DÍA DEL CAMINO - Una estructura que resultó fundamental para unir Villa María y Villa Nueva con Arroyo Cabral
El puente Andino cumple 90 años
Escribe:
Leo Ambrossino ESPECIAL PARA ELDIARIO
Para el viajero actual recorrer los 17 km que separan a Arroyo Cabral de Villa María por la Ruta 158 es un trámite de pocos minutos. Sin embargo, la historia vial de este rincón cordobés está plagada de confusiones geográficas, que el paso del tiempo terminó por instalar como verdades. Al cumplirse un nuevo aniversario de la inauguración del Puente Carretero Andino -ocurrida el 5 de octubre de 1936- los documentos de archivo abren las puertas a una crónica que echa luz sobre cómo nos movíamos en la región.
Tres leguas de “malos caminos”
Para entender el mapa de finales del siglo XIX hay que derribar la idea de que Villa María era el centro de gravedad absoluto de la zona. Los primeros habitantes de Arroyo Cabral mantenían sus principales relaciones comerciales y sociales con Villa Nueva. La comunicación con aquella histórica población se realizaba en vehículos a tracción a sangre, tras recorrer tres leguas de malos caminos, una huella precaria que se agravaba en el “camino de los zanjones”, que demandaba horas de carruajes, entre guadales y pantanos.
En cambio, el vínculo con Villa María era de naturaleza completamente distinta: a la Villa joven no se iba en sulky por la Ruta Provincial 1 , sino que se viajaba casi exclusivamente por vía ferroviaria, aprovechando las frecuencias del tren.
El viaje a tracción a sangre
Para los habitantes de Arroyo Cabral, el tránsito hacia Villa María a finales del siglo XIX, distaba mucho de la comodidad actual. En 1873 con la flamante inauguración del ramal del Ferrocarril Andino, el aumento de la comercialización de las cosechas, forrajes y ganadería, en la zona, hizo que el flujo de carruajes, chatas y berlinas se intensificara notablemente. Aunque el trayecto por la antigua Ruta Provincial 1, no era más que una sucesión de huellas irregulares marcadas en la tierra.
Viajar en carruaje implicaba sortear lodazales y guadales, según la estación del año. Para llegar, inevitablemente, al río Tercero o Ctalamochita, en que se desnudaba la ausencia de un viaducto carretero, y cuya travesía exigía pericia, obligando a los viajeros a recurrir a los pasos naturales poco profundos. Históricamente, el cruce se consolidaba en el Paso de Ferreyra, que estaba ubicado ya en la zona de Villa Nueva, el vado natural que usaban las carretas coloniales y las Postas en el Camino Real, o mediante precarias balsas y chalanas cuando el cauce experimentaba crecidas.
En 1881 se inauguró el puente Dalmacio Vélez Sarsfield, con estructura de hierro traída de Francia, que fue un viaducto diseñado exclusivamente para el lazo comercial y social de la microrregión, uniendo los cascos urbanos vecinos de Villa María y Villa Nueva, estando ubicado aguas arriba. Por debajo del cual discurre el río Ctalamochita que provocaría grandes inundaciones en los años 1919, 1921 y 1924, y caídas de partes de su estructura.
Una aclaración histórica
Existe una confusión recurrente que vincula la construcción del puente Andino en 1936 con el colapso del emblemático puente Vélez Sarsfield. Desde el rigor de los archivos es necesario precisar que ambas estructuras respondieron a realidades territoriales diferentes. Las roturas del Vélez afectaban el pulso vecinal, pero no el trazado vial de las rutas nacionales.
Cuando a fines del siglo se empezó a delinear formalmente la Ruta Provincial 1, el punto del cruce del río Ctalamochita en los mapas se desplazó unos kilómetros aguas arriba, hacia el sector del Ferrocarril Andino.
El puente Andino ubicado en el actual km 155 de la Ruta 158 (actual denominación) nació bajo una visión de conectividad de escala nacional. La gran obra de hormigón armado habilitada en octubre de 1936, por la Dirección Nacional de Vialidad dio continuidad definitiva al corredor de carga hacia Cuyo y el Litoral.
Los archivos indican que para 1891 ya se utilizaba un paso carretero rústico, una pasarela de madera y metal, adosada o paralela a las mismas estructuras de las vías del tren. Los carros a tracción a sangre no esperaron a 1936, cruzaban el Andino compartiendo el espacio con la locomotora, desafiando el barro de los accesos y los guadales de la vieja Ruta 1.
Lo que ocurrió en 1936 no fue la invención de un cruce nuevo, sino la jubilación definitiva de la tracción a sangre. Ese día el flamante puente inaugurado por la Nación, les dio un piso sólido a los primeros camiones de gran porte y autos particulares, consolidando el perfil productivo de Arroyo Cabral y toda la región.
Hoy, que estamos a un paso que el tránsito internacional se desvíe por la moderna Variante de Paso y los camiones crucen por un monumental viaducto de cuatro carriles, el puente Andino sigue en pie. No es solo un bloque de cemento sobre el Ctalamochita, es el testigo silencioso de una historia de huellas, trenes y carruajes que forjó nuestra identidad regional y que los archivos permiten contar de manera justa.
Documentar el pasado de un tramo de la Ruta 158, a través de sus puentes, no es solo recordar fechas, es reconocer el esfuerzo de los pueblos chicos como Arroyo Cabral, que forjaron su identidad transitando e integrando activamente la región.
