Durante julio, cuando pasó las vacaciones
Estuvo en un hotel de Villa María el aviador muerto la semana pasada
Tres semanas antes de perder la vida en un accidente aéreo ocurrido en un campo cercano a Villa Valeria, en el sur de la provincia de Córdoba, el capitán Gonzalo Fabián Britos Venturini (foto), de 34 años, había pasado su licencia completa confinado en un hotel de Villa María.
El infortunado piloto militar oriundo de Paraná, provincia de Entre Ríos, había viajado a Córdoba durante un fin de semana largo para reencontrarse con su novia, Mercedes Rodríguez, por lo que, al volver a la base de la Quinta Brigada Aérea de Villa Reynolds, en Villa Mercedes, provincia de San Luis, debió permanecer aislado durante 15 días por la cuarentena.
Britos Venturini, a quienes sus camaradas llamaban “el Messi de la Fuerza Aérea”, falleció la semana pasada (como informó El Diario) cuando el A4 que piloteaba se precipitó a tierra y él llegó a eyectarse, aunque a muy baja altura.
Las ambulancias demoraron horas en llegar al punto del siniestro debido a los cortes de ruta dispuestos entre San Luis y el sur de Córdoba por la pandemia.
En tanto, la médica forense de Río Cuarto, Ana Laura Peiovich, reflejó en el informe que el joven piloto de caza murió a raíz de una luxación y una sección completa de la médula espinal de la columna cervical.
La autopsia reveló además que el aviador “también sufrió una hemorragia arterial en el cuello, producida antes de la sección medular”, por lo que ahora los peritos intentan determinar qué sucedió en el momento de la eyección.
Investigan qué rol cumplió la combinación entre la fuerza de gravedad y el efecto de aceleración producto de la eyección. Por eso procuran determinar a qué velocidad caía la nave y en qué posición, “ya que el deceso fue casi instantáneo tras la abrupta eyección” mientras la nave caía en pérdida a alta velocidad.
Los resultados de la autopsia coinciden, además, con los testimonios de los baqueanos, quienes aseguran que la caída en paracaídas del piloto fue acompañada por un silencio sepulcral cuando lo habitual en dichas circunstancias es gritar tras el shock de la eyección.
