Justicia y género
Las condenas por femicidios en casos en los que nunca apareció el cuerpo
La Casa del Encuentro relevó los casos con condena por femicidio en los que nunca apareció el cuerpo. Villa María tiene en la memoria el caso de Mariela Bessonart. No apareció, pero tampoco juzgaron a nadieEl caso de Cecilia Strzyzowski en Chaco, que se investiga como un femicidio a pesar de que aún no fueron hallados sus restos, rememoró una serie de causas en las que la Justicia condenó a los autores a pesar de no contar con el "cuerpo del delito": según un relevamiento de la organización La Casa del Encuentro, hubo al menos 13 condenas en los últimos 33 años a femicidas que no revelaron qué hicieron con sus víctimas, entre ellos el autor del crimen de Érica Soriano, Daniel Lagostena, y el de Stella Maris Sequeira, el abogado Rubén Carrazzone.
Los asesinatos que menciona el informe, el cual fue elaborado a partir de publicaciones periodísticas, se registraron entre 1989 y 2017: en todos ellos, los femicidas fueron hallados culpables por distintas autoridades judiciales de las provincias de Neuquén, Mendoza, Buenos Aires, Salta, Tucumán y Río Negro, y de la ciudad de Buenos Aires, a pesar de no haberse localizado el cadáver de la víctima.
Según recopiló La Casa del Encuentro, los condenados fueron: Salvador Pucci, Diego Estanislao Hervatín, Mauricio Daniel Severi, Daniel Lagostena, Mariano Luque (dos hechos), Aldo Vargas, Roberto Carlos Rejas, César Raúl Villanueva, Rubén Ernesto Carrazzone, Marcos Thola Durán, Victor Purreta y Rodrigo Germán Silva.
En tanto, las respectivas víctimas de los femicidios fueron: María Sebastiana Lara, Stella Maris Pugliese, Claudia Marcela Monzón (42), Érica Soriano, (30), Soledad Olivera, (31), Johana Chacón (13), Noelia Johana Rodríguez (22), Milagros Avellaneda (27) y su hijo Benicio Coronel (2), Adriana del Valle Caballero (25), Stella Maris Sequeira (61), Silvia Vázquez Colque (33), Maira Iris Benítez (17) y Andrea Noemí López (25).
Para la organización, el modus operandi de hacer desaparecer el cuerpo de la víctima refleja una búsqueda de los asesinos "para lograr impunidad", lo cual hace imprescindible que los instructores judiciales acumulen numerosas pruebas "bajo un minucioso análisis, consistentes evidencias documentales, además de testimonios y una sólida cadena de indicios" para arribar a una sentencia condenatoria.
Al respecto, Gabriel Vitale, el juez de Garantías de Lomas de Zamora que intervino en el femicidio de Érica Soriano y por el cual fue condenado a 22 años de prisión su esposo Daniel Lagostena, desestimó por completo la expresión común "sin cuerpo no hay delito" y consideró que en este tipo de investigaciones "lo importante pasa por determinar y reconstruir los hechos, donde la contextualización es fundamental".
"Claramente, el proceso de investigación es más arduo. Se tienen que unir todos los contextos: cómo se reconstruyen los hechos, los datos y la situación con base en los elementos que tenés", ilustró el magistrado en diálogo.
En ese sentido, Vitale agregó: "Hay una máxima que los cuerpos hablan. Por un lado, te dicen como fue la muerte, si hubo violencia, hay mucha información. Al no estar disponible, lo que sí tenés es el dato de contextualización".
A su vez, Vitale recordó que la reconstrucción de los últimos pasos de Érica Soriano y sus vínculos fue fundamental para establecer que su desaparición había sido forzada.
"Lo primero que hicimos fue establecer el recorrido de Érica durante las últimas horas que estuvo viva. Que fue al médico a las 18.30, que después por las antenas de los teléfonos determinamos que siguió hablando por teléfono con una amiga hasta que llegó a Lanús. Que llegó a la casa de la persona acusada viva. Y ese es el último dato con vida que tenemos, que es la última certeza objetiva. A partir de ahí, empezás a trabajar en los contextos", explicó.
"En su momento, teníamos mucha información de ese contexto, de la situación y de cómo Lagostena la trataba a ella. En el caso de Érica, le dimos mucha entidad al tema de su hija, que trabajaba, que tenía una vida. No había indicios de que ella pudiera irse. Todo eso fue reforzando la idea de que ella no se pudo haber ido por motus propio", detalló Vitale. Con un criterio similar al del magistrado, la abogada Raquel Hermida Leyenda, contempló las diferencias que existen en la investigación de un asesinato de estas características con uno en el que sí se logró el hallazgo de un cadáver.
"La autopsia es el lugar en que se determina dónde estuvo el cadáver, qué le hicieron, con qué herramientas, y cómo fue, desde el punto de vista material, el asesinato de ese cuerpo. Es importantísima y nos brinda, a veces, directamente al autor. También es importante remarcar que en otras veces han existido femicidios impunes a pesar de encontrarse un cuerpo, como el de Nora Dalmasso", afirmó la letrada.
En Villa María, hay un caso paradigmático que si bien nunca fue investigado como femicidio, tiene a un imputado por “homicidio calificado por alevosía”. Se trata del caso de Mariela Bessonart, desaparecida en septiembre de 2005. La Justicia no pudo determinar nunca que pasó con ella. El único acusado es su exesposo, Rodolfo Delpino. No llegó a juicio.
