Homicidio del médico Roberto Mercadal - Primera audiencia
Reconstruyeron un día de furia, drogas y muerte
Los acusados admitieron que consumían todo tipo de estupefacientes y que, bajo los efectos de las drogas, fueron a la casa del cardiólogo Roberto Mercadal. Distinguieron las posturas defensivas de Nicolás Altamirano y de Sofía Radicci, quien dijo que sufría violencia de parte del otro imputadoSe realizó ayer la primera audiencia en el juicio que se le sigue a Nicolás Maximiliano Altamirano y Sofía Alejandra Radicci, por el brutal homicidio del médico Roberto Mercadal.
El hecho ocurrió el viernes 6 de noviembre de 2020, entre las 20 y las 20.30, cuando la pareja fue hasta la casa donde vivía solo el profesional de la salud. Tal como quedó registrado en las cámaras, ella tocó el timbre y, como eran conocidos, Mercadal abrió la puerta y abruptamente ingresó Altamirano.
Según la acusación, lo primero que hizo es darle puñaladas con un cuchillo que llevaba consigo, para dejarlo reducido. Luego, lo tiró al suelo boca abajo y lo ató de manos y pies, para seguir hiriéndolo con el arma blanca. Murió por un shock hipovolémico.
La audiencia se realizó desde las 15, en el quinto piso de Tribunales, con la Cámara del Crimen integrada por los camaristas Eve Flores, presidente del Tribunal; Félix Martínez y, en remplazo de Edith Lezama de Pereyra, la jueza de Control Soledad Dottori.
A la hora de presentar el caso a los jurados, el fiscal Francisco Márquez sostuvo la acusación, indicando que todo el hecho estaba filmado por las cámaras de seguridad de la casa de Mercadal, por lo que era indubitable la participación de ambos y la calificación.
La defensora de Altamirano, la asesora letrada Silvina Muñoz, se dirigió a los jurados indicando que no va a discutir la participación de su representado, porque es “incontrovertible”, pero que sí va a ejercer la defensa, demostrando “la parte más oculta de la realidad, lo qué pensó Nicolás cuando pasó esto, por qué hizo lo que hizo y por qué actuó como actuó”, con la finalidad de conocer algunas circunstancias que “pueden servir para cambiar la calificación legal del hecho”. Cabe señalar que ambos están acusados de “homicidio agravado por alevosía y criminis causae,” es decir, para ocultar otro crimen (en este caso el robo). Por ese delito, la única pena que prevé el Código Penal Argentino es la cadena perpetua.
A su turno, el defensor de Radicci, Francisco Argañaraz, también asesor público, anticipó el enfoque de su defensa, indicando que debían juzgar el hecho desde una perspectiva de género. “Sofía tenía una relación personal de aprecio con Mercadal, habían compartido muchas cosas y jamás pensó que iba a pasar algo así. El Código Penal castiga por lo que hacemos, no por lo que hace otro”, planteó. Afirmó que en las imágenes se ve claramente como una persona (Altamirano), tiene influencia en la conducta sobre la otra (Radicci).
Declaración
Nicolás Maximiliano Altamirano fue el primero en ser interrogado sobre sus condiciones personales. Dijo que, a los 11 años, cuando su padre fue detenido y su madre rehizo su vida de pareja con alguien que no lo quería, se fue a vivir a la calle. Desde esa edad comenzó a consumir marihuana, cocaína, éxtasis, LSD y hasta crack “que es cuando uno cocina la cocaína con bicarbonato y la fuma en pipa”.
Tuvo cuatro tratamientos para rehabilitarse, incluso con internaciones.
Dijo que estaba en pareja con Radicci y que, al momento de ser detenido, vivía con ella en un departamento de la calle Rawson.
A la hora de preguntarle por el hecho, señaló que optaba por el silencio.
Altamirano fue retirado de la sala para que Radicci declarara “sin presiones” sobre hechos de violencia de género que sufrió.
Ella no solo habló de sus condiciones personales (es madre, tiene 29 años, trabaja como peluquera, empezó tres carreras terciarias y ahora estudia Abogacía en la cárcel), sino que hizo un pormenorizado relato de su participación en el hecho.
Dijo que meses antes había denunciado a Altamirano por violencia de género, que, a consecuencia de eso, él estuvo unos meses detenido y, cuando salió en libertad, la espiaba desde un terreno lindante a su departamento. “Cuando se quedaba sin droga y sin plata, se ponía violento”, planteó.
El día del homicidio, ambos habían consumido juntos estupefacientes y necesitaban dinero para seguir. “Me pedía que sacara al fiado a los transas”, dijo. Llamaron a familiares y ninguno les prestó dinero, hasta que, según su relato, Altamirano tomó el teléfono de ella y llamó al número agendado como “Doctor Roberto”. Ahí empieza a desencadenarse la tragedia: le pide que le diga que va para allá y del otro lado del celular le contestaron que sí, que la esperaba.
Llegaron los dos -cuenta que trató de evitar que fueran juntos, pero no lo consiguió- y que, cuando el doctor Mercadal abrió la puerta, Altamirano la empujó y entró. “Yo estaba en el comedor y escucho que discutían, el doctor le decía que le daba lo que quiera, que sacara plata del bolsillo”, relató. Después no escuchó más nada.“Yo estaba drogada y muy nerviosa, sabía que él -Altamirano- podía golpearme, porque era muy agresivo cuando no tenía para consumir. No le gustaba que le hicieran la contra, que le gritaran”, dice.
En ese estado, salió del comedor y vio a Roberto tirado boca abajo sobre un charco de sangre.
A la hora de explicar su relación, dijo que en principio ella se prostituía y que fue contratada por el médico, pero que cuando dejó el oficio, siguieron con una relación de amistad. Calificó a la víctima como un hombre bueno, respetuoso, que la ayudaba tanto a ella, como a su mamá y a su hijo, aun cuando habían dejado atrás el trato sexual.
Testigos
La primera testigo de ayer fue la nieta de Mercadal, Florencia. La joven fue quien lo encontró, el sábado 7 de noviembre, al mediodía, cuando fue hasta la casa del barrio de Santa Ana para saber por qué no contestaba su abuelo, al que esperaban para almorzar. “Entro y lo veo sobre un charco de sangre seca y salí a la calle y empecé a gritar”, recordó.
Tras llamar a la Policía llegó el director de la Departamental, Pedro Maldonado, y la fiscal Juliana Companys, de turno ese día. Cabe señalar que luego la instrucción recayó en la fiscal Silvia Maldonado, porque la muerte databa del día anterior.
“Mi abuelo hubiera cumplido 50 años de profesión el 3 de diciembre de 2020”, señaló la nieta mayor de Mercadal. Estuvo en el consultorio de la Clínica de Especialidades por 20 años, fue médico policial y después de jubilado, seguía atendiendo en los consultorios de la Mutual Yrigoyen. “Fue un padre para mí”, remarcó Florencia.
