UN MODELO PUESTO EN JAQUE POR EL NEOLIBERALISMO
Las recuperadas, políticamente amenazadas
Siempre vale la pena hacer memoria e interpelar a la historia desde la coyuntura del presente. Ese ejercicio dialéctico nos permite evaluar con mayor facilidad el contexto y sus avatares.
Como ya hemos mencionado con anterioridad, a partir del año 2000 y hasta el presente se pueden diferenciar tres escenarios en lo que a cooperativismo de trabajo se refiere: el primero se ubica en el marco de la crisis que siguió a la convertibilidad, en el que se inscribe el fenómeno de las empresas recuperadas.
En segundo escenario se enmarca en el período que comienza a principios de 2003, año a partir del cual se implementan desde el Estado programas sociales que contemplan al cooperativismo de trabajo como herramienta eficaz para favorecer la creación de empleo y estimular la participación colectiva.

El tercero, corresponde a estos últimos tres años y medio, período caracterizado por el abandono del gobierno de las políticas de promoción industrial.
Las empresas recuperadas en 2001
En el primer escenario se inscriben las experiencias de recuperación de empresas, que revistieron distinto grado de conflictividad y cuya resolución fue diversa. El primer antecedente tuvo lugar en 1998, aunque casi la mitad de las empresas recuperadas existentes surgió y se consolidó con posterioridad al año 2000. La crisis institucional de diciembre de 2001 potenció un conjunto de acciones colectivas novedosas, relacionadas con la problemática laboral, que permitió vincular lo cotidiano a lo político y favorecer el desarrollo de una mayor conciencia sobre los derechos del trabajador.
En dichas experiencias actuaron como desencadenantes del conflicto y al mismo tiempo como motivo de la recuperación el incumplimiento de las obligaciones contractuales por parte del empresario o el abandono total de la empresa por parte de sus propietarios. La secuencia previa del proceso de toma se correspondió con situaciones irregulares de distinta naturaleza que se reprodujeron en la mayoría de las empresas que fueron recuperadas.
Las experiencias de recuperación de empresas permiten valorar un fenómeno cuya expresión más destacada no radica en su relevancia como hecho económico, sino en su posibilidad de conferir sentido a las prácticas sociales que cuestionaron el ejercicio del derecho de propiedad y posibilitaron la articulación de distintos niveles de reclamos, entre los cuales el más importante fue la defensa de la fuente de trabajo.
Así, las consecuencias de la movilización de los trabajadores y la canalización de las demandas relativas al reinicio de la actividad asumida en forma autogestionada, incidieron en la sanción de varias leyes que declararon de utilidad pública y sujeta a expropiación u ocupación transitoria los inmuebles, maquinarias e instalaciones de diversas empresas para ser entregadas a las cooperativas de trabajo conformadas por su personal, en algunos casos mediante donación y en otros con cargo oneroso. Aunque la dinámica de funcionamiento cooperativo parecería constituir uno de los factores de éxito de estas experiencias, diversas restricciones han impedido en muchos casos revertir la situación precaria que caracterizó la primera etapa de desarrollo de estas empresas y aún las enfrenta a permanentes desafíos. Sin pretender jerarquizar o separar en cada organización sus objetivos sociales de los de índole económica, conviene tener presente la importancia que los últimos revisten en el actual contexto, sin perder de vista que el principal impacto social de la organización es el que ella posee sobre sus propios miembros.
De este modo, el principal desafío radica en la capacidad de los trabajadores para articular en cada empresa las metas sociales que se obtienen por medio de actividades económicas, combinando una lógica empresarial con la lógica solidaria prevaleciente, de manera tal que la propia cooperación funcione como vector de eficacia económica, produciendo efectos tangibles y beneficios reales, en comparación con la acción individual y la cooperación técnica no solidaria.
Se ha señalado que las limitaciones propias de estas organizaciones y los contrastes y contradicciones que en las décadas recientes se han manifestado en su desarrollo son ilustrativos de los desafíos relativos a la supervivencia del sector, es decir, el desempeño económico y su funcionamiento democrático.
De forma paralela a los cambios en el contexto económico, que desde comienzos de la década de 1990 afectaron el desempeño del cooperativismo de trabajo, se revelaron las limitaciones propias del conjunto de instituciones especializadas responsables de su apoyo y promoción, en especial el organismo oficial que impulsó una matriculación de entidades cuya viabilidad y sustentabilidad fue escasa, del mismo modo que la debilidad y falta de especialización de las organizaciones de segundo grado que las representaron, la escasez de recursos para atender los requerimientos del sector por parte de las instituciones crediticias y distintas rigideces en cuanto al marco legal.
De 2003 a 2015, un tiempo para crecer
El segundo escenario, comprendido entre mediados de 2003 hasta finales de 2015, correspondió a la implementación de políticas públicas de distinta naturaleza que contemplaban la promoción y el desarrollo de las cooperativas de trabajo por considerarlas un instrumento adecuado para la generación de empleo genuino: políticas sectoriales orientadas al desarrollo y consolidación de empresas cooperativas, que reconocían el papel social del cooperativismo de trabajo y su contribución en materia de empleo; políticas territoriales, que permitieron el desarrollo de estas iniciativas sobre una base local, y políticas genéricas que abarcan todas las iniciativas asociativas sin precisar el sector de actividad y el territorio de pertenencia.
