”.
A pesar de que lleva dos décadas en la actividad, no se especializó, pero confesó que para él “lo más interesante es la siembra”: “Soy de hablar y preguntar a los ingenieros, porque me gusta aprender... Y elijo la siembra aunque se relaciona con la pérdida de mi mano”, mencionó Nano. “Hoy lo que más me gusta es la siembra, de maíz y soja por la época (de septiembre a diciembre). Con el trigo hace más frío”, añadió.
Y entonces rememoró: “Es loco mi interés por la siembra, porque pierdo la mano en una siembra de soja, justamente. Pierdo la mano ahí y la tendría que odiar. Y sin embargo, es lo que más me gusta. La siembra es renovar la esperanza de todo, digamos”.
“Cuando estás sembrando, estás pensando en que ojalá rinda 35 o más quintales (por hectárea), para que le vaya bien al productor y a nosotros también. Muchas cosas, la mayoría, depende del campo. Pero además, a mí me renueva la esperanza, no solo de la tierra, sino para uno mismo”, compartió.
El día que Isaías Lamarca sufrió el accidente en el que perdió su mano derecha, el 27 de octubre de 2003, a los 22 años, estaba en un campo entre Pasco y La Laguna. Asistió al dispensario de esta última localidad y de ahí, a Villa María. A partir de ahí, estuvo sin trabajar “un año y medio”.
“Me quisieron jubilar, pero necesitaba trabajar, ya vivía solo”, aseguró. “No se me hizo fácil para algunas cosas, pero a pesar de lo solitario del trabajo en el campo, también siempre hay alguien a tu lado, aunque trato de no pedir, defenderme solo”, indicó.
Llegada la noche, para Lamarca, el trabajador está “cansado, no le quedan muchas ganas de hablar en la casilla... Aunque ahora con la familia acá (en Villa María), tampoco me gusta quedarme en el campo. Así que debemos cumplir cada uno su rol y que todo esto pase pronto”.
