Opinión - La era de la “uberización”

Las falacias eficaces y los trabajadores muy vulnerables

Un artículo que desmitifica algunas de las consignas que son claves, como la promesa de “ser tu propio jefe”
lunes, 17 de noviembre de 2025 · 08:30

Escribe: Itatí Demarchi* Especial para elDiario

 

La llamada “modernización laboral”, presentada como una ventana hacia el futuro, convive con una de las mayores zonas grises del derecho del trabajo contemporáneo: las plataformas digitales. En este universo, la retórica del emprendedurismo construyó un conjunto de falacias eficaces que hoy funcionan como verdaderos dispositivos de desprotección. Son ficciones que se venden como libertad, pero que operan como mecanismos de aislamiento.

La primera de esas falacias es la promesa de “ser tu propio jefe”, la idea de que cada persona puede administrar sus tiempos, elegir cuándo trabajar y autogestionar su vida laboral. Sin embargo, detrás de ese discurso se esconde una relación profundamente asimétrica. Las plataformas controlan el algoritmo, fijan tarifas, imponen condiciones unilaterales, evalúan a quienes trabajan y, sobre todo, pueden “desloguearlos” sin instancia previa de defensa. Se trata de una ficción de autonomía construida sobre la máxima dependencia tecnológica.

A ello se suma un fenómeno propio de esta era: el lenguaje engañoso. Como en el arte de la pragmática, las palabras dicen lo contrario de lo que son. Loguearse no es más que ingresar a la relación laboral. Desloguearse equivale al despido. Las “sanciones algorítmicas” son medidas disciplinarias. La “caída de demanda” se convierte en un eufemismo para bajar tarifas o limitar ingresos. Y la supuesta “flexibilidad” es, en verdad, disponibilidad absoluta: siempre hay que estar conectado, siempre a merced de la aplicación.

El resultado es un colectivo laboral hipervulnerabilizado: sin obra social, sin ART, sin salario mínimo, sin jornada limitada, sin licencias y sin un empleador identificable. Trabajadores sin derechos frente a empresas que, paradójicamente, son capaces de saberlo todo sobre ellos, pero permanecen invisibles, operando en jurisdicciones remotas, con domicilio en la nube y responsabilidad difusa. El capitalismo de plataformas perfecciona la idea del empleador sin rostro, un poder empresarial sin presencia física, pero con una capacidad de control inédita.

En este contexto, la llamada Reforma Laboral, bajo el rótulo de “Modernización”, omitió por completo a este universo laboral. Ningún artículo, ninguna previsión, ninguna protección específica.

Hay lugares en los que Uber ya compite con Rappi, Pedido Ya y otras aplicaciones de entrega domiciliaria

El discurso reformista

El discurso reformista, lejos de achicar brechas, las profundizó al dejar fuera justamente a quienes más necesitaban tutela. Las personas que trabajan en plataformas son, hoy, quienes cargan sobre sus espaldas todos los riesgos del negocio, pero no acceden a ninguno de sus beneficios. Se los invita a la soledad contractual: sin sindicato, sin negociación colectiva, sin presencia estatal y sin reconocimiento jurídico claro.

La uberización del trabajo no solo redefine la relación laboral: redefine el modo en que una sociedad concibe la protección.

La modernidad no puede ser sinónimo de desamparo. Y ningún modelo que requiera aislar a quienes trabajan, convertirlos en individuos atomizados y diluir al empleador en una abstracción tecnológica puede llamarse, honestamente, progreso.

 

*Asesora sindical. Jefa de Trabajos Prácticos de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de Villa María.

Especialista en Derecho del Trabajo.

Magíster en Argumentación Jurídica.