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“Y pasa la vida, y el ‘No elegido’ crece convencido de que tiene que pedir permiso”

domingo, 10 de abril de 2022 · 09:20

El No elegido:

La sensación de poder es, quizás, la búsqueda primera del hombre, el impulso vital y el primer suspiro de supervivencia; nacer y poder vivir es fruto de la sensación de que puedo ser dueño, al menos, del aire que respiro. Junto a la inocencia natural con la que venimos al mundo se instala en el corazón esta lucha y necesidad que con total legitimidad se va arraigando.

Al tiempo, ese poder se va transformando en la capacidad de elegir entre una cosa y otra, de hecho la gran diferencia entre las personas es, por un lado, quienes desarrollan las condiciones y la posibilidad de elegir, y por otro, quienes deben sujetarse de una manera ajustada (podríamos decir a veces asfixiantes) a enfrentar las situaciones sin opciones aparentes; y así unos crecen con la soberbia de creer que en su voluntad todo lo pueden disponer, y otros se van erosionando en la sensación de tener que esperar a poder elegir.

El punto más álgido de esta gran diferencia, llega en el momento en que nos damos cuenta de que el poder de elegir no es solo en las cosas y en los acontecimientos, sino sobre todo en las personas; la vida se juega entre los que eligen a los elegidos y entre los que no pueden elegir y no son elegidos.

Al cerrar los ojos, quizás a todos se nos venga en el recuerdo, el pan y queso, en donde inocentemente poníamos el futuro momento de juego en manos de dos denominados líderes, que quizás respondían a estándares o criterios por nadie nunca establecidos; y así todos en fila expuesta al juicio de esperar ser nombrados…

¡Claro! Quién no esperaba que su nombre sea pronunciado, ser elegido entre los primeros (eso te catalogaba grupalmente como uno de los mejores) y en la medida en que iba avanzando el lúdico juicio se acercaba el turno de los “No elegidos”, quizás los que debían sentir que la “generosidad” del resto era tan grande que hasta le permitían “al menos ser parte” del juego.

Y como este, hay otras costumbres de elegir al mejor amigo o amiga, al mejor compañero, la elección de los abanderados en el colegio, la reina o el rey de estudiantes y más; formas encubiertas, de separar al más copado del menos, de aislar al problemático, de hacer sentir la diferencia patria entre el burro y el inteligente, que se noten quienes eran lindos y quienes no. Y así, sin detenernos mucho vamos normalizando en los diferentes momentos de la vida “ser No elegido”.

La peor parte de esta realidad es que el corazón del “No elegido”, sigue funcionando como en la fila de los juegos, queda latente el deseo permanente de esperar que alguien alguna vez pronuncie su nombre primero, descuidando sus opciones, sus deseos, sus ganas, perdiendo la capacidad de reconocer que no necesita de ningún juez externo que lo haga sentir valioso y virtuoso, la famosa espera de Penélope en el Andén.

Y pasa la vida, y el “No elegido” crece convencido de que tiene que pedir permiso para mostrar y mostrarse, para querer y quererse, crece con el miedo a sus propias capacidades. Aunque él mismo sabe que puede explotar estrellas, aún cree que con un par al lado va a ser siempre mejor, crece con el miedo a reproducir el mismo egoísmo que lo encerró en sus propias confusiones.

Vuelvo a recordar que la diferencia entre las personas siempre va a ser de “poder”, entre los que eligen y los que no son elegidos.

Quizás la verdadera justicia sea eliminar esos fantasmas estructurales, quizás sea decirle al “No” que no necesita de nada ni de nadie para transformarse en posibilidad, que deje de esperar porque el tiempo se pasa. No hay nada fuera que tenga el poder de convalidar (menos de invalidar) lo que está dentro.

La justicia llegará cuando quienes viven esperando se animen a desarmar la fila, reconociendo que la boca que mejor pronuncia mi nombre es la mía; ese momento en el que “el No elegido” se escuche pronunciar su propio nombre bien fuerte, porque “el mismo se eligió”. Ese será el día en el que verdadero poder pueda llamarse Libertad.

R. P.

(Nota: el autor de la carta tiene una fuerte intervención en la comunidad. Prefirió que no sea publicado su nombre, sino solamente sus iniciales)

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