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“A quien tenga un corazón dispuesto”

Luego de hacer su carta a finales de octubre, la interna del establecimiento carcelario logró hacerla llegar a nuestra Redacción con un especial pedido de publicación
viernes, 11 de noviembre de 2022 · 08:30

Señor director:

La ley y normas que rigen en el sistema del Servicio Penitenciario de Córdoba están diseñadas con mucha inteligencia y buenas intenciones, pero como dicen vulgarmente: “El camino al infierno está lleno de buenas intenciones” y aún peor, en el caso de una persona discapacitada visual como yo y que por el desmejoramiento de otras dolencias previas tengo problemas motores en miembros superiores e inferiores.

La discapacidad se convierte en impotencia, angustia, una tortura constante frente a la cotidianeidad. Falta de oportunidades y un castigo que convierte a la privación de la libertad física en una privación de acceso a actividades laborales, de educación (lo que es más sorprendente y doloroso), y nada de acceso a acompañamiento espiritual, social ni lúdico.

Si yo no tuviera una fe activa desde pequeña, ya no le encontraría sentido a una vida así, que se sostiene solo por un funcionamiento biológico, que también es deficiente por la falta de alimentación adecuada (sin pretender que sea buena), falta de correcta y oportuna atención médica y un ambiente contaminado de todo tipo, ruidos excesivos, violencia, maltrato, burlas y discriminación, higiene deficiente y una infraestructura y personal que convierte al ambiente en hostil y nada amigable.

Así se pierde todo sentido de búsqueda de reinserción social de cualquier ser humano. Aunque decir “ser humano” aquí también parece una burla porque más de una vez el trato no es humano.

Se habla de derechos humanos que no se respetan, se debe aceptar y considerar distintas relaciones sexuales, lo cuál,  está perfecto porque es algo privado, pero no se tiene consideración, de una discapacitada como yo, que encuentra obstáculos de todo tipo, ya que todo está diseñado y funciona para personas que gozan del sentido de la vista.

Al perder ese sentido tan rápidamente por la falta de atención médica adecuada se desarrollan los demás sentidos y todos se convierte en una tortura y burlas humillantes. Hasta un hombre heterosexual convive en el pabellón y él mismo aduce que esa es su elección sexual.

Entonces soy yo la que no tiene lugar ni encaja en el sistema, por eso no entiendo la lentitud para otorgarme beneficios que prevé la ley para los cuales cumplo todos los requisitos.

Lo mismo sucede a otras mujeres que respetan lo que pide el sistema y no obtienen un tiempo y forma beneficios correspondientes.

Sí, se aprenden cosas negativas a mi juicio: se aprende cómo funciona la comercialización de drogas, el desarrollo de infinidad de delitos, la injusticia, la miseria humana que surge y se potencia fruto del dolor, el abandono y el abuso.

Es una lucha diaria el proteger el propio corazón y pensamiento para no salirse de un eje normal y sano.

Ojalá alguien lea esto, lo comprenda con misericordia y un poco de humanidad y se pueda hacer algo para sanar este sistema enfermo y en decadencia y que no se justifique diciendo que la sociedad se refleja aquí porque no es verdad.

Esto es un mundo paralelo,  pero puede tener esperanza.

Al que lea estas palabras le suplico ayuda.

Gracias.

Es muy difícil sobrevivir aquí para una persona sin familia directa de sangre y discapacitada.

Por ello gracias por escuchar y tomarse el tiempo para leer esto.


Una interna del Penal de Bouwer