Cámara del Crimen

Condenado por amenazar a la madre reveló la difícil historia de su vida

La causa debatida ayer en la Cámara del Crimen de Villa María planteó una duda: ¿Carlos Sebastián Heredia (29) habría sido capaz de cumplir las amenazas contra su madre, o en realidad era víctima de su progenitora, que lo maltrató desde muy pequeño?

La jueza Eve Flores resolvió que merecía la condena de un año de prisión, la que, acumulada con otra anterior por robo y amenazas, terminó en tres años de cumplimiento efectivo.

La pena fue la que pidió el fiscal Francisco Márquez, quien detalló en su alegato que la denuncia presentada por la progenitora era creíble y que estaba sostenida por testimonios de otros familiares.

Sin embargo, la defensora pública Ivana Castoldi relató un panorama completamente diferente. Dijo que la madre de Heredia aseguró que el 24 de septiembre de 2025, a las tres de la tarde, fue amenazada por su hijo.

Sin embargo, la jefa de Heredia en la cooperativa de trabajo, dedicada a tareas de limpieza en espacios municipales y privados, aseguró que, a esa hora, el ahora condenado estaba trabajando.

Sumó la lectura de una carta de apoyo de sus compañeros del lugar donde se desempeñaba laboralmente (CAPS del barrio San Martín), quienes destacaron el compromiso y la responsabilidad del acusado, pero también el aporte a la buena convivencia del equipo.

Y agregó que la madre de Heredia está atravesada por problemas de salud mental, los que motivaron que, cuando su hijo  tenía apenas 12 años de edad, fuera retirado por la Justicia del hogar por sufrir maltratos.

Las dos perspectivas de la historia pusieron a la magistrada en una encrucijada. Terminó en condena.

 

Drogas y robo

En otro juicio realizado ayer en la Cámara del Crimen, con los mismos funcionarios judiciales, fue condenado a cuatro años de prisión Alejandro Manuel Priarollo (30) por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización (2017) y por robo agravado por uso de arma en grado de tentativa (2024). Fue un juicio abreviado en virtud de la confesión del hombre, quien carece de antecedentes penales.