Breve reseña de Ana Zumarán
De su historia rodeada de flores
Ana Zumarán es un nombre íntimamente ligado a la historia. Como dijo el gran maestro Raúl Antonio Torriglia, es un “mojón de la historia cordobesa”; dado que fue la esposa del primer gobernador de la provincia de Córdoba, Ramón J. Cárcano.
El dirigente fue elegido bajo la Ley Sáenz Peña, en las elecciones del 17 de noviembre de 1912 y ocupó el máximo cargo en Córdoba por dos períodos, no consecutivos.
En honor a su esposa bautizaron la Estación Ana Zumarán, quedando con ese nombre la comuna que se fundó en tierras que eran propiedad del mismo Cárcano. Esta monumental herencia de apellidos lleva esta comunidad.
Está todavía fresco en la memoria el recuerdo de aquel 4 de octubre cuando se inauguró la Estación Ana Zumarán, doña Elena Pintado de Batagñia ya vivía en el lugar junto a su familia, “Los trenes llegaban desde todas partes de la geografía cordobesa y otros lugares de la Patria, invitados por el gobernador, la tierra que rodeaba la Estación estaba adornada con jardines llenos de flores de aquella época, conejitos, pajaritos, alelíes y margaritas. Se había edificado la casa para el jefe de la estación y otra para el capataz de la cuadrilla, que recorría el riel con una zorra para inspeccionarlas. Los vecinos vivieron algo jamás visto y nunca olvidado. Nunca habían visto a tanta gente, y la banda inició la apertura.
Entre esta gente estaban los niños de las primeras familias que poblaron el lugar, entre ellos los Boeris y los Pintado. Un galpón bien grande fue una de las primeras edificaciones del lugar. En él vivían don Egidio Bobato, su señora llamada Asunta y un hijo llamado Walter, que tenían el negocio de ramos generales que surtía de mercadería a los pocos habitantes de la comuna y la colonia, donde se encontraba desde un par de alpargatas, la mecha de un farol hasta el Geniol para el mal de la testa (cabeza) que así le decía el que hablaba todavía en italiano. El tren les traía las bordalesas de vino y aceitunas, las bolsas de sal y harina. También, allí, habían edificado su casa don Juan Boeris casado con María Torasso, llegaron los Pintado Gómez, la familia Cura, los Borzatto, los Róvere. La familia Pintado tenía una carnicería, carneaban al animal al atardecer porque no había heladeras para conservar la carne, y a la madrugada salían en un carro a venderla por los parajes del campo, a veces en los campos en el portón de entrada había colgada una fiambrera y ellos le dejaban la carne adentro, y seguían viaje hacia otro campo. En casa de doña Carmen Gómez de Pintado ocupaban una maestra ya que no había sido fundada la escuela todavía, y pagaban entre todos los padres que mandaban a sus hijos”.
