Juicio a puertas cerradas en la Cámara del Crimen de Villa María

Doce años de cárcel para confeso abusador sexual

Rafael “Petete” Cantón reconoció haber violado a una mujer en cercanías del Campus de la UNVM. El ataque se produjo al atardecer del 5 de agosto de 2024, cuando la víctima caminaba por avenida Jauretche, mientras realizaba actividad física
miércoles, 22 de abril de 2026 · 08:40

La jueza Edith Lezama le impuso una condena de 12 años de prisión de cumplimiento efectivo a Rafael Alberto Cantón (41), luego de declararlo autor penalmente responsable de “abuso sexual con acceso carnal, agravado por el grave daño en la salud mental de la mujer”, que tuvo como víctima a una villamariense.

El grave hecho delictivo ocurrió alrededor de las 18.30 del lunes 5 de agosto de 2024 en un descampado próximo al Campus de la Universidad Nacional de Villa María, donde la joven mujer, de aproximadamente 30 años de edad, fue atacada sexualmente por Cantón, quien además le robó el teléfono celular.

El estremecedor caso alcanzó notoriedad pública un mes después, a partir de una nota periodística titulada “Me siento muerta”, en la que la víctima contó en primera persona el horror que había padecido aquel día (ver nota).

El lunes, a poco de iniciada la audiencia, Cantón, alias “Petete”, no solo declaró sobre condiciones personales, sino que además se declaró culpable de la violación y otros 11 delitos (en su gran mayoría, contra la propiedad) que había cometido durante el transcurso de 2023 y 2024.

El último fue, justamente, el ataque sexual perpetrado en la calle Ángel Benito Cámpora, que corta la avenida Arturo Jauretche, entre la prolongación del bulevar España y la ruta nacional 9.

Para más datos, muy cerca del lugar donde la mujer fue abusada, en las primeras horas de la madrugada del pasado 1 de enero, Tomás Ariel Mulinetti (23) asesinó a puñaladas a Delfina Aimino (22), en el primer femicidio de 2026 en todo el territorio nacional.

 

“Estoy arrepentido”

Al comparecer en forma presencial en la sala de la Cámara del Crimen local, Cantón admitió su responsabilidad en cada uno de los episodios delictivos que se le atribuían (por hechos de “robo”, “encubrimiento” y “abigeato calificado”, entre otros), además del abuso sexual, manifestando que estaba “arrepentido” por el daño causado y que no le iba a alcanzar “la vida para pedirle perdón” a la mujer que violó.

A pesar de la confesión lisa y llana del acusado, el juicio no fue abreviado porque la Fiscalía, la Querella y la Defensa no se pusieron de acuerdo en el monto de la pena y en un aspecto de la calificación legal.

Luego de escuchar la declaración de Cantón, las partes coincidieron en incorporar “por lectura” toda la prueba colectada en el expediente, motivo por el cual no se recepcionaron testimonios en el recinto del quinto piso del Palacio de Justicia.

Francisco Márquez, fiscal de la Cámara del Crimen local. Durante su alegato mantuvo la acusación y pidió 12 años de prisión (foto de archivo)

 

Ronda de alegatos

Al momento de pronunciar sus alegatos, el fiscal Francisco Márquez mantuvo la acusación original y solicitó una pena de 12 años de cárcel para el acusado, mientras que la abogada Florencia Vottero, quien intervino en el proceso como querellante (representó a la víctima en calidad de acusador privado), reclamó una sanción de 15 años de prisión.

Por último, el letrado defensor Joaquín González consideró que su cliente debía ser condenado a seis años por “abuso sexual con acceso carnal”, es decir sin la agravante del “daño en la salud mental” de la víctima, y además porque carecía antecedentes penales; subsidiariamente, solicitó que se le impusiera el mínimo previsto por el Código Penal, es decir ocho años de cárcel.

Al dictar sentencia, la jueza Lezama aplicó la condena requerida por el fiscal de Cámara, e incluyó en el veredicto que el condenado sea sometido a tratamiento psicológico y/o psiquiátrico durante el tiempo que permanezca privado de la libertad en la cárcel de barrio Belgrano, ya que se trata de un convicto adicto que era al alcohol y a las drogas, principalmente la cocaína, además de su inconducta sexual.

 

Detalles de la causa

Rafael Cantón nació en Villa María el 3 de noviembre de 1984 y registra domicilio en calle Deán Funes al 800, en barrio La Calera. Es soltero, tiene un hijo adolescente, posee estudios primarios completos y al momento de ser detenido se ganaba la vida realizando tareas de albañilería, aunque también solía trabajar en un cortadero de ladrillos ubicado detrás de la autopista.

Por otra parte, como se trata de un convicto primario, con buena conducta y una pericia psicológica favorable, podría acceder a la “libertad condicional” cuando cumpla las dos terceras partes de la condena impuesta, es decir ocho años.

Cantón fue detenido en su casa de barrio La Calera el 8 de agosto de 2024, por lo que estará en situación legal de solicitar dicho beneficio excarcelatorio el mismo día y mes del año 2032, siempre y cuando haya cumplido los requisitos indispensables exigidos por la Justicia de Ejecución Penal de Villa María.

 

“Me siento muerta”

Exactamente un mes después de sufrir el ataque sexual, la víctima accedió a dar una entrevista para advertir que, si a otras mujeres les pasó lo mismo, también deben denunciar “para que ningún hecho de esta naturaleza quede impune”.

“Ese día salí a caminar a las 18.15 o 18.20, como lo hacía todos los días”, comenzó diciendo Amalia (nombre ficticio que usamos para proteger su identidad), y añadió que al llegar a la ruta 9 y Jauretche, frente a la empresa Moro Elásticos SRL, un hombre se le vino encima: “Sentí que era enorme, que era un monstruo para mí. Me decía que me iba a matar a cuchillazos”. Así, bajo amenazas de muerte, la llevó hacia un descampado ubicado en la calle Cámpora.

Hasta ese momento, Amalia pensaba que se trataba de un robo, por lo que le ofreció darle el teléfono celular sin resistirse. “Pero entonces me dijo: ‘Cállate y hacé lo que yo digo, porque si no te voy a acuchillar; no me mirés’. Ahí entendí que su intención era otra”.

Después de abusar de ella, se fue del lugar, pero volvió a los pocos minutos para, efectivamente, robarle el celular.

En el peor de los estados, Amalia esperó a que el sujeto se alejara lo más posible y comenzó a correr. Llegó a la avenida Jauretche sin aire y pidió auxilio. Los primeros conductores que pasaron no ayudaron, pero una pareja de ciclistas la vio y se encargó de contenerla y llamar a la Policía.

“Hubo mucha contención de parte de la Policía, en el Hospital y en la Fiscalía. Nunca me hubiera imaginado que era así, supieron acompañarme en todo momento”, dijo la mujer.

Con respecto a su agresor, recordó que “estaba muy perfumado, exageradamente perfumado; al día de hoy, los hombres de mi familia no pueden usar perfume, porque me revive ese momento”, dijo.

Para cerrar aquella entrevista, Amalia hizo referencia a las huellas que le dejó el abuso: “Me siento muerta. No puedo salir de mi casa si no estoy acompañada; no duermo”.