Doce familias recuperan la identidad de sus seres queridos luego de décadas de incertidumbre
Los doce desaparecidos encontrados en La Perla
Entre los casos se encuentran trabajadores, estudiantes y un vecino vinculado a Villa MaríaA casi cinco décadas del golpe de Estado, la Justicia Federal, en un trabajo conjunto con el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), comunicó un avance significativo en las causas por delitos de lesa humanidad.
Este miércoles, el Juzgado Federal N°3, a cargo de Miguel Vaca Narvaja, oficializó la identificación de 12 personas que permanecían desaparecidas y cuyos restos fueron hallados en el predio donde funcionó el centro clandestino de detención “La Perla”. Los restos óseos habían sido recuperados durante diversas tareas de excavación realizadas a lo largo del año 2025, iniciando entonces un riguroso proceso de análisis en los laboratorios de genética forense que finalmente permitió devolver la identidad a las víctimas.
Sus historias
El informe técnico detalla las trayectorias de vida de quienes fueron identificados, reflejando un amplio espectro de la sociedad civil afectada por la represión. Entre los nombres confirmados se encuentra Ramiro Sergio Bustillo, un obrero y estudiante de ingeniería de 27 años oriundo de Mendoza, y José Nicolás Brizuela, un abogado de 50 años que también se desempeñaba como obrero al momento de su secuestro. A ellos se suman los casos de Raúl Oscar Ceballos Cantón, joven de 23 años capturado en el barrio Altamira, y de Carlos Alberto D’Ambra, un profesor de educación física de 23 años nacido en Alta Gracia, quien según diversos testimonios fue visto en los centros clandestinos de Campo de la Ribera y La Perla antes de su desaparición final.
La lista de identidades recuperadas también incluye a Alejandro Jorge Monjeau, estudiante de arquitectura marplatense de 21 años, y a Mario Alberto Nívoli, un ingeniero químico de 28 años que fue secuestrado en su domicilio en febrero de 1977. Asimismo, fueron identificados Elsa Mónica O’Kelly Pardo, quien tenía apenas 18 años y estudiaba arquitectura; Oscar Omar Reyes, un obrero metalúrgico de 45 años y padre de cinco hijos; Eduardo Jorge Valverde Suárez, abogado mendocino de 36 años secuestrado el mismo día del inicio del golpe; y Sergio Julio Tissera, trabajador aeronáutico de 32 años. Asimismo, a pedido de una de las familias, uno de los nombres no fue difundido públicamente.
Las hermanas Carranza
Uno de los aspectos más singulares y técnicamente complejos de este proceso de identificación fue el vinculado a las hermanas Adriana María y Cecilia María Carranza.
Eran mellizas, tenían 18 años y cursaban estudios universitarios cuando fueron secuestradas juntas en mayo de 1976 en una pensión del barrio General Paz. Los especialistas del EAAF lograron determinar fehacientemente que uno de los restos óseos recuperados pertenece a una de las hermanas. Sin embargo, debido al estrecho vínculo genético que caracteriza a los gemelos y mellizos, la ciencia forense no pudo precisar con exactitud a cuál de las dos pertenecen los restos.
El alivio de las familias
El proceso de identificación se realizó a partir del cotejo de los restos con muestras genéticas aportadas por familiares de desaparecidos. El trabajo fue llevado adelante por el Laboratorio de Genética Forense del EAAF, con la colaboración de organismos judiciales y especialistas.
Durante la conferencia de prensa, los familiares destacaron la importancia del hallazgo. Rodolfo Reyes, hijo de una de las víctimas, expresó:?“Un agradecimiento con el corazón, porque lograron darnos lo que nos quitaron. Tener la certeza de lo que pasó con nuestro padre, aunque sea con mínimos restos, para nosotros es un alivio”.
Silvana Turner, investigadora del EAAF, aprovechó la oportunidad para recordar que la labor de identificación es un proceso abierto y continuo. En este sentido, hizo un llamado público a todas aquellas personas que tengan familiares desaparecidos y que aún no hayan aportado su perfil genético para que se comuniquen con la institución.
El segundo, vinculado con Villa María
José Nicolás Brizuela se convirtió en la segunda persona identificada en el marco de los hallazgos en “La Perla” con un vínculo directo con Villa María, siguiendo el precedente de Eduardo Jorge “Tero” Valverde, el abogado mendocino que ejerció su profesión en dicha ciudad.
Aunque Brizuela era oriundo de Deán Funes, su historia echó raíces en la localidad a través de su hija Sonia, quien eligió Villa María para “formar su familia, sostener su memoria y continuar su legado”, según expresaron desde la Secretaría de Desarrollo Humano y Territorio municipal a través de un comunicado.
Al momento de su secuestro, ocurrido el 24 de octubre de 1977 cuando tenía 50 años, Brizuela era trabajador de EPEC, delegado del Sindicato de Luz y Fuerza y militante del Partido Comunista. Padre de Sonia y Roberto.
Actualmente, su recuerdo es preservado por el Programa Municipal de Historia Oral y Memorias locales, donde se han difundido fragmentos de su historia en la voz de su propia hija.
Nueva etapa de búsqueda
Tras el anuncio, el juez Vaca Narvaja adelantó que en los próximos meses iniciará una nueva fase de excavaciones en un sector de tres hectáreas conocido como “Loma del Torito”, dentro del mismo predio donde funcionó La Perla entre 1976 y 1978.
El objetivo es continuar con la recuperación de restos y avanzar en la identificación de otras víctimas del terrorismo de Estado.
