Varela y una perpetua que significa cárcel de por vida

miércoles, 24 de abril de 2019 · 00:00
La Justicia lo declaró reincidente y no podrá acceder a la “libertad condicional” Acorralado por las contundentes pruebas en su contra, el femicida de Olga Moyano no tuvo otra alternativa que confesar el horrendo crimen y el juicio se abrevió. Además, admitió haber cometido los otros tres hechos que se le atribuían. El fallo de jueces y jurados fue unánime Con los brazos cruzados, el gesto huraño y la mirada “clavada” en el piso, Osvaldo Alfredo Varela (55) escuchó el contundente veredicto de la Justicia villamariense que lo dejará tras las rejas por el resto de sus días. Sin inmutarse, el confeso asesino de Olga Inés Moyano (46) sabía que la prisión perpetua que acababan de dictarle, con declaración de reincidencia, significa cárcel de por vida y que, inexorablemente, la muerte lo encontrará detrás de los gruesos muros del penal de barrio Belgrano. A media mañana, a poco de comenzada la audiencia, Varela admitió haber cometido el atroz crimen y los otros tres graves ilícitos que se le atribuían: “Me hago responsable de todos los hechos, tal cual han sido leídos”, dijo con voz firme ante jueces y jurados, sabiendo que las pruebas colectadas en el expediente eran contundentes e irrefutables. En efecto, la investigación policial y judicial fue impecable. La fiscal que instruyó la causa, Silvia Maldonado, no dejó ningún cabo suelto y el camino hacia la pena máxima fue prácticamente un trámite. La confesión lisa y llana de los hechos posibilitó que el debate se abreviara, con lo cual la Fiscalía de Cámara, la Querella y la Defensa decidieron incorporar “por lectura” toda la prueba y pasar directamente a los alegatos. [caption id="attachment_50862" align="aligncenter" width="709"] Tres de los cuatro hijos de la víctima (falta Kevin, el menor), junto al abogado querellante, Sebastián?Elía[/caption] El hecho más grave Cabe señalar que solo por el crimen de Moyano, Varela llegó a juicio imputado como presunto autor de “privación ilegítima de la libertad calificada”; “homicidio triplemente calificado, por alevosía, por críminis causa (es decir, matar para ocultar otro delito) y por mediar violencia de género (femicidio)”, además de “violación de domicilio” y “robo”. De todos modos, previo a las conclusiones de las partes, el fiscal Francisco Márquez pidió la palabra y amplió la acusación original, solicitando que también se incluyera el delito de “abuso sexual gravemente ultrajante” que no estaba tipificado en la requisitoria de elevación a juicio. Ante la nueva imputación, la presidenta del tribunal, Eve Flores, le informó a Varela que podía declarar en relación a ese delito o bien abstenerse, a lo que el confeso femicida volvió a responder: “Me hago cargo de todos los hechos”. [caption id="attachment_34079" align="aligncenter" width="709"] La fiscal Maldonado instruyó la causa desde que el cuerpo de la víctima fue encontrado en un contenedor, a pocos metros de la casa de Varela[/caption] Oriundo de Tránsito Nacido el 6 de junio de 1963 en la localidad de Tránsito, un pequeño pueblito ubicado sobre la ruta nacional 19, a escasos 15 kilómetros de Arroyito y a 190 de Villa María, Osvaldo Varela se radicó en esta ciudad hace poco más de una década y aquí supo trabajar como gasista, aunque también realizó tareas de plomería y albañilería. Soltero, sin hijos y con instrucción secundaria completa, el femicida vivió algún tiempo en calle Martín Fierro al 500 y luego ocupó un precario departamento en La Rioja 1959, lugar donde asesinó a Moyano el 15 de junio de 2017. En horas de la tarde de aquel jueves, la mujer llegó en su moto Honda Biz hasta el domicilio de Varela y ni bien entró recibió un violento golpe en el rostro que la dejó inconsciente. En esas circunstancias, el agresor la desnudó y la ató de manos y pies a una vieja cama de madera, utilizando para tal fin un cable negro. Cabe señalar que víctima y victimario se conocían desde hacía algún tiempo e incluso intercambiaron llamados