Mientras se denunció el fallecimiento de otro preso por desatención
Se entregó otro médico de la cárcel de Bouwer por la muerte del villamariense César Moreno
Aunque el abogado del segundo médico vinculado a la muerte del preso villamariense asegura que es inocente, es el segundo facultativo que se entregó a la JusticiaA medida que avanza la investigación por la muerte del villamariense César Darío Moreno, de 50 años, en la cárcel de Bouwer como resultado de una salvaje golpiza por parte de un grupo de agentes, recientemente se entregó otro médico en el marco de la causa.
En consecuencia, en la actualidad, además de los profesionales de la salud que se encuentran involucrados, también están detenidos seis guardiacárceles y el jefe del Módulo MD1 del penal.
El segundo médico, según se informó en la denuncia, fue el primero que habría indicado la “medida de contención” para Moreno, quien fue atado en una cama, sin brindarle la asistencia adecuada, por lo que el villamariense falleció 48 horas después.
El médico aludido se entregó ante la Unidad Judicial de Homicidios y su abogado defensor, Tomás Aramayo, apuntó que esperan la indagatoria para poder conocer fehacientemente la imputación, y anticipó que “él sostiene que es inocente, que hizo correcta la praxis que le tocó implementar”, por lo que “no tiene nada que ocultar”.
La causa está a cargo del fiscal José Mana, quien la próxima semana fijará fecha para tomarles declaración a los nuevos acusados.
Denunciaron la muerte de otro preso
Mientras tanto, familiares de José Siacca, de 51 años, también denunciaron la muerte violenta provocada en el penal de Bouwer.
En este caso, el preso, tras descomponerse, falleció en un hospital público el 6 de junio el año pasado y sus allegados aseguraron que no recibió atención médica y exigen justicia.
A diferencia del villamariense Moreno, Siacca cumplía su condena en el MX1 y pertenecía a Los Guerreros de Jesucristo, un movimiento evangélico adoptado por los recluidos en el expenal San Martín.
El domingo 4 de junio de 2023, en horas de la mañana, Siacca, que convivía con problemas de salud desatendidos, se sintió mal.
En la cárcel le daban una sola pastilla, la misma que le proporcionan al resto de los presos cuando les duele la cabeza, o la panza, o padece cualquier efecto en otra parte del cuerpo.
Ese día, los compañeros avisaron que tenía fiebre, estaba amarillo y casi no podía moverse. Pudo hablar con su mamá, a quien le pidió que fuera a Bouwer para exigir que lo atiendan.
Pasaron las horas y empezó a escupir sangre, por lo que los otros presos empezaron a golpear las puertas de las celdas hasta que al día siguiente lo trasladaron al hospital, donde horas después falleció.
La historia de Moreno, como la Siacca, con el mismo final, se inscriben en los hechos de violencia que se viven dentro de las cárceles cordobesas y que vienen siendo denunciados por distintas organizaciones sociales y organismos internacionales.
