Opiniones - Cartas - Debate - A propósito del mes del cooperativismo

Desafíos actuales del tercer sector: hacia un horizonte político, económico y cultural

Con una fuerte presencia del cooperativismo de trabajo el sector ha desplegado una trayectoria indiscutible en lo que respecta a la inclusión laboral y el compromiso con la comunidad

Escribe Guido Gasparini* ESPECIAL PARA EL DIARIO

 

El movimiento cooperativo en el país ha atravesado distintos momentos a lo largo de la historia local, algunos de mayor crecimiento y otros de retracción. De lo que no hay dudas es que ha sentado bases firmes sobre las cuales se puede imaginar y construir un proyecto social superador. En tiempos donde los niveles mundiales de desigualdad económica y social han llegado a su extremo, es una tarea fundamental poder encontrar un camino colectivo que nos conduzca a una realidad donde las oportunidades de desarrollo sean las mismas para todas y todos.

Actualmente en Villa María se encuentran activas 31 cooperativas (datos oficiales de INAES). Con una fuerte presencia del cooperativismo de trabajo (26 organizaciones), el sector ha desplegado una trayectoria indiscutible en lo que respecta a la inclusión laboral y el compromiso con la comunidad. Las cooperativas locales generan trabajo directo a aproximadamente 600 personas, y tienen presencia en todo el territorio villamariense, a partir de dos estrategias: la producción de bienes y servicios de calidad y el desarrollo de acciones de carácter social, que buscan mejorar las condiciones de las y los vecinos/as de la ciudad.

Las cooperativas, tanto en la ciudad como en otras localidades, generan beneficios en todos los campos de la vida social: los servicios públicos, la producción y el consumo de alimentos de calidad, el sostenimiento del medioambiente, la comunicación responsable, por nombrar las más importantes. Estas trayectorias y construcciones previas son los cimientos sobre los cuales debemos edificar un nuevo pacto social, basado en la cooperación y la solidaridad como pilares estructurales.

En este sentido, el desafío central en el presente actual es construir una sociedad donde la prioridad deje de ser la acumulación de capital, para poner todos los esfuerzos en el bienestar del ser humano en todos sus planos vitales. Este desafío está en juego ya mismo, y hay que jugar este partido en tres planos simultáneos e igualmente importantes.

 

Política

El primero es el plano político. Y no en referencia a lo político partidario, sino a la forma en que nos organizamos como comunidad. Aquí es necesario generar espacios de debate y proyección concretos, donde a partir de la diversidad de miradas y opiniones podamos trazar acuerdos mínimos en torno a la sociedad que queremos: una sociedad justa, equitativa, con igualdad de oportunidades, con lazos sociales fuertes, cohesionada. Este accionar debe ser tarea conjunta entre el sector cooperativo, el Estado en sus distintos niveles, las empresas del sector privado, las organizaciones sociales y el ámbito académico. Solo mediante este trabajo mancomunado en red es posible pensar un proyecto de comunidad local basada en la cooperación. Trabajo en red que debe materializares en un programa político estratégico, con objetivos a mediano y largo plazo, y acciones concretas para lograrlos.

 

Economía

El segundo es el plano económico. Necesitamos que el cooperativismo protagonice aún más el desarrollo productivo, como un motor fundamental de la economía local. Pasar de ser considerada una economía marginal a una economía pujante. Para ello es necesaria la consolidación de las cooperativas existentes pero fundamentalmente la conformación de nuevas experiencias asociativas, que puedan resolver las necesidades territoriales actuales. Hay actividades económicas locales donde el modelo cooperativo todavía no hizo pie del todo, y donde puede aportar significativamente: la producción de alimentos, la producción textil, los servicios ambientales, la construcción de viviendas, la economía del cuidado, la industria liviana, entre otras.

 

Cultura

El tercer plano, al cual considero el más importante, es el plano cultural. Porque en la realidad inmediata se enfrentan dos fuertes perspectivas acerca de la vida en sociedad, totalmente antagónicas.

Una perspectiva considera a la vida social como una cuestión individual, donde cada persona es única dueña y responsable de su destino. Donde no importa lo que le pasa a quien está al lado, donde hay que salvarse solo/a. En esta perspectiva de la vida, el éxito se mide en dólares y es causa del mérito personal. En esta forma de vivir, el odio y el egoísmo son las mejores herramientas para triunfar.

Del otro lado del río hay otra forma de pensar, sentir y vivir la vida, donde el encuentro y la empatía con las demás personas son el eje vertebrador. Donde la comunidad que nos rodea es la prioridad, donde la única solución a todos los problemas es salvarnos entre todas/os. En esta forma de vivir, el éxito se mide en derechos adquiridos y respetados, y no existe la justicia individual si no hay justicia social. Esta perspectiva es la que caracteriza al cooperativismo, un movimiento que lucha día a día por generar mejores condiciones de vida, garantizar la igualdad de género, preservar el medioambiente, fortalecer la democracia y fundamentalmente, por vivir colectivamente. 

Por eso en este mes, el reconocimiento a todas/os/es quienes mantienen el cooperativismo como forma de vivir.  El desafío que nos urge es transformar una sociedad con organizaciones cooperativas a una sociedad con vida cooperativa, donde la cooperación sea el móvil de todas nuestras acciones.

                                                                             

*Guido Gasparini Lic. en Desarrollo Local Regional - Docente del Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Sociales - UNVM

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