BALLESTEROS - Una mirada de la localidad desde el sector educativo

“Hoy es un lugar para quedarse”

Santiago Arroyo es director del IPET 139 General Manuel Belgrano. Habló del aumento exponencial en la matrícula, de las especialidades que pueden cursarse (Informática e Industrias de Procesos) y la reconversión del viejo bachillerato en escuela técnica, en consonancia con la demanda laboral del pue
lunes, 18 de noviembre de 2024 · 08:30

Escribe: Iván Wielikosielek

 

Veinte años atrás (y, acaso, diez también) el primer mandamiento para los egresados en Ballesteros era el éxodo. “Tenés que irte a otro lado porque acá no hay nada”, decían. Sin embargo, contra todos los pronósticos, algo empezó a cambiar en los últimos años. Y no es exagerado decir que el colegio secundario ha sido uno de los principales responsables.

“Hoy, con 435 estudiantes, 80 docentes, 19 divisiones en dos turnos y dos especialidades, estamos asistiendo al momento de máxima expansión de nuestra escuela -comenta Santiago Arroyo, director del IPET 139- De hecho, y muy lejos de que nuestros estudiantes se vayan a estudiar a Villa María o Bell Ville, es de esas ciudades desde donde vienen acá”.

Sin embargo, este presente en la educación media de Ballesteros no surgió de la nada, sino que hubo un proceso previo que llevó varias décadas; desde la fundación de la Escuela Superior de Comercio General Belgrano, en 1960, a la conversión en IPEM (Bachiller), y la metamorfosis final en escuela técnica en 2010.

-O sea que los chicos ya no se tienen que ir del pueblo para hacer una especialización o conseguir trabajo…

-Exacto. Y esa es, precisamente, la idea… Hay mucho trabajo acá, no solo en la parte industrial donde contamos con tres fábricas de cadenas, dos plegadoras y dos fábricas de implementos agrícolas, sino también que hay nuevos proyectos como el Grupo Ecológico Voluntario de Ballesteros, que desde la Municipalidad está reciclando plástico…

-Sin embargo, no todos los egresados del IPET 139 trabajan en Ballesteros…

-No, pero muchos lo hacen en la zona, en la fábrica de quesos de Heroles de Ballesteros Sud, por ejemplo, o en el Parque Industrial de Villa María. Sin embargo, esos chicos se siguen quedando acá… Prefieren viajar antes de irse, porque el pueblo te ofrece un montón de cosas también; una de ellas, es la educación de calidad para sus hijos…

-¿Tu generación la tuvo más difícil?

-Totalmente… Cuando yo egresé, en 2004, había muy poco trabajo en el pueblo, y no había oferta educativa pensada para la demanda laboral concreta. De hecho, yo me anoté en un montón de carreras en Villa María que luego iba dejando… Enfermería, Instrumentación Quirúrgica, Técnico de Hardware… Hasta que Yamila, mi pareja, me empujó a que terminara algo de una vez… Ella es profesora de Educación Física en la escuela. Y trabajar con ella y su mamá, que había sido mi preceptora, era como un sueño. Así que me recibí de Técnico Superior en Informática, en Bell Ville...

-¿Y qué hiciste después?

-Apenas tuve el título le pregunté a Carina Muñoz, que era la directora de la escuela, si había trabajo. Ella me dijo cómo debía presentar los papeles así que lo hice, y en 2012 me salió un cargo interino… Pero al año siguiente quedé titular y fue lo mejor que me pasó en la vida…

 

Tercera especialidad y la ampliación edilicia

-Y al poco tiempo te nombran director…

-Sí… Tenía 35 años… De hecho, soy el director más joven en la historia del colegio, lo que es un orgullo… Fue un momento difícil y a la vez maravilloso, porque en 2022 se jubiló nuestro director, Ricardo Parino, estábamos en plena pandemia y acababa de nacer nuestro hijo Alfredo… El colegio se estaba reformulando y no sabíamos cómo nos iba a ir tras el Covid…

-Según los números, parece que los planetas se alinearon…

-Por suerte, sí… Pero quería decirte que en esto hay muchísimo mérito del municipio también. Hablo de las dos gestiones, la de Orlando Brusa y la actual de Graciela Sánchez de Martellono… Ellos están colaborando todo el tiempo con la escuela y siempre tuvieron al pueblo como prioridad, igual que nosotros. De hecho, junto al municipio y la cooperadora pudimos inaugurar un SUM (Salón de Usos Múltiples).

-¿Qué les estaría haciendo falta en el colegio?

-Muchas cosas… Y hoy, cuando de Provincia apenas si nos bajan el dinero para pagar los sueldos, cualquier arreglo corre por nuestra cuenta… A nivel edilicio, la escuela nos está quedando chica, esa es la verdad… Porque además prevemos un crecimiento de matrícula para los próximos años, ya que nuestra oferta es gratuita y de calidad… Cuando yo egresé éramos 300 alumnos y hoy tenemos 435. Además, en el pueblo había 5.000 habitantes y el último censo arrojó 6.500… Todo está quedando chico en Ballesteros…

-¿Un desafío en lo institucional?

-Queremos anexar una tercera especialidad, la de bioagroindustria, para seguir apostando por el crecimiento del sector socioproductivo en el pueblo y que los chicos no se tengan que ir. Hoy, Ballesteros es un lugar para quedarse. Y yo creo que la gran mayoría de los jóvenes lo está entendiendo así.