Festejos Patronales en honor a San José
Alejandro Bossi, el cura que renovó la iglesia de un pueblo
Con motivo de las patronales de Ballesteros, el joven sacerdote oriundo de Justiniano Posse habló del desafío de promover una parroquia cada vez más sinodal, trabajando desde Cáritas y apostando por la recuperación de adiccionesEscribe: Iván Wielikosielek ESPECIAL PARA EL DIARIO
Desde que asumió como párroco de Ballesteros, hace ya cinco años, el padre Alejandro Bossi tiene una obsesión: restaurar el templo. Y uno podría pensar que ya lo consiguió, pues las mejoras edilicias fueron notables. Sin embargo, él piensa en una restauración más importante, y es la de su grey; ya que, al fin y al cabo, una parroquia es su gente.
“Si hay algo que renovó Francisco, y que ya estaba latente en el Concilio del Vaticano Segundo, fue ese concepto de “sinodalidad”; es decir, de “caminar juntos”, comenta. “Y estamos trabajando de este modo en nuestra parroquia, reuniéndonos permanentemente con Cáritas, catequesis, Infancia Misionera, la Comisión y la gente de Liturgia… Así que, entre todos, nos escuchamos y planteamos objetivos comunes para caminar juntos…”.

-Se dice que antes de tu llegada no estaba viniendo mucha gente a la iglesia…
-Sí, de eso me fui enterando de a poco porque, lamentablemente, no tuve la posibilidad de charlar con el padre Miguel Crippa. Su muerte fue muy repentina y nos tomó a todos por sorpresa. Pero muchos me manifestaron esa poca participación… De hecho, en el pueblo estaba lo básico, que era la catequesis, Cáritas y algún grupo de oración. Así que hemos tratado de potenciar esas actividades y generar otras nuevas.
-¿Por ejemplo?
-La catequesis, por ejemplo… A los chicos se les trata de dar un rol protagónico en la celebración; de hecho, los sábados tenemos la Misa de los Niños, donde ellos son monaguillos, leen el Evangelio y hasta hacen sorteos (risas). Y entonces sienten más entusiasmo. Además, ellos traen a los padres y parientes; y eso es muy bueno…
-Me decías de Cáritas, ¿cuál fue la renovación?
-Nuestra idea fue que Cáritas no se redujera a un ropero, sino que tuviera talleres de oficios, como macramé o manualidades. Así que la trasladamos del ferrocarril al Salón Parroquial. Las chicas, además, salen a visitar gente que tiene necesidad material o de compañía. También se hacen eventos recreativos para invitar a adultos mayores a socializar y compartir. No es la Cáritas que recibe, sino la que sale al encuentro...
-Contáme cómo es un día del padre Alejandro…
-Muy intenso (risas). Pensá que, además de Ballesteros, tengo a cargo la iglesia de Ballesteros Sud y la de Alto Alegre. Y entonces van surgiendo actividades propias de cada localidad. Hace unos días, por ejemplo, estuve en Alto Alegre planificando el año con las catequistas. Además, el obispo me designó asesor de La Fazenda de la Esperanza, en Morrison, donde hay unos 50 chicos en recuperación de adicciones. Así que voy una vez por semana a acompañar, hacer confesiones, hablar con ellos y celebrar la eucaristía…
-Pero el trabajo de La Fazenda no se termina en Morrison…
-No, claro… De hecho, decidí abrir una casa de reinserción en Villa María para los chicos que terminan el tratamiento y aún no tienen trabajo. Conseguimos una en comodato, donde ellos están un año entero y luego se los acompaña en el proceso de inserción laboral y social. Y eso me tiene yendo y viniendo todo el tiempo…
-La intendenta ha trabajado intensamente en recuperación de adicciones también…
-Sí, Graciela (Sánchez) ha brindado mucha ayuda a La Fazenda. Y es que, al no tener aporte del Estado, la casa se maneja con la cuota que pagan los chicos, las donaciones de privados y la ayuda municipal. Hubo situaciones puntuales en las que necesitamos de transporte o mercadería y la Municipalidad de Ballesteros ha sido incondicional. Pero también encargándonos trabajos, ya que muchos chicos trabajan muy bien en madera tallada con gubia. Ellos han hecho carteles para la iglesia y la Plaza Papa Francisco, que se acaba de inaugurar en el pueblo. Así que, de alguna manera, el municipio ha sido pionero en la inserción laboral de estos chicos...”
-¿Qué significó el Papa Francisco para el padre Alejandro?
-Para mí, Francisco fue un regalo de Dios; una figura que, con su radicalidad y su ejemplo marcó el ministerio para siempre. Había acentos que nosotros ya los veníamos viendo en la formación del seminario, pero escucharlo a él leer sus encíclicas o presenciar sus exhortaciones pastorales, para mí, fue un antes y un después.
-Más allá de tu trabajo sinodal, hoy el pueblo está orgulloso de cómo luce su iglesia…
-Es que, desde su fundación, nunca se le había hecho un arreglo integral. Su restauración se pudo realizar gracias al esfuerzo de todo el pueblo... Por suerte, además de los albañiles, contamos con la ayuda de muchos chicos de La Fazenda; ellos pusieron lo mejor de sí… Pensá que hubo que entrar con una grúa y debimos pedir andamios de 17 metros para enmasillar y pintar la cúpula. Al terminar la obra, con los albañiles y los chicos de La Fazenda comimos un asado en la nave principal. Fue hermoso para todos.
Y el padre Alejandro sonríe en la puerta de la Iglesia. Pero su risa no se debe (adivino) a las mejoras edilicias realizadas 80 años después de la inauguración de la Iglesia, sino a esa comida en la nave central del templo, a ese asado con los albañiles y chicos de La Fazenda que, dos mil años después, renuevan el viejo banquete al que fuimos invitados.
