Cámara del Crimen - Continúa hoy el juicio contra el odontólogo Zernotti

Debaten si se aprovecharon de una anciana para comprar un inmueble a bajo precio

Se realizó la primera audiencia que trata de determinar si se valieron de Lilia Marsili de Rigazio para despojarla de su vivienda. El “comprador”, Marcelo Zernotti, dijo que solo hizo un favor. Entre otros testigos, hablaron el hijo de la mujer y el escribano en cuya oficina se hizo la escritura
martes, 31 de octubre de 2023 · 07:30

El 23 de marzo de 2010, en la escribanía de Sergio Lozita, Lilia Marsili de Rigazio vendió su casa ubicada en José Ingenieros 534 a una SRL denominada CIAR, por un valor que representa menos del 6% de precio de la vivienda.

En la misma escribanía, el gerente de CIAR, el odontólogo Marcelo Camilo Zernotti, cedió las acciones de su empresa a Elva Rigazio, hija de la vendedora de la propiedad.

Ante ese escenario, el otro hijo de Marsili, José Luis Rigazio, denunció la situación y, en consecuencia, comenzó a investigarse tanto en la Justicia Civil como en la Penal. En este fuero, el entonces fiscal Gustavo Atienza -ya jubilado- imputó a Zernotti como supuesto autor del delito de “circunvención de incapaces”, es decir, que se aprovechó de una mujer que tenía diagnóstico de demencia senil para comprar una casa a bajo precio.

 

El juicio

Ayer comenzó a ventilarse este hecho en la Cámara del Crimen de Villa María.

La audiencia, presidida por el juez Félix Martínez, contó con la participación de Zernotti y sus abogados defensores, Antonio Alarcos y Rubén Oses.

Sosteniendo la acusación estuvo el fiscal de Cámara Francisco Márquez y como querellante participa José María Rigazio, con su abogado José Luis Bertoldi.

Como es de rigor, el primero en testimoniar fue el imputado, quien dijo que no ejerce su profesión de odontólogo, informando que se gana la vida haciendo negocios inmobiliarios desde hace más de 20 años. Aseguró que tiene un ingreso variable, pero que puede fijarse entre los 3 y 4 millones de pesos mensuales. Tiene dos casas, una en un barrio privado, en las que alterna su residencia.

“Desde hace ocho años vienen publicando esta situación diciendo que es la banda de los guantes blancos, pero me pregunto dónde está la banda. Porque acá, el único que está soy yo, un monotributista. Desapareció el resto”, dijo. “Al final, quedé en el medio de una disputa entre hermanos”, agregó.

Al hablar del hecho por el que se lo acusa, Zernotti dijo que tenía una sociedad “a la que estaba por darle de baja, cuando me llama (Leandro) Fiol para decirme que la estaba necesitando”.

Planteó que era más complicado darle de baja a la SRL y accedió a transferirla por 15 mil pesos. “Fijamos día y hora en la escribanía y allí estaba la señora Marsili, su hija, otro abogado, Martín Pieckenstainer -quien fue socio de Fiol-, el escribano (Sergio Lozita) y yo”.

“Firmamos la escritura, luego la cesión de cuotas de la sociedad, cobré los 15 mil pesos y me fui”, afirmó Zernotti ante el juez y el resto de los presentes.

Al contestar preguntas, reconoció que tuvo un vínculo familiar político con el escribano que hizo la escritura y que incluso -aunque primero lo negó- llegó a compartir sociedades comerciales con Lozita, “su mujer y quien era la mía”, quienes son hermanas.

Cuando le consultaron por el bajo precio de la venta de la propiedad, contestó que en un  “98% de las escrituras figura la base imponible y no el valor de mercado”, admitiendo que esa práctica es para tributar menos.

Y agregó, al ser consultado sobre el estado de salud de la mujer que vendía su propiedad y que por entonces tenía más de 80 años; que no tuvo ningún indicio de que padecía alguna afección en su salud mental.

