Sobre la detención de Fernando Scarponi - Duro cuestionamiento a la fiscal Juliana?Companys

“Una lectura sesgada y temeraria”

jueves, 21 de octubre de 2021 · 08:30

?A la opinión pública:

Con esta carta quiero defender la inocencia de mi cuñado, y padre de mi ahijada, Fernando Scarponi, imputado y detenido por la fiscal Juliana Companys como “partícipe necesario de tentativa de homicidio”, y solicitar su libertad hasta el inicio del juicio.

El domingo 29 de agosto pasado, Fernando se encontraba con uno de sus amigos más cercanos, Pablo Canaparo, cuando este último agredió con un hacha a Jorge Massey, sindicándolo como autor de la violación de una niña.

Massey está hoy imputado como presunto autor de “abuso sexual”, Canaparo se encuentra en una clínica psiquiátrica al borde de ser declarado inimputable (o ya fue declarado), y mi cuñado se encuentra privado de la libertad en la cárcel de barrio Belgrano.

Quiero hacer una serie de consideraciones en torno a este suceso, que ha ocasionado mucho dolor en la familia de mi pareja, en las hijas y en el hijo de Fernando, y sobre todo en Fernando, quien está preso desde esa misma noche del 29 de agosto.

* Fernando no participó, ideó, organizó ni planeó ningún asesinato. El llegó a la casa de Massey junto a su amigo, a instancias de Canaparo, pero no pensó que la situación podía derivar en un supuesto intento de homicidio.

* La víctima de la agresión, Massey, tuvo heridas superficiales que ni siquiera ameritaron su internación. Fueron lesiones leves.

Entiendo y coincido en que una persona pueda ser acusada por intento de homicidio al obrar con dolo, más allá del resultado, que en este caso se trató de lesiones leves. No sé qué habrá pasado por la cabeza de Pablo, quien actuó aparentemente enceguecido por un caso de abuso sexual de una niña. Lo que sí sé es que Fernando no quiso ningún crimen ni lo impulsó ni lo indujo ni fue parte. El estaba junto a su amigo ante los pedidos de Canaparo de verlo. Por ser un amigo presente está atravesando el peor momento de su vida.

* La propia víctima del ataque, Massey, declaró que Canaparo no arrojó un hachazo en dirección a la cabeza, sino que “solo amagó”.

* Fernando Scarponi llamó al hermano de Pablo, Diego Canaparo, para avisarle que Pablo se encontraba descontrolado, que no sabía qué hacer. Hay llamadas y audios de WhatsApp que lo reflejan. Días atrás escuché los audios en los que, desesperado, esa noche de agosto le dice, en resumidas palabras, algo así: “Dieguito, vení, hacé algo por favor, llamá a la Policía o hacé algo”.

* Por lo que conozco, Pablo Canaparo fue a la Policía a avisarles que su hermano estaba con un brote psicótico, y a pedir auxilio ante esta situación. La Policía llega al lugar del hecho justamente ante las advertencias de Diego, quien le pide a los efectivos que lo siguieran en su auto hasta el lugar.

* Fernando nunca intentó escapar ni eludir la intervención policial ni judicial. ¿Fue partícipe de un intento de homicidio y logra frenar a su amigo a media cuadra del lugar como si nada, diciendo que llamen a la Policía?

* Previo al episodio, mi cuñado se dirigía junto a sus hijos mayores a la casa de la madre de ellos cuando, ante el desborde emocional de su amigo, interrumpió el trayecto. Repito: estaba con sus hijos esa noche. No pergeñaba ningún homicidio, ni mucho menos. No estaba en sus planes ni en su cabeza algo así.

* La fiscal Juliana Companys emparenta una supuesta actitud pasiva de mi cuñado durante el desborde de Canaparo a prácticamente una coautoría del crimen. Qué lectura tan sesgada y temeraria. Mi cuñado acudió al hermano del atacante ante el terror que le generó el cuadro.

Solo hay que estar en un momento así para conocer cómo puede actuar uno ante semejante episodio. Entre adjudicar una supuesta actitud pasiva ante un ataque protagonizado por un tercero, y sostener que eso es una participación necesaria en un crimen, hay un abismo.

* No es verdad que mi cuñado tuvo una actitud pasiva, de hecho su intervención deriva luego en la llegada de la Policía al lugar por lo realizado por Diego Canaparo.

