Caso Luna Viera - El lunes habrá alegatos, “última palabra” y se dictará la sentencia
Los peritos forenses ratificaron que Gutiérrez Cingolani “es imputable”
La situación procesal de “Marianito”, el hombre con retraso mental moderado que está acusado de haber abusado y dado muerte a la niña de Tío Pujio, quedó seriamente comprometida luego que comparecieran una psicóloga y un psiquiatra del Poder Judicial
Aunque todavía falta un momento que puede ser clave para la definición del proceso (nos referimos al alegato de la Defensa), todo parece indicar que Mariano Angel Gutiérrez Cingolani (32) se encamina a una condena de prisión perpetua por el “homicidio doblemente calificado” de la pequeña Luna Viera (5), ocurrido el 19 de julio de 2017 en la localidad de Tío Pujio.
Ayer, en una audiencia atípica por sus características procesales, jueces y jurados escucharon los testimonios de dos calificados peritos forenses del Poder Judicial, quienes ratificaron que “Marianito” (como se lo conoce en el pueblo por su disminuida capacidad intelectual) “es imputable”, más allá del retraso mental moderado que padece.
Y decimos que fue una audiencia “atípica” porque, por primera vez en la historia penal villamariense, en la Cámara del Crimen se receptaron dos testimonios en forma conjunta, es decir que la psicóloga y el psiquiatra convocados comparecieron al mismo tiempo en el recinto ubicado en el quinto piso del Palacio de Justicia local.
En efecto, a pedido del fiscal Francisco Márquez, en razón de que las preguntas que se iban a formular iban a ser las mismas para uno y otro, el camarista Félix Martínez accedió al requerimiento y los peritos cordobeses declararon simultáneamente.
Juntos a la par
Así, la licenciada Graciela Moreno (jefa del Servicio de Psicología Forense Penal del Tribunal Superior de Justicia) y el médico Ignacio Dalmases (coordinador del Servicio de Psiquiatría Forense del TSJ) se sentaron a la par y, cada uno a su turno, se refirieron a las pericias que realizaron sobre la personalidad de Gutiérrez Cingolani.
Ambos profesionales revalidaron los conceptos vertidos en sus respectivos informes, luego que el fiscal que instruyó la causa, René Bosio, solicitara una segunda pericia, esta vez de carácter interdisciplinario.
Ocurre que a fines de julio de 2017, un primer estudio pericial había determinado que “Marianito” no había entendido la gravedad de los hechos, por lo que se trataba de una persona “inimputable” y, por ende, no podía ser juzgada y mucho menos condenada por los graves hechos que se le adjudicaban.
Sin embargo, a los efectos de profundizar la investigación y despejar cualquier tipo de dudas, Bosio ordenó la segunda pericia, que determinó que el acusado “pudo comprender la criminalidad de sus actos y dirigir sus acciones” cuando puso fin a la vida de Luna.
Al respecto, Dalmases sostuvo ayer que intervino en dos pericias realizadas a Gutiérrez Cingolani junto a otros dos colegas del Poder Judicial cordobés: la primera el 19 de septiembre de 2017 (es decir, exactamente dos meses después del crimen) y la segunda el 6 de marzo de 2018.
El facultativo recordó también que ya conocía al acusado desde 2011, a raíz de otro hecho que requirió la intervención de Psiquiatría Forense en general y la suya en particular.
Entre otras consideraciones, Dalmases explicó que la pericia psiquiátrica “se basa en una entrevista clínica, directa con el paciente”, aunque aclaró que “cada sujeto es un mundo en sí mismo”.
Cuando se le preguntó sobre qué tipo de patología padece Gutiérrez Cingolani, el facultativo cordobés refirió inicialmente que “el retraso mental puede ser leve, moderado, grave o profundo”, pero luego precisó que, según surgió de las pericias practicadas, “en este caso se trata de un retraso mental de leve a moderado”.
Un manto de claridad
Los conceptos vertidos por Dalmases sobre la comprensión intelectual del acusado fueron tan concluyentes que echaron un manto de claridad sobre las dudas que pudieron haber surgido el martes pasado, durante la primera audiencia del juicio.
En aquella oportunidad, el acusado declaró con cierta confusión respecto de los hechos y se mostró entre disperso y errático sobre su participación en la muerte de Luna, e incluso negó haber abusado sexualmente de ella, dijo que “nunca” le puso el pene en la boca y que “la nenita se debe haber ahogado con la saliva”.
Gutiérrez Cingolani admitió haberle “tapado la boquita para que no gritara”, y cuando la jueza Eve Flores le preguntó por qué suponía que la pequeña iba a gritar, respondió: “Porque el papá (de Luna) no quería que ella jugara conmigo”.
“No sé por qué lo hice”, fue otra de las expresiones del acusado y también refirió que se largó a llorar cuando se dio cuenta que la niña estaba muerta (“yo le decía ‘Lunita, Lunita’, y ella no contestaba”).
