Cámara del Crimen de Villa María - Concluyó el juicio con sentencia divida contra Ignacio Aldeco

Lo absolvieron por el femicidio, lo condenaron por la violencia

Por mayoría, los jueces técnicos y el jurado popular dispusieron absolver a Ignacio Aldeco por el femicidio de Liliana Stefanatto y, por unanimidad, lo condenaron por la violencia previa ejercida contra la mujer en el tiempo que mantuvieron una relación
miércoles, 29 de marzo de 2023 · 07:52

(Edición impresa). Minutos antes de las 19, se conoció el veredicto al que arribaron después de deliberar tres horas el tribunal presidido por Eve Flores e integrado por Nerina Gamero y Félix Martínez, y los jurados populares.

La causa principal por la que llegó acusado Ignacio Aldeco fue la de femicidio (homicidio calificado por el vínculo y por mediar violencia de género), por un hecho ocurrido el 1 de febrero de 2021 y que tuvo como víctima a Liliana Stefanatto, una mujer de 54 años que murió tras sufrir una hemorragia cerebral causada por un golpe en la cabeza.

La defensa ejercida ad-hoc por Rodrigo Hayas (asistido por Martina   Roldán) sostuvo la hipótesis del accidente

Para el fiscal Francisco Márquez, no hubo dudas sobre la autoría del crimen; pero para el defensor Rodrigo Hayas, se trató de un “trágico accidente”.

Tras debatir, concluyeron, con voto dividido, que Aldeco no es penalmente responsable del femicidio y lo absolvieron.

Pero también, el hombre había llegado a juicio por una seguidilla de hechos violentos ocurridos en la historia de la relación y que incluyeron lesiones leves calificadas, amenazas y desobediencia a la autoridad. En este caso, por unanimidad, jueces técnicos y jurados populares condenaron a una pena de 9 años de prisión.

“En poco tiempo más, tenemos a un violento en la calle”, dijo Fabián Stefanatto, hermano de Liliana, al salir de Tribunales con el sabor amargo de la sentencia.

 

La acusación

Durante una hora y 45 minutos, el fiscal Francisco Márquez fundamentó, en relación con el  análisis de las pruebas, su pedido de prisión perpetua para Ignacio Aldeco.

En su alegato, Márquez desgranó los conceptos de la autopsia detallando que tenía un hematoma en el ojo derecho, una herida cortante arriba de la ceja y encima de esta, otra herida puntiforme (que tiene forma o tamaño de un punto). Además, hematomas en la nariz compatible con el golpe recibido con los anteojos puestos y en el cuello, una lesión en forma de “V” invertida. Para explicarla, el fiscal gestualizó la forma en que se puede hacer esta herida, que no es otra que tomándola del cuello con una mano, con intención de dominio o asfixia.

Siguió informando que la herida en el sector derecho de su cabeza es “compatible con un golpe de puño cerrado o con una maza de albañil”.

Agregó que detectaron signos de “violencia, de defensa y lucha” en el cuerpo de la víctima. “No es posible que sea un accidente, porque no se puede luchar contra el piso”, dijo el fiscal, refutando la hipótesis de accidente que sostuvo la defensa. La causa de la muerte se produjo por una hemorragia cerebral provocada por la fractura del hueso temporal.

También se refirió a las contradicciones del acusado en los testimonios que dio en la instrucción y en los reclamos por escrito que hizo desde la cárcel. “Si tenía miedo que a Liliana le hubiera pasado algo, como le dijo a la vecina a la que le pidió el teléfono para comunicarse con ella y finalmente, pedirle la llave para entrar en el departamento, por qué dio vueltas una hora y se sentó en la vereda a esperar una hora”, planteó.

Otro dato que agregó es que, al ingresar a la casa, Aldeco “contaminó la escena”. Ingresó pasadas las 17 del día de la muerte de Liliana con la llave que le facilitó una vecina y, según el mismo imputado dijo, “la vi tendida boca abajo, a cinco centímetros de la escalera”. Agrega el testimonio de Aldeco que la giró 180 grados y constató que ya no tenía signos vitales.

“La mató porque sabía que la gallinita de los huevos de oro se quería ir”, dijo el representante del Ministerio Público al sostener que Aldeco le pedía permanentemente dinero a la víctima y, dado que la mujer  tenía proyectado viajar a Italia, se quedaría sin ingresos.

Habló también de la larga historia de violencia previa y manipulación sufrida por Liliana durante la relación, recordando que estuvo preso por lesionarla y amenazarla.

 

La defensa     

Después de un cuarto intermedio, el defensor ad-hoc Rodrigo Hayas, asistido por la letrada Martina Roldán, esgrimió su defensa durante dos horas utilizando un PowerPoint para mostrarle al jurado detalles de lo que, a su criterio, se trató de un “trágico accidente”.

Primero habló del contexto social de Liliana Stefanatto, indicando que, según los manuales de medicina forense, reunía casi todos los requisitos para ser propensa a los accidentes, mencionando razones psicopatológicas, psicológicas, orgánicas y del medio, concretamente, mencionó la escalera angosta y sin baranda en los primeros peldaños.

Al referirse al día del accidente, trazó una línea de tiempo que ubica a Ignacio Aldeco saliendo de la casa a las 7 de la mañana para dirigirse al trabajo y regresando a las 16. Explica que recién a las 17 pudo entrar a la casa y, que bajo ningún concepto, puede ser ubicado en el departamento del barrio Centro sur a la hora de la muerte de Liliana. También detalló que el día de la detección de Aldeco -el mismo día de la muerte de la mujer- lo revisaron en tres oportunidades y no encontraron lesiones en los nudillos. Solo en el examen de tres días después aparecen. “Lo estaban acusando de un homicidio, le debe haber pegado un puñetazo a la pared de la celda”, dijo.

También valoró que todos los testigos que lo vieron hasta las 17, no refieren que su ropa tenga sangre. Y analizó que lo que hizo dentro del departamento “fue lo que hubiera hecho cualquiera para tratar de salvar a un ser querido”.

Cuestionó que la sangre extraída en el procedimiento se haya derivado dos meses después al laboratorio, por lo que no pudo ser analizada. “Tampoco llevaron el humor vítreo, que permite determinar la hora de la muerte”, dijo.

Entiende que no es posible que de un puñetazo le quiebre el hueso del cráneo y que tampoco con una maza “porque si no, habría hundimiento de cráneo”. En relación con el análisis que hizo de las pruebas, pidió que se absuelva a su defendido.

 

Últimas palabras

Al final, la presidenta del tribunal habilitó el derecho que se conoce como penúltima palabra al hermano de la víctima, Fabián Stefanatto, quien dijo: “Lo único que quiero es justicia, como familiar directo, pido eso. Confío en la Justicia”.

Antes de dar por cerrado el debate, le concedieron la última palabra al acusado, quien dijo que hace 26 meses que está preso y que “100% inocente”. A juzgar por el veredicto, la mayoría le creyó.

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