Durante el 2025
Doce femicidios en la provincia de Córdoba
La provincia de Córdoba cerró 2025 con 12 femicidios, una cifra que vuelve a exponer la persistencia de la violencia de género.
De acuerdo al relevamiento anual realizado por La Voz del Interior desde 2012, Córdoba registró 12 femicidios durante 2025, además de otras muertes violentas que aún se encuentran en investigación.
La cifra refleja una problemática estructural que no logra disminuir y que, en varios casos, evidenció niveles extremos de violencia.
Algunos de los crímenes conmocionaron por su brutalidad y por los vínculos previos entre víctimas y agresores.
Extrema violencia
Uno de los hechos más impactantes fue el doble femicidio de Luna Giardina y Mariel Zamudio, ocurrido el 11 de octubre en la ciudad de Córdoba.
Ambas fueron asesinadas por Pablo Laurta, expareja de Luna, quien, además, secuestró a su hijo de cinco años tras el ataque.
Otro caso fueron los crímenes de Brenda Torres y Camila Merlo, cuyos cuerpos fueron hallados desmembrados en distintos puntos de la capital.
En julio, la investigación por Milagros Bastos (22) tuvo un giro estremecedor con el hallazgo de su cuerpo oculto en un placar.
El cadáver fue encontrado en el departamento de Horacio Grasso, un expolicía condenado, y se cree que llevaba meses oculto.
Vínculos cercanos
El relevamiento permite observar patrones persistentes: la mayoría de los femicidios ocurrieron en contextos de vínculos cercanos.
En gran parte de los casos, los agresores eran parejas o exparejas, con diferencias de edad significativas respecto de las víctimas.
Muchas de las mujeres asesinadas residían en localidades del interior, donde el acceso a recursos estatales suele ser menor.
Capital e interior
Durante 2025, siete femicidios ocurrieron en el interior provincial: Monte Maíz, Vicuña Mackenna, Río Ceballos, La Granja, Unquillo, Los Reartes y Valle Hermoso.
Los otros cinco casos se registraron en Córdoba capital, donde vive cerca del 39% de la población provincial.
Esta distribución territorial se repite año tras año y evidencia desigualdades en prevención y asistencia.
Las edades de las víctimas oscilaron entre 21 y 61 años, con predominio de mujeres jóvenes y adultas.
En cuanto a los agresores, las edades registradas van de 30 a 64 años, con marcadas brechas generacionales en varios casos.