En su declaración ante jueces y jurados, Gutiérrez Cingolani añadió que al percatarse de que la pequeña se hallaba sin vida, levantó su cuerpo, lo llevó hasta la casa de una vecina y lo dejó debajo de un naranjo, lugar donde fue encontrado momentos más tarde.
Una versión distinta
Sin embargo, la psicóloga Moreno declaró ayer que durante la entrevista clínico-jurídica realizada junto a la licenciada Carolina Altamirano (también integrante del Servicio de Psicología Forense del TSJ), “Marianito” les dijo que había alzado a la nena para que pudiera sacar unas naranjas y que se cayó, sufriendo así lesiones que le ocasionaron la muerte.
En este punto, la profesional sostuvo que “sus experiencias de vida le permiten desenvolverse y encontrar recursos o artilugios al momento de defenderse de una acusación”.
“Pudimos apreciar que, si bien Gutiérrez Cingolani tiene una disminución de su capacidad intelectual, su transitar por la vida y la experiencia que va adquiriendo en el diario vivir le han permitido saber manejarse”, destacó Moreno y agregó que “va acomodando y modificando su discurso según más le convenga”.
Entre otros conceptos, la licenciada refirió que cuando lo entrevistaron, el acusado les dijo que solía trabajar con su hermano, haciendo tareas de albañilería, por lo que le preguntaron si sabía “cómo hacer una mezcla”, a lo que respondió sin mayores inconvenientes, en el sentido de que podía reconocer los elementos que se utilizan y la forma en que se realiza.
Moreno también contó que “este tipo de personas (en alusión a los pacientes con retraso mental) tienen la sexualidad a flor de piel” y que, además, “suelen ser influenciables”.
Cociente Intelectual
En otro momento de su declaración, se la consultó si se le había realizado algún estudio para determinar su Cociente Intelectual (CI), a lo que respondió afirmativamente. Y cuando se le preguntó cuál había sido el resultado, explicó que una persona promedio tiene un CI de 90, mientras que el de una persona con retraso mental moderado oscila entre los de 55 y 65.
El Cociente Intelectual o Coeficiente Intelectual se obtiene a través de técnicas psicométricas y es un estimador de la inteligencia general, resultado de alguno de los test estandarizados diseñados para este fin.
Algunos autores consideran que el cerebro humano es lo suficientemente complejo como para no poder medir la inteligencia con un único factor, pero otros consideran que tiene gran valor predictivo en términos de rendimiento académico o laboral.
Por ello, las pruebas de inteligencia suelen ser más complejas y aportan otros estimadores, aparte del CI, que es necesario valorar.
En un principio, el CI se obtenía dividiendo la edad mental de una persona (obtenida tras la realización de pruebas o test no estandarizados), entre su edad cronológica y multiplicando el resultado por 100.
Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX este método fue sustituido por el diseño de pruebas estandarizadas que arrojaban directamente la puntuación de este estimador.
Dos hechos llamativos
Durante la audiencia de la víspera, el fiscal Márquez aludió a un hecho delictivo cometido por “Marianito” años atrás, cuando se robó un tractor y lo condujo por la ruta 9 entre Tío Pujio y James Craik.
En ese punto y ante una pregunta sobre si estaba apto de realizar dicha tarea, Dalmases respondió: “Manejar un tractor requiere de habilidad y conducta instrumental y, por lo tanto, (Gutiérrez Cingolani) comprende acciones que demandan cierta complejidad”.
Otro dato revelador que surgió ayer indica que, con anterioridad al hecho que terminó con la vida de Luna, el acusado estuvo involucrado en otros dos hechos de presunto intento de abuso sexual, ambos en perjuicio de dos menores del pueblo, pero no hubo denuncias formales y los casos no se judicializaron.
Concluye el lunes
Luego de escuchar a los peritos cordobeses durante más de dos horas, la audiencia concluyó minutos antes de las 13, aunque previamente los miembros del tribunal, el fiscal de Cámara y la defensora oficial Silvina Muñoz acordaron un cuarto intermedio hasta el próximo lunes a las 10.
En la oportunidad, jueces técnicos y jurados populares escucharán los alegatos de las partes, luego será el turno de la “última palabra” del acusado y finalmente pasarán a deliberar para dictar sentencia, que se conocerá a media tarde del mismo lunes.
Márquez ya adelantó que pedirá la pena máxima para Gutiérrez Cingolani por considerarlo autor de “abuso sexual con acceso carnal”, en concurso real con “homicidio doblemente calificado, por críminis causa (es decir, matar para ocultar otro delito, en este caso el sometimiento sexual) y por violencia de género” (femicidio).
Solo resta saber cuáles serán los argumentos que esgrimirá la asesora letrada para convencer a los jurados populares de que su defendido no comprendió la criminalidad de los hechos que se le atribuyen y pedir, en consecuencia, que se lo declare inimputable.
