Piensan rescindir el contrato urgente porque la situación es “inviable”
Es el sexto robo en seis meses
Lucas Cabral es uno de los encargados del Complejo La Tercera y habló sobre el robo de los cables subterráneos de las torres que iluminan las canchas del predioEl miércoles, Lucas Cabral llegó al Complejo La Tercera, junto a su socio, Gustavo Vargas, a las 8.30 de la noche: una media hora antes de que dos equipos comenzaran su partido en una de las cuatro canchas de fútbol 11 -de las que tres cuentan con iluminación-.

“Cuando vamos a prender las luces -dice y ríe apenas como quien ya no puede creer lo que dirá otra vez- no prendía ninguna”, comenta. Y añade: “Pensé que se había quemado un foco”. Revisó las demás torres y nada: nada de nada.
Les habían robado los cables subterráneos que suben desde una caja al pie de cada poste. Los cables miden poco más de 15 metros y alimentan a las torres para iluminar las canchas. Hay ocho torres y esta vez les robaron los cables de cuatro: de los terrenos más alejados al ingreso del predio, que es de seis hectáreas.
“Teníamos un solo turno que, justamente, se pudo utilizar porque había una de las canchas que sí quedó iluminada, que no llegaron a robar. Las otras ya quedaron directamente sin luz. Pero, por ejemplo, ayer que teníamos los turnos completos, no pudimos alquilarles”, cuenta por teléfono la mañana del viernes.
Por lo general, las canchas están ocupadas con turnos de una hora cada uno entre las 20 y las 0 horas.
Y recuerda: “Ya hemos sufrido otro robo de este tipo y hemos encontrado en el camino público, que une a la cancha con la entrada, las fundas de los cables todos pelados. Venden el cobre”.
No tienen claro cómo se producen los robos, pero imaginan. Cada torre, al costado, tiene una escalera para poder subir y trabajar arriba, en el caso de que sea necesario. “Esas escaleras tienen como unos agarres que abrazan a la torre. Llevan un tornillo y va ajustado. Nosotros, a todas las escaleras, les sacamos ese tornillo y las doblamos para que queden flojas: si alguien quiere subir se le va a mover todo”, explica.
Y sigue: “Entonces creemos que ellos lo sacan de la caja que está abajo, en el pie de la torre. Creemos que sacan el cable de ahí y tironean, esperando que se desprenda de arriba. O suben con escalera hasta arriba y lo desprenden”.
“Queremos dejar todo en condiciones y no se puede más, porque pan para hoy, hambre para mañana”, dijo.
Qué, cuándo y cómo ocurre son preguntas que no pueden responder. Esta es la sexta vez que les roban. La primera, tomaron una decisión: ellos, que tienen turnos por lo general desde las 20, comenzaron a llegarse al predio en cualquier horario. Una vez encontraron a dos chicos de 14, 15 años, que, supuestamente, habían perdido a sus perros y les pidieron que se fueran. “Muchos pasan con los galgos a cazar liebres y se meten en los campos, Pero no puedo determinar que hayan sido ellos porque no los vi haciendo nada”, menciona.
Y agrega: “Desde esa vez que les dijimos que no queríamos volver a ver a más nadie adentro, mermó un poquito la cosa”.
Más robos
Además de los cables subterráneos, en otras ocasiones les robaron los del riego, que tienen automatizado.
Esta vez intentaron, pero no pudieron porque, tras las primeras veces, en el predio hicieron un trabajo con “caños” para evitar que se los lleven.
En el predio, por otra parte, hay un depósito al que le llaman entre ellos “El Chiringuito” y que les intentaron robar unas cuatro o cinco veces. Allí guardan la parrilla, bebidas y atienden a la gente que, después de los partidos, se acerca a comer choripanes, sándwiches de bondiola, de vacío, y a tomar cerveza y fernet.
En algunas ocasiones les han roto las ventanas y las rejas del depósito y les han llevado bebidas y hasta pelotas. Si bien esta vez no consiguieron ingresar, Cabral remarca que los “destrozos” son el problema.
Los costos
“Una torre, hoy, nos representa 100 mil pesos más o menos”, comenta Cabral. Si bien hay que buscar precios, un cable de aproximadamente 15 metros cuesta entre 25 mil y 30 mil pesos. Una elevadora -porque los electricistas no quieren subir por la escalera de los postes debido al movimiento- cuesta entre 35 y 40 mil más. Y, a ello, hay que sumar el trabajo de un electricista que deje todo funcionando.
“Insostenible”
“Voy a ser sincero: nosotros fuimos a hablar con la inmobilaria porque ya es insostenible, queremos rescindir contrato”, asegura. Y sigue: “Queremos dejar todo en condiciones y no se puede más porque pan para hoy, hambre para mañana”.
“Entre el arreglo y que no se puedan alquilar las canchas vamos a pérdida segura, es imposible. Estamos pagando 465 mil de alquiler, es inviable”, destaca.
“Aunque venga un grupo inversor e invierta, no hay forma, tenés que poner un casero que esté 24/7 ahí custodiando, que tenga un botón antipánico”.
