Opinión - Carta - Debate - El recuerdo del obispo cordobés
A 50 años del magnicidio de Monseñor Angelelli
Desde la APDH Villa María se recuerda al religioso que fue asesinado por la dictadura y que tenía “un oído en el pueblo y otro en el evangelio”Procuramos desde la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Regional Villa María, siguiendo el camino de la Memoria, la Verdad y la Justicia, especialmente dirigido a toda la sociedad y a la juventud, que son los que tienen que construir una sociedad Ecuánime, rendir un tributo a monseñor con humildad, como fue toda su vida, con una frase que se apropió de su entrega: “Con un oído en el pueblo y el otro en el evangelio”.
El 4 de agosto de 1976, en la ruta 38, a la altura de Punta de los Llanos, cuando desde La Rioja se dirigía a Córdoba, un coche que lo seguía le cerró el paso, monseñor fue despedido de la camioneta que viajaba, golpeó en el pavimento y fue rematado con un culatazo en la nuca. El operativo fue comandado por el famoso general genocida Mario Benjamín Menéndez, que fraguó su muerte como si hubiera sido un accidente de tránsito. Se trataba de un asesinato.
Los comerciantes y hacendados de la provincia de La Rioja reclamaban la renuncia de monseñor Angelelli y, en 1974, la organización parapolicial Triple “A” incluyó al obispo en la lista negra de personalidades que serían ejecutadas.
Nos tenemos que ubicar en ese tiempo, con la dictadura genocida secuestrando y asesinando..., pocos eran los que se atrevían a cuestionar; algunas instituciones, en ese caso la Iglesia, algunos sectores de la misma que confrontaban, con el riesgo de ser asesinados.
Angelelli, un obispo mártir, nació en 1923 en Córdoba e ingresó con apenas 15 en el seminario menor de Jesús María. Fue ordenado como presbítero en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano de Roma, en Italia.
En su regreso a la Argentina, en 1951, se vinculó con los sectores de la Juventud Obrera Católica “JOC” y quedó a cargo de la capilla Cristo Obrero, en su provincia natal, donde colaboró y acompañó en la tarea con los más humildes, con el sacerdote italiano Quinto Cargnelutti, quien había estado en Villa María.
En medio de los debates por el Concilio Vaticano II, la gran reforma lanzada por el Papa Juan XXIII en 1959, Angelelli obtuvo la designación como obispo, y ya en esos años, su compromiso con los sectores menos favorecidos de los barrios de Córdoba estaba vigente plenamente.
En la presentación del libro “Villa María Ciudad de la Memoria” fuimos a La Rioja, uno de nosotros se vinculó con personas que convivieron con monseñor y nos permitimos sumar a este escrito sus expresiones para que puedan evaluar cómo los riojanos lo respetaban y lo querían.
Hilda Aguirre Soria, psicóloga social: “Quiero expresar con nuestro cariño al querido e inolvidable monseñor Enrique Angelelli, que fue importante la enseñanza que nos dejó, no solo de palabras, sino de obras, porque junto con nosotros trabajó para ayudar a pobres y desamparados”.
“Monseñor, fuiste un gran ejemplo, tuviste la luz del evangelio que supo guiar tus pasos y querías que guiaran los nuestros”.
“Has partido hacia la gloria del Padre, nosotros sabemos que estás aquí, que no te has ido, que estás aquí junto a nosotros, dispuesto a ayudar para hacer la paz, la justicia, para que reine el amor”.
“La obra que vos empezaste, nosotros, como verdaderos cristianos, la seguimos; Dios nos da fuerzas y valor para cumplir con tu mandato”.
De esta forma, monseñor dejó semillas que se hicieron árboles y esos árboles dieron sombra, luz y amparo para los desposeídos.
Monseñor hizo posible otra frase: “Yo no puedo predicar la resignación”, la que lo identifica y lo muestra como modelo a seguir para terminar con la rutina del odio y el desprecio de muchos políticos, como el presidente de la Nación, que no asume el rol por el que fue elegido.
El 25 de febrero de 1973, en plena campaña electoral en La Rioja, en la misa dominical a la que asistieron los candidatos del Frejuli, Héctor J. Cámpora y Vicente Solano Lima, el obispo leyó las reflexiones sobre las elecciones de marzo, que fueron suscriptas por todos los sacerdotes.
En ellas decía: “Votar no consiste solamente en depositar una ´papeleta´ en una urna. Votar es hacer y construir nuestra propia historia argentina y riojana. Es poner el hombro´ para que como pueblo no se nos considere solamente en las urnas, sino el gran protagonista y actor en la reconstrucción de la Patria.
Es para eliminar las causas que engendran injusticias, miserias, odios, éxodos obligatorios...”.
Víctor Vedelago - Elvio Omar Toscano (APDH Villa María)
