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La economía creativa como motor para el desarrollo

Es el sector de la economía que involucra la generación de ideas y conocimiento. El concepto abarca esencialmente la industria cultural y la economía del conocimiento

Escribe: Lic. Karina Costabello (*)

Especial para El Diario

Luego de una exitosísima capacitación a cargo de Patricia Jablonka con gran convocatoria, organizada por AERCA y Fedecom y apoyada por la Subsecretaría de Cultura de la ciudad, las áreas de Extensión e Investigación de la Universidad Nacional de Villa María, el ENRED (Ente Regional de Desarrollo) y la MICC (Mesa de Industrias Creativas y Culturales de Villa María), no podemos dejar de hablar de la importancia de la economía creativa en el país y en el mundo.

Ya les he contado en otra oportunidad acerca de las industrias creativas y culturales que hoy son tendencia mundial. Repasando un poco el concepto, la economía creativa o industria creativa es el sector de la economía que involucra la generación de ideas y conocimiento. El concepto abarca esencialmente la industria cultural (arte, cultura, entretenimiento, diseño, arquitectura, publicidad, gastronomía) y la economía del conocimiento (educación, investigación y desarrollo, alta tecnología, informática, telecomunicaciones, robótica, nanotecnología, industria aeroespacial). La economía creativa tiene tanto valor comercial como cultural. El reconocimiento de este doble valor ha llevado a los gobiernos de todo el mundo a expandir y desarrollar sus economías creativas como parte de las estrategias de diversificación económica y los esfuerzos para estimular el crecimiento económico, la prosperidad y el bienestar. Por esta razón, este sector se reconoce como un activo contribuyente al producto bruto interno de las naciones, estimulando la innovación y la transferencia de conocimiento en todos los sectores de la economía y por eso, se constituye como indispensable para fomentar el desarrollo inclusivo. En la economía creativa, la generación de riqueza depende de la capacidad de crear contenido creativo y convertirlo en bienes o servicios que se pueden comercializar y encontrar formas de distribuirlos en el mercado local y en el exterior, adquiriendo escala y difundiendo su conocimiento.

Las industrias creativas generan ingresos a través del comercio y los derechos de propiedad intelectual, y crean nuevas oportunidades, particularmente para las pequeñas y medianas empresas. El trabajo creativo promueve los derechos fundamentales, como el respeto por la dignidad humana, la igualdad y la democracia, los que son esenciales para que los humanos vivan juntos en paz. Su potencial para hacer una contribución significativa al logro de los objetivos de desarrollo sostenible. 

La creatividad es un recurso intangible asociado directamente al conocimiento y al acervo cultural que poseen los individuos y las sociedades. Es un recurso que no se agota, no es escaso, no contamina y que cualquier comunidad puede utilizar como factor de producción económica. Eso ha posicionado a la economía creativa como un motor de desarrollo económico y social deseable para la sociedad contemporánea.

El arte y la cultura son componentes y vías por excelencia para lograr el disfrute espiritual, promover la identidad nacional o corporativa, y desarrollar capacidades de distinta índole en quienes participan en ellas como espectador o como protagonista de las mismas. Nos lleva a conectarnos de manera diferente con las demás personas, nos permite abstraernos por momentos de la realidad y esto a su vez nos lleva a descubrir nuevas formas de comunicarnos construyendo nuevas comunidades.

La economía creativa basa su importancia en cuatro razones fundamentales:

1. Valor económico. La economía creativa contribuye un 6,1% al PIB mundial y entre el 2% y 7% al PIB de las economías nacionales. En la economía global se genera un PIB de 4.300 billones de dólares y las exportaciones de productos y servicios creativos y culturales alcanzan los 646 billones de dólares, el 82% de los cuales pertenece a países desarrollados, lo que refleja un dominio en el comercio de estas industrias debido a la poca capacidad de descentralización del talento creativo.

2. Valor de innovación. Sin duda la innovación está basada en la creatividad, y todo ser humano es creativo de alguna forma. Por tanto aquellos estados, instituciones y empresas que logren activar, extraer y retener su talento creativo así como poner en valor y rentabilizar dicha creatividad, obtendrán como resultado una fuente inagotable de desarrollo, crecimiento, competitividad, diferenciación y valor añadido tanto en actividades tradicionales como en actividades de base tecnológica.

3. Valor social. La economía creativa asienta su desarrollo en el conocimiento y el talento, por lo que su implantación y crecimiento está liderado por la llamada “clase creativa”; científicos, ingenieros, profesores de universidad, escritores, artistas, actores, diseñadores, arquitectos, así como líderes intelectuales, figuras del mundo de la cultura, think-tank de investigadores, analistas o líderes de opinión.

4. Valor sostenible. Producen bienes y servicios con valor estético y funcional de manera que usan la creatividad y el capital intelectual como “insumos primarios” y, por tanto, disponen de un input ilimitado. La economía creativa propone modelos económicos limpios, ecológicos y sostenibles.

 

Hubs culturales

La vocación artística por fomentar el emprendimiento y la creación de empresas en torno a estas industrias potencia el talento y las habilidades individuales. Un caos de ideas que se vuelven colectivas a partir de estos lugares que emergen, en muchos casos, en los bordes urbanos.

En esa línea, las industrias creativas y culturales son capaces de generar empleo y riqueza, y de provocar un alto impacto social y económico. Los hubs, incubadoras, laboratorios y aceleradoras de estos startups culturales son espacios claves para la economía creativa, en la que confluyen las industrias culturales y creativas tradicionales y las emergentes.

En conclusión, la revolución en las industrias culturales abre espacio a un mundo de posibilidades infinitas para lo que se presenta como una nueva economía social. El emprendimiento cultural, como un instrumento loable para transformación social, permite el surgimiento de barrios, ciudades y lugares donde se concentra el ejercicio por la innovación y experimentación. Hay una necesidad urgente de encontrar nuevos cauces de desarrollo que estimulen la creatividad y la innovación en la búsqueda de un crecimiento y un desarrollo sostenibles, equitativos e inclusivos.

(*) Comunicadora social publicitaria del Estudio Moon Comunicación,

Marketing y Diseño

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