* Fernando no tiene antecedentes penales. Lo conozco hace una década y siempre trabajó. En una visión que realmente me intranquiliza mucho, la fiscal considera que un signo de su peligrosidad procesal es su falta de arraigo, ya que hasta hace dos meses vivió en Oliva. Increíble. Fernando siempre residió en Villa María hasta hace unos meses, en los que se radicó en Oliva junto a su pareja, la madre de mi ahijada, que es oriunda de aquella localidad. Cuando esa relación se terminó, Fernando regresó a Villa María.

Una situación que le puede pasar a cualquiera, para Companys es indicio de peligrosidad procesal. No tiene nombre lo que hace.

* Por fortuna, en Argentina rige el principio de presunción de inocencia. La fiscal parece desconocerlo. Priva a alguien de la libertad y luego averigua, y encima averigua mal.

Para que una persona quede detenida mientras se investiga tiene que haber riesgo de fuga y posibilidad de entorpecer la pesquisa.

Fernando no puede fugarse teniendo domicilio, trabajo y sobre todo cuatro hijos en la ciudad. No tiene poder económico ni de ningún tipo para escaparse.

¿Posibilidad de entorpecer la causa? ¿Siendo que quedó esa misma noche preso, y que ya se tomaron los testimonios que la fiscal quiso tomar? ¿Cuando ni siquiera es la víctima de la razón por la que Canaparo actuó como actuó? ¿Cuando la niña abusada no tiene nada que ver con él?

* La fiscal tiene, por orden del Código Procesal Penal de Córdoba, 24 horas para indagar a un detenido sospechado de un delito. Me explicaron que esos plazos no son fatales, pero que de alguna manera marcan ciertos tiempos. Companys, sentada en su oficina de Tribunales cómodamente se tomó 33 días para indagarlo. Seguramente porque no es ella quien sufre el encierro ni son sus hijos los que piden por su padre preso.

* Fernando no está preso por algo que hizo o que no hizo, está preso porque su amigo se descolocó frente a él, y porque la fiscal Companys lleva adelante una investigación ineficiente, temeraria, sesgada, dejando de lado pruebas contundentes que se encuentran tanto en el teléfono celular de mi cuñado como en los de Diego y Pablo Canaparo.

* ¿Fernando es casi el coautor de un intento de homicidio, pero es el que pide que llamen a la Policía? Qué rareza.

* Pablo Canaparo se va del lugar señalando: “Ya está, lo maté”, lo que demuestra que no estaba en su sano juicio, y que tal como lo sostiene la fiscal, no comprendió la criminalidad de sus actos. Por eso es que está en una clínica psiquiátrica y no en la cárcel.

Eso de que ya lo había matado era, a todas luces, algo falso, visto por todos los testigos del hecho. Fernando sabía que no lo había asesinado. ¿Fernando, acusado de ser partícipe de un intento de crimen, abandona el escenario y deja el hecho sin consumarlo? ¿Cómo es que, siendo un supuesto partícipe necesario, permite que Massey termine “solamente” con una herida superficial en la pierna?

Por último, quiero comentar que estoy en contra de la “ley de la selva”. No creo en un mundo que resuelva sus dramas y delitos por las manos, las hachas o la violencia. Creo en la Justicia, en el estado de derecho, en la prisión para quienes son declarados culpables, incluso en la prisión perpetua.

No quiero un mundo impune.

No defiendo el ataque, pese a la tremenda y desbordante supuesta razón que lo generó, una presunta violación.

Defiendo la inocencia de mi cuñado y cuestiono a la fiscal Juliana Companys por su perspectiva y su accionar, que atenta contra las garantías constitucionales, que viola la presunción de inocencia y que no investiga como corresponde.

Espero que el Estado se haga responsable del daño emocional, psicológico y físico que las decisiones de Companys ocasionan. Hay algo irreparable: nadie le devolverá a una persona inocente los casi dos meses que lleva preso injustamente.

 

Diego Bengoa - DNI 27.444.812

 

Nota de la Redacción: el autor de esta carta es periodista y socio de Cooperativa Comunicar, editora de El Diario. Pero en esta ocasión escribió como un villamariense más, como un lector más del medio en el cual trabaja, haciendo valer su condición de ciudadano y su derecho a expresarse libremente sobre un asunto que lo afecta en el plano personal y familiar.

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