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La CGT y la encíclica de León XIV

El profesional villamariense regresa a nuestras páginas con una reflexión sobre el trabajo en los días que corren
domingo, 19 de julio de 2026 · 08:30

Escribe: Eduardo Miguel Bonoris* Especial para elDiario

 

A veces el tiempo, otras  veces la memoria, nos juega una mala pasada.  Digo esto con referencia a la historia del movimiento obrero argentino. Necesitamos recordar con profundidad los alcances logrados en los últimos ochenta años.

Es hoy cuando la Central Obrera debe hacer sentir su voz, y ahora contando con la ayuda de la Iglesia,  la que a través de la encíclica  “Magnífica Humanidad”,  del Papa León XIV, reaviva los principales valores de los trabajadores frente a este intento mal llamado liberal, que se olvida de la solidaridad, que ha marcado gran parte de la historia del movimiento obrero argentino, sosteniendo sin temor el principio de la “justicia social”, que enfrenta al trabajador, solo frente a los poderosos que no cejan en someterlo.  Este principio de la justicia social, tan caro al movimiento, no solo se ha visto negado, sino agredido permanentemente, al calificarlo como una estafa para las trabajadoras y trabajadores del país.    

No pretendo dar una clase de  historia del trabajo en Argentina, pero sí es posible acometer  la tarea que debemos afrontar hacia el futuro,  esbozando algunas circunstancias que fueron decisivas en el devenir de los trabajadores. Para ello no se nos escapa lo ocurrido con el fenómeno de las inmigraciones acaecidas en el país, donde los extranjeros recién llegados en masa  lo hicieron como verdaderos desclasados  de una Europa empobrecida por dos guerras mundiales, donde  a esa situación se suma la pobreza extrema  acrecentada por la ignorancia. En su gran mayoría eran  analfabetos, el castigo  más cruel que el hombre pueda padecer. Como agregado a todo lo dicho, en el pensamiento que trajeron estos inmigrantes aparecían con claridad ideales absolutamente diferentes como el comunismo soviético, el marxismo leninismo, el nacional socialismo alemán, el fascismo italiano, el anarquismo preponderantemente español y el cristianismo plasmado en uno de los trabajos más trascendentes, “La Rerum Novarum”, elaborada por el Papa León XIII en los  finales del siglo XIX.

Hoy, el sucesor de Pedro, León XIV, siguiendo la tradición de la Iglesia de acompañar las transformaciones que se han sucedido en el mundo del trabajo, hace sentir su voz sobre este tremendo desafío que se está dando en el ámbito laboral, con la aparición de la  Inteligencia Artificial (IA), que nos describe de manera evidente el progreso de la ciencia y la tecnología, y al mismo tiempo, la tremenda responsabilidad en las consecuencias que puedan derivarse de este adelanto.  Como en todo proceso nuevo que  aparece, se escuchan voces que proclaman lo admirable de este avance sin igual en la historia universal, también resuenan argumentos que condenan su aplicación a niveles de absolutamente  negativos.

Ni lo uno ni lo otro, porque de esas confrontaciones extremas aparece esta encíclica de León XIV, que arrima con autoridad  al conocimiento y tratamiento de este nuevo fenómeno. La doctrina social de la Iglesia plasmada en la historia como acompañante permanente del hombre y de la mujer que trabajan. Esta doctrina ha sido consecuente en el tiempo, insistiendo  permanentemente en los valores intrínsecos del hombre, “la dignidad” como tal y en su proyección trascendental.

La República Argentina figura entre los países que primero la entendieron, y con el entonces coronel Perón como el primero en aplicarla, elevándola a la mayor jerarquía jurídica de una Nación, incluyéndola en la Constitución Nacional. Ocurrió en la reforma  sancionada en 1949.  Se establecieron entonces en su art. 37:

1. Derecho de trabajar, como medio indispensable para satisfacer las necesidades espirituales y materiales del individuo y de la comunidad; 

2.Derecho a una retribución justa,  garantizar al trabajador una retribución moral y material que satisfaga sus necesidades vitales.

3. Derecho a la capacitación, para estimular el esfuerzo individual proporcionando los medios para que se desarrollen en igualdad de oportunidades.

4. Derecho a condiciones dignas de trabajo y  justas para el desempeño de sus funciones.

5. Derecho a la protección de su familia al mejoramiento del género humano y a la consolidación de principios espirituales y morales que constituyen la esencia de la convivencia social.

6. Derecho a la defensa de los intereses profesionales,  atribuciones esenciales de los trabajadores que la sociedad debe respetar y proteger.  

La familia, núcleo de la comunidad organizada 

La familia, como núcleo primario y fundamental de la sociedad, será objeto de preferente protección por parte del Estado.

La atención y asistencia de la madre y del niño gozarán de la especial y privilegiada consideración del Estado. 

Derechos de la ancianidad. Derecho a su protección integral  esparcimiento.

Derecho al respeto y consideración de sus semejantes.

 

La educación y la cultura

La educación y la instrucción corresponden a la familia y a los establecimientos particulares y oficiales.  En conclusión,  se puso al hombre y a la mujer por  encima de toda  especulación política, otorgándole su mayor valor a la dignidad; y a partir de ese principio, todo lo que se logró durante el período comprendido entre 1945 hasta nuestros días.  Las conquistas no se abandonan, se reafirman.

*Villamariense, abogado, coordinador docente de la Escuela de Capacitación Sindical de la CGT Regional Mar del Plata entre 1972 y 1976