Ucacha - Astucia criolla para desorientar al enemigo

Astucia criolla para desorientar al enemigo

En diálogo con laRadio, el veterano Aldo Frontino recordó cómo el ingenio suplió la falta de recursos en Bahía Fox
martes, 14 de abril de 2026 · 08:30

Aldo César Frontino, oriundo de Ucacha, tenía apenas 18 años y cursaba sus primeros meses en el servicio militar cuando debió partir hacia las Islas Malvinas.

 En una charla con laRadio 90.1, el excombatiente recordó cómo se sintió en ese momento: “No sabíamos nada y no lo supimos hasta que llegamos a las Islas”. “Salíamos de Colonia Sarmiento con la idea de que íbamos a sacar a unos chilenos que habían tomado unas estancias en el sur... nos enteramos cuando subieron arriba los aviones”, explicó.

?Sin embargo, la sospecha de que el destino era otro comenzó antes de despegar, cuando recibieron un paquete misterioso. “Nos dan una caja cuadrada, pesada, envuelta en papel. Y nos dicen: ‘no la abran’. Lo primero que hice fue un agujerito; miré qué había dentro y había munición, pero verdadera, no de fogueo. Ahí empezás a pensar cosas raras, pero todo imaginado porque no sabíamos nada de nada”, relató Frontino.

Al aterrizar en Puerto Argentino el 2 de abril a las 10 de la mañana, la imagen de la pista despejada de maquinaria y el paso de los ataúdes del teniente Estévez y otros soldados que habían muerto “en la primera toma de Malvinas” le confirmaron que la guerra era real.

“Uno no estaba preparado para nada”, confesó. En la misma línea agregó: “Estaba haciendo el servicio militar. Era un chico de 18 años que dos meses antes estaba jugando y a los tres meses estaba en una guerra. Es muy loco, nunca en la cabeza mía entró eso”.

?Su destino fue Bahía Fox, donde junto a sus compañeros, todos cordobeses y provenientes de esta zona, debió adaptarse a condiciones extremas, viviendo 20 días en un cuartito de herramientas de un galpón antes de trasladarse a los pozos.

 “Yo viví 20 días durmiendo sentado. A lo último ya se te hinchaban las piernas, ya tenías que sacar los pies afuera y cuando llovía, se llovía todo adentro”, expresó Frontino.

 

El ingenio frente a la superioridad técnica

Ante la falta de armamento pesado para responder a los ataques constantes de la flota británica, los oficiales idearon una táctica de distracción: “Simulábamos tener cañones,  pero en realidad eran caños PVC que los iban acomodando... no teníamos nada más que los fusiles nuestros”.

Frontino explicó cómo estos señuelos atraían el fuego enemigo, protegiendo las posiciones reales de los soldados. “Los bombardeaban siempre. Ellos tiraban bengalas, el cielo se ponía naranja, ahí  sacaban fotos y de acuerdo a lo que veían empezaban el bombardeo”.

El excombatiente también recordó con humor amargo el momento de la rendición, y cuando otros descubrieron el engaño: “Viene un mayor a preguntarle al jefe nuestro por qué teníamos tantos cañones y él los lleva a verlos. Claro, cuando los lleva fue una tomada de pelo, los tocó y se caían todos”.

 

La lucha psicológica y el regreso

El frío, la humedad de dormir sentados y la constante vibración de la tierra por las bombas marcaron la psiquis de aquellos jóvenes. “¿Sabes lo que yo veía en algunos chicos?, que no había más brillo en sus ojos”, relató        Frontino.

En la misma línea, agregó: “Yo me convencía de que no era real y nunca pensaba dónde estaba porque si pensás dónde estás, hubo chicos que a los dos días se pegaron un tiro en el pie para pegarse la vuelta”.

Incluso, en los momentos más oscuros del bombardeo, cuando “veían cómo un gigante se venía acercando y la tierra empezaba a vibrar cada vez más”, admitió rezar pidiendo que, si le tocaba, fuera un impacto directo: “Siempre le pedía a Dios que cayera dentro del pozo la bomba...  le decía ‘no me dejes herido’”.

Tras la rendición el 14 de junio y un breve período como prisioneros, Frontino regresó al continente.

Recordó que la única vez que lloró fue al reencontrarse con un amigo en Puerto Madryn: “Estaba formado y me pega un grito un muchacho de 5 o 6 años más que yo con el que jugábamos al fútbol. Salí de la formación, me abrazó y lloró como si me encontrara con el nene de 18 años que se fue”.

“Fue una odisea llegar a Ucacha, íbamos todo a dedo y la gente nos traía”, expresó. A su vez, agregó: “Después lo pasé lindo en Ucacha, no me fui a ningún lado”. Sin embargo, luego sobrevino el silencio que duró más de una década.

Antes de cerrar la entrevista, el excombatiente mencionó que “siempre va a agradecer haber estado bajo las órdenes del subteniente Leandro Luis Villegas”, quien con apenas un año más de edad cuidó de ellos: “Fue una persona impresionante, lo que nos cuidó y lo que nos hacía sentir”.