Desde 2016, la amenaza neoliberal
Sin embargo, a partir de 2016, estas políticas públicas sufrieron el olvido, el abandono y la negación por parte de la nueva gestión del gobierno nacional, que retiró todo tipo de apoyo y, en algunos casos, volvió a abrir la puerta para la persecución judicial contra los trabajadores autogestionados que se hicieron cargo en su momento de las empresas abandonadas por su propietarios, levantándolas de las ruinas y poniéndolas a producir. Tal es el caso del Hotel Bauhen, empresa recuperada que atraviesa hoy una situación crítica y enfrenta una amenaza cierta de inminente desalojo. Aquí debemos abrir un parentesis con puntos suspensivos porque cuando estas páginas vean la luz el conflico aún permenecerá vigente y los trabajadores del Bahuen, continuarán en vilo.
Otro ejemplo, del abandono del Estado para con estas empresas que dan trabajo a muchas personas, son las industrias cerámicas de Neuquén, Zanon, por ejemplo, que se encuentran amenazadas en su producción debido a las altísimas tarifas de gas que deben pagar. La competencia con las grandes fábricas, en esa situación, se vuelve prácticamente insostenible.
El sector de la economía autogestionada por sus trabajadores se ve en la actualidad por tanto extremadamente amenazado por quienes llevan adelante políticas neoliberales fronteras hacia adentro.
Del conjunto se destacan las iniciativas implementadas por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación (MDS), tales como el Plan Nacional de Desarrollo Local y Economía Social, los Proyectos Socioproductivos, el Programa de Inversión Social y el Programa de Ingreso Social con Trabajo. Hasta mediados de marzo de 2011, en el marco de estos programas y de los vinculados al Ministerio de Planificación fueron creadas 7.315 cooperativas de trabajo. En su implementación, el Ministerio de Desarrollo Social acuerda con los entes ejecutores (municipios, provincias, federaciones y/o mutuales) a través del INAES.
En la actualidad existen 27.730 cooperativas de trabajo a nivel nacional, de acuerdo a la información que brinda el INAES (sobre un total de 34.300 cooperativas de todas las modalidades, el 81% del total).
Ese total reúne a las conformadas tanto por los procesos mencionados e impulsados desde políticas gubernamentales y recuperación de empresas como por aquellas cooperativas que se constituyeron mediante el proceso “normal”, por el que un grupo de personas decide conformar una cooperativa de trabajo como una forma alternativa al trabajo bajo relación de dependencia, que acá denominaremos como cooperativas de trabajo “por elección” para distinguirlas de las provenientes de otros orígenes y procesos. De todos modos, inclusive la proliferación de estas cooperativas debe ser enmarcada dentro del impacto generado por el contexto socioeconómico que dio origen a las otras modalidades.
Palabras Poderosas
Las Poderosas toman la palabra, entre frascos de dulces y el mate que nunca falta y circula alrededor de la mesa donde envasan, pegan etiquetas, ordenan frascos según los gustos y entrecruzan miradas antes de soltar sus definiciones respecto del proceso cooperativo que han emprendido. Son mujeres de barrio, distintas, curtidas por las carencias, pero con ganas de ayudar, de ayudarse y de abrirse a propuestas que hasta hace poco no conocían.
Así, en pocas palabras, van expresando sus vivencias:
Melisa: “Estoy aprendiendo a compartir, a convivir con personas distintas a las de la familia. Nunca había estado con personas distintas, más que en la escuela. Además, estoy aprendiendo a hacer mermeladas, que no sabía. Me gusta el trabajo. Y rescato mucho la voluntad de cada una de nosotras de estar acá; porque acá venimos a trabajar porque nos gusta y por necesidad, porque tenemos necesidades…”
Clara: “Lo que a mí me deja el trabajo cooperativo es saber organizarme, ver lo que estamos haciendo cada una, y tener una idea, más allá del colegio y organizarme en las cuestiones personales. Yo que soy adolescente, por ahí no socializaba mucho con las demás personas del barrio, que a lo mejor estaban al frente de mi casa y yo no sabía qué les pasaba, qué necesitaban; como que había cosas que yo necesitaba y no le contaba a nadie”.
Lucía: “Lo que aprendí es a ser más compañera, más unida, y a ayudar al prójimo, a ser solidaria y a seguir aprendiendo”.
Patricia: “Lo que me deja es el compañerismo, y el hacer cosas juntas; dulces, huerta… estar juntas, unidas”.
Clara: “La experiencia cooperativa a mí me deja el aprendizaje de trabajar en equipo. Nunca había trabajado en equipo… es complicado, pero vamos aprendiendo, cada una tiene sus cosas, sus errores y sus aciertos, pero todas aprendemos de todas. Está bueno trabajar en equipo”.
