¿Cómo llegará la economía a las elecciones?
lunes, 29 de abril de 2019 · 00:00
Análisis de ECOLATINA
En un año caracterizado por elevada incertidumbre hay una certeza: la economía no será un activo para el oficialismo de cara a las próximas elecciones presidenciales. Las recientes medidas anunciadas por el Gobierno intentan morigerar esta situación, en un momento donde las principales preocupaciones de la población son de índole económicas. Por caso, según el último relevamiento de la consultora Synopsis, las preocupaciones por la inflación y el desempleo lideran la lista, relegando significativamente las problemáticas de corrupción e inseguridad.
En comparación con procesos electorales previos, este año la evolución de la actividad será diferente y, aunque la economía no es el único factor que opera sobre la decisión de los votantes, es uno relevante. Por caso, en 2011 y 2017, cuando ambos oficialismos ganaron ampliamente las elecciones nacionales, la demanda interna crecía por encima del PBI (11,3% i.a. versus 6,3% i.a. en 2011 y 4,6% i.a. versus 2,1% i.a en 2017, en los primeros tres trimestres de dichos año). En contraposición, para los comicios presidenciales que se avecinan tanto la actividad como la demanda interna caerán, esta última con mayor profundidad que la primera.
Dado el fuerte ajuste monetario y de la obra pública, el encarecimiento relativo del capital importado y la incertidumbre que genera el proceso electoral, la inversión no repuntará, experimentando una caída promedio del 12% i.a. en los primeros tres cuartos del año, la más profunda desde 2009. Los datos del comienzo del año dan cuenta de ello: el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) marcó un caída de casi 11% i.a. promedio entre enero y febrero; la importación de bienes de capital registró una contracción del 40% i.a. en el primer trimestre y los patentamientos de vehículos se redujeron casi 50% i.a. en el mismo período.
Por otra parte, una ambiciosa meta fiscal y una caída promedio del salario real entorno al 7% i.a. auguran un consumo interno que continuará en retroceso. Por caso, según Kantarworld Panel, en el primer trimestre el consumo masivo cayó 9% i.a., tras un derrumbe del poder adquisitivo de 10,7% i.a, y el gasto público se redujo 13% i.a. En este marco, la demanda interna se reduciría a un ritmo de 5,5% i.a. promedio durante los primeros tres trimestres del año.
Un aliciente para la actividad vendrá por el lado de la demanda externa. Gracias a una cosecha agrícola que promete ser récord y una competitividad cambiaria significativamente mayor a la experimentada en los últimos años, las exportaciones lograrían acumular hasta septiembre un incremento en torno al 10% promedio anual.
En este sentido, la buena performance del campo le permitiría a la actividad experimentar un crecimiento en términos desestacionalizados en el segundo trimestre del año, pero luego se vería interrumpido por la incertidumbre reinante durante el proceso electoral.