telefónicos y mensajes de texto. Olga era peluquera (solía realizar trabajos a domicilio) y además se ganaba la vida vendiendo productos de cosmética y como empleada doméstica, limpiando casas. Ese 15 de junio, exactamente dos años después de haber recuperado la libertad, Varela mantuvo cautiva a Moyano varias horas y al anochecer le dio muerte, estrangulándola con una soga blanca y azul, para horas después desmembrar su cuerpo. [caption id="attachment_50781" align="aligncenter" width="564"] Olga Inés Moyano, la mujer alevosamente asesinada[/caption] Sadismo al extremo Previo a terminar con su vida, la sometió a vejámenes muy crueles: primero manoseó sus partes pudendas, luego le sacó fotografías con su teléfono celular (pruebas que también lo incriminaron) y hasta la torturó sádicamente, ya que le hizo varios cortes en el cuerpo con un cuchillo de 17 centímetros, escribiendo las letras “PTA” en el pecho y la palabra “PUTA” en la espalda. Alrededor de las 17.10 de aquel fatídico jueves, a poco de haber sido maniatada y encontrándose totalmente indefensa, Olga fue obligada a llamar por teléfono a su hijo Denis Barrionuevo, a quien le dijo que la habían retenido en un control vehicular frente al Hipódromo y que fuera para allá. Y 10 minutos más tarde, volvió a comunicarse con él, esta vez para decirle -entre sollozos- que se encontraba en el Hospital Pasteur, que fuera para allá y preguntara por ella.   Con fines de robo En realidad, lo que Varela quería era alejar a los familiares de Moyano de la vivienda de la mujer, ubicada en Malvinas Argentinas 1687, en barrio San Justo, con el objeto de perpetrar un robo. Aprovechando el desconcierto de Denis, el femicida salió de su departamento de calle La Rioja, subió a un remís y se dirigió a la casa de la mujer, a la que ingresó con las llaves que le había quitado al momento de golpearla y reducirla. Una vez allí se apoderó de un bolso que contenía 2.000 pesos, una netbook, una calculadora científica y un teléfono celular. Con el botín a cuestas, Varela tomó otro remís y regresó a su domicilio alrededor de las 18. A partir de entonces sometió a Olga a los vejámenes antes descriptos, hasta estrangularla. Posteriormente, el femicida comenzó a organizar cómo iba a deshacerse del cuerpo. Para ello, puso en práctica los conocimientos que había adquirido en el manejo de cuchillos cuando estuvo en la cárcel, ya que durante el tiempo que estuvo privado de la libertad se desempeñó en la cocina del penal villamariense. La misma noche del 15 de junio desmembró el cadáver de Moyano: amputó sus piernas a la altura de la ingle y las colocó en dos bolsas de consorcio. En tanto, el resto del cuerpo (torso, cabeza y miembros superiores, que no descuartizó) los metió en otra bolsa similar. Horas después, llevó la moto de Moyano hasta la calle López y Planes al 450 y la dejó en la vía pública. Luego hizo lo propio con las bolsas que contenían los restos de la mujer, que dejó al lado y dentro de un contenedor que estaba ubicado en La Rioja al 1875 (en una obra en construcción), es decir a menos de una cuadra de su domicilio. A las 7.30 de la mañana siguiente, un albañil que trabajaba en el lugar se topó con el macabro hallazgo y poco después se supo que se trataba de Olga Moyano. Gracias a las cámaras de seguridad, la Policía logró identificar a Varela, quien fue detenido al día siguiente cuando se encontraba en la Terminal de Omnibus de San Francisco, a donde había escapado el mismo sábado por la mañana. [caption id="attachment_50861" align="aligncenter" width="709"] La sala ubicada en el quinto piso de Tribunales estuvo colmada, sobre todo por familiares de Olga Moyano[/caption] Los otros hechos El confeso femicida también fue declarado culpable de otros graves episodios delictivos, entre ellos el intento de femicidio de una joven prostituta, quien denunció el hecho cuando vio la foto del agresor en las páginas de El Diario. Se trata de D.M.B., quien en fecha no precisada, pero en noviembre o diciembre de 2015, fue golpeada y asaltada por Varela en