Hoy cumpliría 75 años Roberto Mercadal, el médico asesinado en barrio Santa Ana

“Nos arrebataron la vida de nuestro abuelo”

Florencia Mercadal fue quien encontró muerto al reconocido profesional, cuando fue a buscarlo para ver por qué no contestaba el teléfono. En el día de su cumpleaños, quiso recordarlo por todo lo bueno que representó en la vida de la familia y como trabajador de la salud
jueves, 31 de diciembre de 2020 · 07:32

El sábado 8 de noviembre de 2020, Florencia Mercadal esperaba a su abuelo para almorzar. Ya era una tradición de los días sábados. “Además, él siempre hacía arreglos en el jardín y antes de venir a mi casa, hablaba por teléfono con una hija”, dijo la nieta del médico asesinado en su casa del barrio Santa Ana.

“Como no le contestaba el teléfono, mi tía me llamó y fui desde mi casa en el barrio Ameghino hasta la casa de mi abuelo en tres minutos para ver qué le había pasado. Allí, cuando voy a abrir la puerta, lo veo tirado, boca abajo y con sangre seca”, relató la joven a El Diario. Había sido asesinado el día antes, de 14 puñaladas.

Decidió no entrar y pedir auxilio. Llegaron los vecinos y la Policía, comenzó la investigación judicial que logró la detención de los supuestos autores (Nicolás Maximiliano Altamirano y Sofía Alejandra Radici), quienes fueron identificados por las cámaras de seguridad.

Más allá de todo, hoy Florencia quiere recordar a su abuelo con todo lo bueno que dejó. “Teníamos mucho planeado”, dijo. Una de las cosas que tenían planificada era el festejo del cumpleaños, dado que hoy, Roberto Mercadal cumpliría 75 años. “Nos arrebataron la vida de nuestro abuelo”, dijo.

"Unos días antes de morir, le recetó un medicamento (Ivermectina) a un paciente con Covid internado grave en Buenos Aires y le salvó la vida"

Además, el 3 de diciembre el Círculo Médico le iba a entregar una placa de reconocimiento por los 50 años de su labor como médico (se la entregaron a sus hijos).

Tras hacer la residencia en Salta, Roberto empezó su vida laboral como profesional de salud en Oncativo. Luego, volvió a Villa María, donde trabajó en un centro médico de la calle General Paz con sus hermanos y luego, en la Clínica de Especialidades. En los últimos años estuvo en un consultorio de un espacio de salud de la misma calle de sus inicios. “Pienso que hay 700 jubilados que perdieron a su médico de cabecera de confianza”, dijo Florencia.

“Pienso en que unos días antes de morir, le recetó un medicamento (Ivermectina) a un paciente con Covid internado grave en Buenos Aires y le salvó la vida. Pienso en las charlas filosóficas que teníamos siempre. El es -siempre habla en presente- un referente familiar tanto mío como de mi marido y no encuentro explicación a por qué hicieron lo que hicieron”, agregó,

Dijo que ve con buenos ojos la marcha de la investigación y que tratará de ser querellante en la causa “hasta que un juez baje el martillo, para que podamos encontrar algo de paz”.

Florencia, a poco del asesinato, decidió tatuarse el símbolo de su abuelo que de especialidad era cardiólogo, porque sabe que, donde esté, “él guía mis pasos”.

"El guía mis pasos", dijo Florencia Mercadal, mostrando el tatuaje con el corazón y los signos de un electrocardiograma que simboliza a su abuelo

 

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