OLIVA - Dos muestras: “Plástica” y “Mujer escucha”

La olivense Adriana Gatti expone en el Museo de la Mujer en Costa Rica

La artista tiene en exposición las obras que componen “Plástica” y “Mujer escucha”, con su impronta de materiales reciclados convertidos en expresiones diversas a partir de la imagen de la mujer y situaciones disímiles
domingo, 7 de junio de 2020 · 10:56

“Mi interés es transformar hasta lo inesperado materiales de desecho: plásticos, alambres, telas, fibras, restos vegetables encontrados en las sierras, el río o la llanura, que son los espacios que habito desde siempre y veo degradarse”, dijo a modo de reseña de su exposición la artista olivense Adriana Gatti. De esta manera ratificó un estilo que ya la hizo trascender fronteras, como ahora exponiendo dos muestras en el Museo de la Mujer, en Costa Rica, con “Plástico” y “Mujer escucha”.

Respecto a  su impronta, agregó: “Me gusta ver cómo se transforman cuando los ato, calo, tuerzo, coso y, principalmente, cuando los someto a diversas fuentes de calor. Me interesan los volúmenes, por lo cual todo me lleva a la construcción de esculturas, y me interesa el universo femenino y el mundo de la costura cuyas técnicas y resultados traslado a mi obra”. “Aunque soy consciente de que el uso de desechos algo tiene para decir y significa por sí mismo una toma de posición ante los materiales y en relación al contexto, considero que mi objetivo, aunque la incluye, va más allá de la denuncia, llevada como estoy por la fascinación que esos materiales me producen, el descubrimiento de la belleza que esconden, una belleza que -lo compruebo cada día- reside también en las cosas que habitualmente despreciamos”, agregó Gatti, apuntando a lo que refiere a “Plástico”.

 

Hilo rojo

Respecto a “Mujer escucha”, repasó: “Ñata me regaló una caja de medias de seda. Aunque maravillada por lo que representan para mí, también las vi vacías, sin “ellas” y ese fue el disparador de la serie Mujer escucha. Mujer y Violencia. Titulares de sangre en los periódicos, el dolor y la necesidad de que nunca más una de “ellas” muera. Entonces bordé en la seda palabras en hilo rojo, rojo sangre, rojo pasión, de carga mensual y uní las medias como si fueran banderines, como si se tratara de un batallón. En Argentina cada treinta horas muere una mujer por violencia de género”.

 

Biografía 

“Nací en Oliva, un pueblo de la llanura cordobesa, una isla en medio del campo, de horizonte amplio, cielo celeste y estrellas brillantes (ahí también nacieron mis hijos). Hace unos años que vivo en Santa Rosa de Calamuchita, un paraíso en las sierras cordobesas: montañas, río, piedras, senderitos en los montes... y lo mágico: las estrellas. Ahí, al alcance de las manos”, describe Gatti sobre sus orígenes y el lugar donde reside. Explicó que “desde niña” le “apasionaron las agujas, hilos, lanas, telas (esas que mi madre usaba) y el costurero (que a mis ojos de niña representaba un cofre cargado de tesoros), de ella, tías y abuela aprendí las primeras puntadas”. “Aun siendo muy niña me atreví a coser y tejer para mí y las muñecas”, añadió. Indicó que también le “maravillaba ver las formas (a veces fantasmagóricas) de las nubes, las manchas de  humedad, las sombras de las plantas sobre la pared formando tramas, tramas que también hoy aparecen en mis obras. Todo ese amasijo se transformó en pasión por el arte; siendo joven incursioné en la pintura, libros, museos, exposiciones fueron mi guía, hice talleres con excelentes profesores, clínica de arte con artistas y críticos de arte”.

“Me interesa investigar, me serví de la naturaleza para crear tintes naturales, hacer papel, masa para modelar y eso me llevó al volumen (en arcilla, telas, papel, alambre, vegetales) hasta que apareció el plástico: una botella de agua mineral... “Encuentro fortuito” (como decían los surrealistas) entre una fuente de calor y aquella botella de agua, hasta que el fuego hizo lo suyo y dio comienzo a otra etapa, el reciclado”, contó. También recordó: “Mi madre reciclaba, sin saber que lo estaba haciendo. Es más, no se hablaba de cuidar el medioambiente. Ella solo tenía una consigna, que la hice propia, de que nada se tira/desperdicia. Sus manos todo lo transformaban amorosamente devolviéndoles la vida”.

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