 

El querellante

Tras la declaración de Zernotti ingresó a la sala de audiencias José María Rigazio. Dijo que vio entre “2008 y 2009, aproximadamente”, que su madre sufría deterioro cognitivo y lo consultó con el especialista que la atendía, Sergio Vesco, quien confirmó la situación.

“Fui a la Justicia precisamente para evitar que le hagan firmar algo que ella no supiera y la declararon insana”, expresó, informando que lo designaron a él como curador. Ese rol no lo pudo ejercer porque le impidieron sistemáticamente el ingreso a la casa de su mamá.

“Eso me llamó la atención y me puse a averiguar. Ahí vi que había vendido su casa, la casa en la que vivió siempre mi mamá, que construyó mi papá; a una empresa. En consecuencia, consulté al doctor Bertoldi, quien me aconsejó denunciar. Eso hice y por eso estamos acá”, manifestó.

Agregó que no fue voluntad de su madre cederle la casa a la hija. También confirmó que después de denunciar, su hermana quiso compartir las acciones de CIAR. “Le dijimos que no, porque ofrece algo que no tiene”, en referencia a que aún la mujer no inscribió las acciones de la SRL que le cedieron en 2010 y que por lo tanto, siguen figurando a nombre de Zernotti. “También fue a mi negocio el señor Zernotti diciendo que no quería quilombo, que me devolvía la casa. Yo lo mandé a hablar con mi abogado y no apareció más”.

 

El escribano

Después de que declararan los hijos del querellante, Sofía y Matías Rigazio, fue el turno del escribano Sergio Lozita.

Dijo que, como hace unas 700 escrituras al año, no tiene recuerdos ni precisiones de las realizadas con quien fue su clienta, Lilia Marsili de Rigazio. El fiscal le entregó el expediente donde figuran varias escrituras públicas realizadas en su escribanía y allí comenzó a hablar Lozita.

Dijo que en la instrucción de esta causa él pidió voluntariamente declarar “porque por los medios dijeron que formamos parte de una banda que estafaba viejitos”, lo que negó de plano.

Cuando le consultaron por una escritura en la que Marsili cede a su hija una casa en las sierras, el fiscal le preguntó: “¿Sabiendo que la señora tenía otro hijo, no informó que estaba vulnerando derechos de un heredero?”, a lo que Lozita respondió que siempre informa a sus clientes sobre esos aspectos legales. “Desheredar a los hijos es algo más ordinario que extraordinario”, afirmó. “Siempre que hacen eso, les informamos que hay riesgo de que se presenten acciones que hagan volver atrás esa decisión. Pero se hacen igual, es muy común”, planteó.

Dijo también que no tuvo dudas acerca de la lucidez mental de Lilia Marsili.

“Si tengo una duda, pido un certificado médico”, señaló, aclarando que no fue este caso.

También le consultaron sobre la firma de la mujer, dado que en la rúbrica estaba escrito “Lidia”, cuando en realidad se llama “Lilia”. “No, no me llamó la atención en absoluto”, contestó el escribano.

Tras un cruce verbal con el abogado Bertoldi, quien le pidió que no fuera “macaneador”, Lozita cerró su declaración diciendo que en su escribanía se escrituran las propiedades con el precio real y no con el valor de la base imponible. “¿Y en este caso, que es casi igual al de la base imponible?”, le preguntaron. “No es asunto mío si alguien quiere vender muy barato”, cerró.

 

Los que no fueron

Estaban citados a prestar declaración testimonial Elva Rigazio, quien presentó un certificado médico diciendo que por razones de salud estaba imposibilitada de asistir, y el abogado que representó a Lilia Marsili en el acto de venta de la propiedad, Leandro Fiol. Ambos testimonios habían sido tomados en instrucción y basándose en las+ las ausencias en el juicio, se incorporaron a la causa.

 

Cómo sigue hoy la historia
 

Declaró el escribano Lozita

Está previsto para hoy la comparecencia de una sola testigo en la audiencia fijada por la causa Zernotti. Y se estima que el juez Félix Martínez, después de escuchar ese testimonio, dispondrá de un cuarto intermedio para que en la tercera audiencia sea el turno de los alegatos.

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