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Valorar lo que pasó en “1985”

martes, 25 de octubre de 2022 · 08:30

Escribe: Javier Morello
Cineasta local radicado en CABA


Dicen que el Martín Fierro abrió puertas a la lectura. Que los almacenes de ramos generales encargaban libros como si fueran azúcar o clavos. Y también nos cuentan que algunas películas del enorme Leonardo Favio obligaban a reabrir cines que llevaban apagados mucho tiempo.

Los grandes relatos, pareciera que inventan sus propios modos de contarse, rescatando viejos fogones, inventando nuevos lugares para las historias.

Con Favio, reabrían cines. Con Hernández agregaban los libros a la lista de pedidos, “un quintal de harina, veinte Martín Fierro, una gruesa de tal otra cosa”.

Sucede cada tanto que un relato, un cuento, una historia nos interpelan. Y  entonces no importan boliches de ramos generales, salitas de teatro y cine, carpas de circo, ni nada. No hablamos de ámbitos sino de estados de ánimo del pueblo. Zeitgeist

El NOS habla, obviamente, de los argentinos, ese pueblo tan atendido por divisiones, tan conformado por fracciones. Tan proclive a partirse.

Pero.

Hubo libros que nos unieron, películas que nos hicieron sentir juntos. Más juntos. En días en que el alrededor y el contexto eran pura muerte.

Particularmente a mí, no me gusta “La noche de los lápices” en su exhibición del dolor y la derrota. Pero entiendo que es cine, y que fue una película necesaria. Y que todavía hoy convoca y educa.

Y antes de eso, yo era un torpe estudiante de cine, cuando “la Historia Oficial” ganó el Oscar. Juro que el adolescente que fui, no entendió su importancia.

Pero, argentino como soy, festejé ese Oscar. Y nuevamente entiendo que las películas tienen funciones, y que acomodan recuerdos, interpelan, explican.

Más de grande, comencé a entender que el cine, puede ser bueno, narrativamente perfecto, y contar historias de mierda. Y viceversa, que hay pelis que con mil errores nos llenan de amor, de deseos de ser mejores, de ambiciones generosas.

Todo esto para decir que… tenía un miedo cuando me tocó ver “Argentina 1985”…

Quería, quería ver tanto, pero pensaba que no me lo iban a mostrar…

Y pasaban los días e inevitablemente leía críticas y análisis  que me explicaban todo lo que la peli no contaba, todo lo que la peli no decía, porque esquivaba el presente  (juro que si buscás las críticas, todas hablan más de lo que pasó después de lo que la peli cuenta, que de la historia en sí).

Muerto de miedo estaba, porque me toca de cerca, porque mal que mal en mi carrera, en mi pequeña carrera de director, de guionista, he hablado de estos temas.

Y uno siempre está esperando que venga la peli. La peli. La que cuente todo, la que cierre las discusiones, la que no sea obscena a la hora de contar el dolor y la tortura y la muerte, pero no esquive, sobre todo que no esquive.

Esa peli no llegará nunca. Pero una la espera. En estos tiempos de negacionismo, de derechas radicalizadas, de ninguneo, del dolor y de las muertes…

Y ahí está la peli. Esta. Donde hay algunos amigos, o conocidos participando.

Y Axel es el primer productor que aparece en los títulos.

Y Alejandra, su personaje, es la que interpela a quien hay que interpelar.

Y uno descubre que no hace falta la película. El cine no es para eso, no es para cerrar definitivamente nada. El cine, como la Odisea, es para empezar a contar cosa.

Y por eso, Argentina, 1985, la peli, es buenísima como peli. Cumple todos los requisitos. Y también, también, se abren  cines para proyectarla. Por temas de Amazon, pero…

Salas de todo el país, independientes, están vendiendo más entradas que nunca. Y eso está bueno.

La gente se invita a verla juntos, hacía desde Gatica que no había una piña como esta. Es decir, no se abren cines, pero va todo por fuera de las grandes cadenas internacionales. Involuntariamente, contala como quieras, pero es un hecho.

Me gusta la peli, quiero que la vea mucha gente, el cine es eso, la narrativa, el Martín Fierro es eso, el arte es eso. Nuestro cine es eso.

El director Mitre nació en el 80. El guionista Llinás en el 75. ¿Llegaron tarde? O ellos pueden contar de una manera diferente. Nos invitan a valorar lo que pasó, nos dicen que no hay héroes, que hubo corajes individuales, momentos políticos.  El compromiso que tomaron con el relato y la verdad, tienen que ver con todos, con cada uno de nosotros.  Y tal vez hacía falta en estos días desangelados, que ellos se fascinen con la historia para que la historia vuelva a ser contada.

La película es aplaudida, me cuentan, en cada proyección, hay gente que me llamó emocionada luego de verla.

Yo le agradezco al cine que eso ocurra. Y agradezco a este país, a esta gente, a esta historia, cada uno de esos llantos, cada unas de esas promesas de nunca más que en secreto hacemos al salir del templo que es el cine.