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Las consecuencias del coronavirus

martes, 28 de abril de 2020 · 09:00

Es necesario aprovechar las enseñanzas y experiencias que, día a día, nos deja el coronavirus a los argentinos, para proyectar un cambio cultural en nuestra forma de comportarnos como sociedad.

La cuarentena obligatoria, el quedarse en casa, decretado por el Poder Ejecutivo nacional la última semana de marzo, por 15 días, fue una determinación para cuidar la salud de los ciudadanos que habitan nuestro suelo patrio. También tuvo el propósito de permitir organizar el sistema sanitario estatal bastante descuidado, desde hace muchos años, por los gobiernos de distintos signos políticos.

La confusión o dicotomía que existió y existe en la prestación de salud pública y privada ha provocado una gran distorsión entre las obligaciones del Estado y el mercado. Así surgió la primera alarma. Ya sonó. El Estado no pudo mirar al costado. Tuvo que definir la prioridad: la salud.

A partir de esa circunstancia nace la otra consecuencia y segunda situación: frenar la actividad productiva y de servicios por dos semanas en todo el territorio nacional. Se dijo por 15 días, pero los gobernantes se dieron cuenta enseguida que el tiempo estipulado no alcanzaba para resolver el problema.

Aparece ahí la disyuntiva salud vs. economía: ¿cómo lograr flexibilizar una medida de extrema dureza como la cuarentena obligatoria con la actividad productiva privada en un país sin reservas, sin crédito, endeudado por un déficit crónico y altos índices de inflación por décadas, con una presión impositiva asfixiante sobre dicha actividad en todos los niveles: nacional, provincial y municipal, con una economía informal demasiado alta para un país medianamente organizado por error en la gestión gubernamental, con un exceso de empleados públicos con respecto a los empleos privados formales, que son ineficientes e ineficaces de dar respuestas a sus pobladores?

Salir de ese círculo vicioso es prioritario a los interrogantes negativos planteados. Hay que cuidar los puestos de trabajos privados, no importa si es una pequeña o mediana empresa, también las que tienen una importante planta de personal. El principal objetivo es cuidarlas. Si se caen o quiebran, se destruye capital y trabajo. Las políticas públicas en esta materia son créditos blandos a mediano plazo (36 meses) y disminución de la presión fiscal. Las personas físicas que reciban subsidios personales de ANSES deberían cumplir tareas específicas para la comunidad, cuidado de personas de la tercera edad, que son las más vulnerables al COVID-19; aseo y desinfección de las calles de los pueblos y ciudades, entre otras. En pocas palabras: hay que fomentar la cultura del trabajo, y tendrían una remuneración los que presten alguna tarea o servicio comunitario.

Ha llegado el momento que la Policía pública, la que significa administrar el Estado en todos los órdenes y estamentos: salud, educación, cultura, Justicia, economía, finanzas, producción, servicios, etcétera, promueva un giro total. Será central buscar los mayores márgenes de consenso y respetar los disensos escuchándonos. El cambio y los ajustes deben ser compartidos por todos, sea de donde provengan: público y/o privado.

Sacrificio, transparencia y honestidad deben ser las premisas del momento, para buscar un futuro mejor.

R.A.Y.
DNI 6.650.375

 

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