Despertamos al 'dragón” inflacionario
lunes, 22 de abril de 2019 · 00:00
Análisis II
Escribe Alejandro Pereyra Economista, docente y consultor
Durante mis años de formación universitaria fui paulatinamente abordando los aspectos centrales de un proceso inflacionario. Primero comprendiendo su significado conceptual, luego indagando la composición del índice y los problemas de su cálculo hasta, finalmente, sumergirme en las particularidades del fenómeno en nuestra economía. Para cuando comencé mi carrera profesional el fenómeno inflacionario comenzaba a tomar ritmo en nuestra economía y lo que durante tanto tiempo indagué, en nuestro laboratorio, que para un economista representa la historia y el análisis de los datos, finalmente era una realidad.
Argentina cuenta con economistas que conocieron el fenómeno en todas sus implicancias. Años de historia nos permiten analizar políticas y contamos con la posibilidad de consultar a algunos de los hombres que lidiaron con el “dragón” inflacionario en el pasado. Es una gran experiencia poder indagar en ellos sobre sus percepciones, sus temores, sus aciertos y sus fracasos.
Uno de los aspectos que observo en esos hombres es que se enfrentaron al dragón con los instrumentos con que contaban (todos los disponibles) y, a diferencia de algunos políticos de nuestro tiempo, muestran un enorme respeto por el fenómeno y temor por sus consecuencias. Ninguno de estos hombres que aun hoy se dedican al estudio de la economía son tomados en cuenta en lo referente a sus opiniones ni por la dirigencia encargada de instrumentar las políticas ni por la sociedad, más atenta, a los economistas mediáticos preocupados por el show.
En lo personal me formé estudiando los textos de los primeros y comprendí siempre los riesgos de despertar al dragón y lo complejo que puede resultar volver a dormirlo. La realidad nos vuelve a recordar lo difícil que resulta contener un proceso inflacionario cuando el mismo se instala en la mente de los agentes económicos. La nominalidad de la economía se desplaza a un ritmo acelerado arrasando cualquier posible estabilidad del resto de las variables del sistema, la presión acumulada termina por desbordar e impulsa nuevamente un aumento nominal, el sistema se torna inestable y desestabiliza la política que sin posibilidades de contenerlo se sumerge en la crisis.
Lo más complejo del proceso es cuando el dragón toma la fuerza suficiente para destruir completamente el sistema (bajo determinadas condiciones las fuerzas desestabilizantes pueden desarrollarse en poco tiempo). Es en ese preciso momento donde la lógica inercial ya es asumida por los hombres en su funcionamiento económico diario y el dragón es imbatible sin correr un enorme costo. Hay que evitar profundizar esa instancia, aún queda mucho por hacer, pero ya sin tiempo para disponer en debates carentes de contenido científico. El voluntarismo ya no afecta las expectativas de los agentes y, por lo tanto, no posee fuerza para contener un proceso que es a todas luces sumamente complejo. Los hombres suelen olvidar las enseñanzas que la historia les suministra, despertamos al dragón y estamos expuestos a los riesgos que esto implica.
Nuestros economistas, a los que les tocó lidiar con el fenómeno, nos recuerdan que los instrumentos económicos son limitados si no existen instituciones políticas. Solo la política puede despertar al dragón y es la política la base sobre la cual la economía debe controlarlo. Si la primera no cuenta con los mecanismos institucionales para unificar un programa, la segunda solo tiene capacidad de resistir algún tiempo los embates de una economía librada a fuerzas que no controla y que cuentan con la capacidad y la intensidad para destruir en poco tiempo el tejido social.