un motel de la exruta pesada y calle Buenos Aires, luego que contratara sus servicios sexuales. Utilizando un cuchillo de carnicero de 30 centímetros, la amenazó de muerte y produjo algunos cortes en la espalda, e incluso trató de estrangularla, pero los gritos de la víctima alertaron a los dueños del lugar y pusieron en fuga al agresor. Además, fue declarado culpable de otros dos asaltos a mano armada, uno con un cuchillo y otro con un arma de fuego, al parecer de utilería o de juguete. Uno de los atracos se produjo el 18 de mayo de 2017 en la tienda “Colorín Colorado” (Salta y Parajón Ortiz), donde robó 1.000 pesos, un anillo y prendas de vestir, y el otro el 31 de ese mismo mes y año, en la mutual Grupo Salud (25 de Mayo 120), donde se apoderó de 3.600 pesos en efectivo y 320 mil en cheques. Por el ataque contra la prostituta, fue hallado culpable de “homicidio doblemente calificado en grado de tentativa” y “robo calificado por uso de arma en grado de tentativa”, mientras que por los asaltos a la tienda y a la mutual, se lo declaró autor de “robo calificado por uso de arma blanca” y “robo calificado por uso de arma de fuego, cuya operatividad no se pudo acreditar”.   Sin arrepentimiento Un par de horas antes de que se dictara la sentencia, Varela hizo uso de la “última palabras, oportunidad en la que solo expresó su agradecimiento a la defensora oficial, Silvina Muñoz, por la tarea desarrollada. “Le agradezco porque, a pesar de ser mujer y de tratarse de un femicidio, aceptó defenderme”, dijo brevemente. En ningún momento se mostró arrepentido y tampoco pidió perdón a tres de los cuatro hijos de Moyano (Jésica, Daiana y el mencionado Denis) que se encontraban en la sala junto al abogado querellante, Sebastián Elía, quien en su alegato adhirió al pedido del fiscal.  

En mayo de 2010 fue condenado por un asalto con cuchillo

[caption id="attachment_50863" align="aligncenter" width="709"] Osvaldo Varela en el banquillo de los acusados, el 19 de mayo de 2010, poco antes de ser condenado a cinco años y medio de prisión por asaltar un locutorio y quiosco utilizando un cuchillo de cocina (archivo de El Diario)[/caption] El miércoles 19 de mayo de 2010, en un juicio abreviado, Osvaldo Varela fue condenado a cinco años y seis meses de prisión por haber asaltado a la dueña de un locutorio y quiosco de Villa María. Por entonces, el confeso asesino de Olga Moyano estaba próximo a cumplir 47 años y se ganaba la vida como gasista, según declaró en aquella audiencia oral y pública que se llevó a cabo en la Cámara del?Crimen local. El hecho por el que estuvo preso hasta mediados de 2015 se produjo el domingo 6 de diciembre de 2009 en el local ubicado en bulevar Alvear 97, casi esquina Corrientes, frente al Instituto del Rosario, al que ingresó portando un cuchillo. Bajo amenazas, Varela redujo a la dueña del negocio, Georgina Bedoya, y la despojó de 300 pesos en efectivo, además de varios atados de cigarrillos. La audiencia de debate fue presidida por la excamarista Silvia Saslavsky de Camandone (ya jubilada) y contó con la participación del fiscal Francisco Márquez y de la defensora oficial Silvina Muñoz, los mismos protagonistas del juicio por jurados realizado en la víspera.   Cumplió toda la pena Detenido el 15 de diciembre de 2009, Varela salió de la cárcel de barrio Belgrano recién el 15 de junio de 2015, ya que tuvo que completar los cinco años y medio de prisión que le habían impuesto. El gasista no pudo acceder al beneficio de la “libertad condicional” (instituto legal que permite a los convictos primarios salir de prisión luego de cumplir las dos terceras partes de la sentencia) porque su conducta disciplinaria no fue la mejor durante el tiempo que estuvo entre rejas y porque la pericia psicológica realizada en su momento determinó que no estaba apto para reinsertarse en la sociedad. Exactamente dos años después de ser excarcelado, su nombre volvió a ocupar los principales titulares en los medios de comunicación de la ciudad y del país a raíz del alevoso asesinato de Moyano.