ARROYO CABRAL - Historia de dos vecinos talentosos
El arte en las manos y el cuchillo envainado
Marina Bettini, con el cuero, y Mario Laggiard, con el metal, son artesanos a quienes la vida les demostró que no hay obstáculos si no desafíos para superarseEscribe Soledad Santa Cruz PASANTE UNVM
Arroyo Cabral tiene a dos personas cuyo arte se destaca más allá de los límites de la localidad.
Marina Bettini y Mario Laggiard trabajan el cuero y el metal, respectivamente, para transformarlo en obras artesanales que muchos elogian.
Para Marina, el oficio de la soguería criolla fue un desafío ya que, si bien tiene “compañeros que le enseñaron todas las técnicas”, es un rubro donde “hay mucho egoísmo”.
A Mario, fue un accidente vial lo que le permitió redescubrirse ya que “no sabía que era capaz de hacer este tipo de trabajo”.
Juntos trabajan forjando cuchillos y diseñando su correspondiente vaina. Dos historias, donde la destreza, dedicación y la inventiva se mezclan en un matiz que se escapa a través de sus manos.
“No me creían”
Marina Bettini tenía 19 años cuando comenzó a desarrollar el arte de la Soguería Criolla, oficio que adquirió por su relación al campo y su afición a los caballos.
Entre sus trabajos artesanales, Bettini mencionó todo lo relacionado a la guarnición de caballerías, como “riendas, cabezadas y bozales”.
También diseña cintos, billeteras y las vainas de los cuchillos que Mario Laggiard fabrica. El trabajo “es por encargo, generalmente son clientes fijos relacionados al campo o personas que vienen a buscar algo particular”, comentó la especialista en soguería.
Para llevar a cabo su tarea, Bettini emplea el cuero en crudo, una vez faenado.
De esta manera puede “estaquearlo” para sacarle el pelo y dejar que se seque.
A partir de ahí la soguera explicó que el cuero queda como “una chapa”.
Para evitar que se quiebre debe proceder a “sobarlo con grasa para el proceso de ablandado durante varios días”. Dependiendo el espesor del cuero, “se define para qué trabajo se va a emplear”, aclaró Bettini.
La soguería criolla es un oficio donde Bettini supo posicionarse, ya que según ella “es un rubro donde hay bastante egoísmo”, pero ha sabido resolverse siendo “autodidacta”, aprendiendo y perfeccionándose.
Si bien pudo contar con compañeros que le enseñaron todas las técnicas, no deja de haber un cierto grado de machismo, tal es el caso que le tocó vivir en la Fiesta Nacional de las Artesanías, en Colón, Entre Ríos. Allí Bettini recordó “que no le creían” que ella era la que hacía los trabajos. En el país hay “unas ocho mujeres que se dedican a esto”, resaltó la especialista en soguería.
Los eventos y las redes sociales son el canal por donde se promociona y vende sus productos. Bettini participa desde 2012 en la Sociedad Rural Argentina, en el concurso El Cuarto de la Soga.
“Tengo cinco menciones en este evento en distintos años”, destacó la soguera, una mujer que, sin dudas, ya es conocida en el rubro.
“Algo en mí que no estaba”
Hace 12 años, Mario Laggiard abrió su taller de artesanías, donde el tallado de madera era el principal atributo de sus productos: relojes, percheros, cartelería y tablas de asado son algunos de los trabajos que ofrecía.
Luego fue dejando estas artesanías y se dedicó de lleno a los cuchillos. “Hace unos 5 años empecé comprando hojas y encabando”, comentó Laggiard, que luego comenzó a fabricar sus propias hojas.
Hoy crea cuchillos, trabajando el metal en combinación con la madera, hueso, cuernos y materiales sintéticos.
Todo comenzó con un accidente en octubre de 2005, que lo dejo hemipléjico y en silla de ruedas. Al darse cuenta que no podía continuar con su trabajo normal, en tareas rurales, buscó una alternativa.
“El accidente me hizo despertar algo que yo no sabía que tenía”, recordó Laggiard. Y si bien tiene familiares con experiencia en el trabajo artesanal, “no sabía que podía hacer esto” resaltó el artesano cuchillero.
Así llegó la idea de hacer dos talleres de capacitación, uno de tallado de madera y otro de computación, ambos en la Casa de la Cultura en Arroyo Cabral. Con el taller encontró lo que buscaba, no solo como fuente de trabajo sino también algo que lo hace “realmente feliz”, destacó Laggiard.
Tallar madera y la cuchillería implican una labor de capacitación continua. Si bien la pandemia frenó la posibilidad, la idea según el cuchillero es tomar “capacitaciones en Río Cuarto para perfeccionamiento y mejorar la calidad”.
En una suerte de sociedad, trabaja en conjunto con Marina Bettini, quién le diseña las vainas que protegen y ornamentan los cuchillos que Laggiard fabrica. La promoción de estos productos se hace a través de las redes sociales de la especialista en soguería criolla.
“Marina es la mejor soguera que conozco de Córdoba y del país”, resumió Laggiard, otro cabralense que deja su impronta en el arte.
